El libro póstumo de Gustavo Rodríguez Ostria: “Villarroel, un anhelo truncado”

 El libro póstumo de Gustavo Rodríguez Ostria: “Villarroel, un anhelo truncado”

Libro de Gustavo Rodríguez Ostria

Por Maurice Cazorla Murillo

Hace pocos días tuvimos oportunidad de adquirir de la Biblioteca del Bicentenario un libro que buscamos mucho tiempo y por la pandemia no pudimos adquirirlo. A propósito, la Biblioteca tiene importantes volúmenes para el conocimiento y que en muchos casos eran ediciones agotadas y ahora se encuentran al alcance del público lector.

Tuvimos el grato placer de encontrar el libro escrito por el importante intelectual Gustavo Rodríguez Ostria: “Villarroel, un anhelo truncado”. Conversamos con el autor por otro tema en la gestión 2020 sobre la guerra del Pacífico. Lamentablemente poco tiempo después, nos dejaría en Lima aquejado de una enfermedad.

Ese mismo año, tuvimos algunas tertulias con Alfonso Bilbao y Gonzalo Calderón, y nos enteramos que precisamente Gustavo Rodríguez antes de fallecer había encargado a Alfonso la revisión de un borrador que seguramente había preparado anticipadamente y que sería oportuno publicarlo, era un libro sobre Villarroel. Confesamos, de quien escribe estas líneas, la alta expectativa por conocer el contenido. La espera tuvo su resultado, y Alfonso Bilbao le dedicó el prólogo y además corregir algunos aspectos del documento original.

Si bien el libro se presentó en diciembre de 2021, lo adquirimos recientemente e inmediatamente le dedicamos el tiempo a la lectura, terminando el mismo en tres días con intervalos por las obligaciones laborales y las actividades familiares.

Debemos mencionar, que con el libro viene un CD con importante información: un audio con el discurso de Gualberto Villarroel y además se escucha la voz de Franz Tamayo, que en 1944 ocupaba la presidencia del Congreso. Además, tiene tres archivos, uno de ellos con el discurso de Villarroel publicado en el periódico “El Diario” de La Paz, el anuario Legislativo de 1945 con importantes disposiciones promulgadas en su gobierno y las leyes sociales promulgadas por Villarroel en 1944. Importante recurso para la investigación.

El libro tiene 186 páginas escritas, en un lenguaje claro y conciso. El autor tuvo la virtud de atar muchos de los hitos históricos de ese periodo de manera clara y además colocar los efectos de aquellas disposiciones sociales cuyos hechos antes de 1949 fueron importantes destacar y que se opacaron con la historiografía de los movimientos de 1952.

Como bien lo dijimos, el borrador fue encargado a Alfonso Bilbao, y citamos del prólogo un párrafo importante: “…el autor del presente ensayo histórico, por derecho propio, ha pasado a formar parte de esa pléyade de nuevos historiadores e historiadoras, que, huyendo de los tradicionales y acartonados esquemas de relatos de episodios del pasado, aspiran a exponer los hechos mediante transcripciones novedosas; proponiendo nuevos desarrollos que suscitan un renovado interés y aportan esa extraordinaria vitalidad que nos demuestra, en buena medida, hasta que punto es necesari8a e inagotable la descripción de los mencionados hechos o episodios, en todos sus variados y múltiples aspectos…” Los llamados investigar la historia no solo están para contar memorísticamente los episodios de manera cronológica sino aportar con puntos de vista críticos y de análisis.

Esto es precisamente lo que hace el autor Gustavo Rodríguez Ostria, no se concentra en la cuna o en los aspectos cronológicos del periodo, sino que realiza un análisis del contexto desde la masacre de Catavi hasta los movimientos de la rebelión indígena de 1946 y 1947 escasamente estudiados.

De esta manera, entendemos desde otro punto de vista aquel periodo rescatando estos puntos, a juicio de quien escribe estas líneas:

Primero, el sindicalismo minero. El impulso para la creación de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia. Periodo complicado por la presencia de empresas mineras que condicionaban y presionaban a través del uso de la fuerza pública para el cumplimiento del trabajo en el interior mina, sin duda, fue la causa para los movimientos en los distritos mineros, aspectos poco conocidos, pero adecuadamente desarrollados por el autor y además haber adoptado la Tesis de “Puylacayo” que se redactó después de la muerte de Villarroel que tuvo un gran impacto en los siguientes años antes de la nacionalización de las minas. Como anécdota, la tesis fue redactada en Oruro en el barrio de la calle Ayacucho.

El mundo indígena y la rebelión de 1946 y 1947. Sin duda, el congreso indígena promovido en el gobierno de Gualberto Villarroel en mayo de 1945, fue otra de las medidas asumidas que generó un movimiento de reivindicación de derechos de los indígenas, lo que también desarrolló polémica por el temor que tenían los grandes propietarios de haciendas de quedarse sin su fuente de ingreso por el pongueaje. Evidentemente, los efectos se plasmaron en hechos violentos, especialmente en Ayopaya y en parte del departamento de La Paz luego de la muerte de Villarroel al ver que el gobierno que asumió no siguió con la línea de reivindicación.

Otro aspecto, abordado por el autor que de alguna manera pasó de manera muy superficial, es el reconocimiento al derecho al voto de las mujeres, si bien en ese periodo se limitó a elecciones municipales y solo podían votar aquellas con formación, es el antecedente al voto universal y a la presencia de las mujeres que otras naciones ya habían reconocido. Paradójicamente, fueron también las mujeres, pero de familias acomodadas quienes propiciarían un clima adverso al presidente Villarroel.

Por otro lado, el papel de la prensa, específicamente el periódico “Los Tiempos” de Cochabamba, cuya línea periodística era de crítica al régimen de Villarroel; tomemos en cuenta que este periódico se fundó el 16 de septiembre de 1943 por Demetrio Canelas que además había ejercido de director del periódico La Patria de Oruro y su hermano dirigiría el periódico “El Diario” de La Paz pese a la oposición del gobierno. La prensa con diarios de oposición como “La Razón” de propiedad de la empresa de Aramayo y “Ultima Hora” permitió generar un clima muy adverso al presidente Villarroel, exageraciones en las muertes y masacres en diferentes zonas de la ciudad. Sin embargo, quedaba en la memoria lo que había sucedido en Chuspipata y Challacollo, donde murieron importantes personajes, en el cual se clamaba identificar a los responsables envuelto en venganza; que, al decir de Lechín, citado en el libro: “los muertos esta vez no eran del lado de los pobres”.

El libro, consideramos un gran aporte a la historiografía de Villarroel, el análisis de contexto desde la masacre de Catavi, los avances en lo social y las consecuencias luego de su muerte, nos permiten ver de otra manera la historia de ese periodo, cuya consigna fue sacar del gobierno a Villarroel y al MNR.

Aún quedan algunas dudas: ¿Quién ordeno los fusilamientos de Chuspipata y Challacollo?, aparte del asesinato del Capitán Oblitas ¿que generó el asesinato de Eguino y Escobar cuando estaban en pleno proceso judicial? ¿Quién disparó contra Villarroel? (aun existen dos nombres que circulan). El libro no se centra en estos detalles, pero nos brinda importantes elementos para conocer seguramente a los responsables que en otro espacio podremos comentarlo.

Desde el punto de vista del autor de estas líneas, es un libro muy recomendable y más aun tratándose de un importante intelectual como fue don Gustavo Rodríguez Ostria que nos ayuda a comprender por qué Villarroel dijo: “no soy enemigo de los ricos, pero soy más amigo de los pobres”. Esto además es parte de su anhelo truncado.

 

 

 

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