Bolivia: el Cañón de Pilaya, el sexto más profundo del mundo, da otra oportunidad al cóndor y al oso andino
Los cóndores andinos vuelan libres en el Cañón del Pilaya, en el sur de Bolivia. Foto: cortesía The Pew para Mongabay Latam
Por Iván Paredes Tamayo Mongabay
Los cóndores andinos (Vultur gryphus) hacen un espectáculo en el cielo. Están en uno de los cañones más profundos del mundo. Se sostienen en el aire con sus alas extendidas sobrevolando la Reserva Ecoturística y Monumento Natural Cañón del Pilaya, en el departamento de Tarija, al sur de Bolivia. Allí, se aplica el modelo de conservación comunitaria, donde los pobladores desarrollan actividades de subsistencia y el turismo comunitario. Esta área protegida, que tiene una extensión de 26 000 hectáreas, también es el refugio de otras especies amenazadas, como el oso andino (Tremarctos ornatus), la taruca o venado andino (Hippocamelus antisensis) y la paraba de frente roja (Ara rubrogenys).
El Cañón del Pilaya es reconocido como el sexto cañón más profundo del mundo. La Gobernación de Tarija y el municipio de San Lorenzo realizaron las últimas mediciones, las que indican que este cañón tiene una profundidad de 3280 metros, lo que supera al famoso Gran Cañón del Colorado, en Estados Unidos. Esta característica lo convierte en un monumento geológico de valor excepcional para el patrimonio natural boliviano, según explicó a Mongabay Latam el director de la organización Naturaleza, Tierra y Vida (Nativa), Iván Arnold.
“La reserva Cañón del Pilaya protege parte de los pocos bosques secos tropicales que quedan en el mundo. Este ecosistema, que además cuenta con una verticalidad extrema, pasando rápidamente a un ambiente de puna en la parte alta, es estratégico para especies como el cóndor andino y el oso jukumari [oso andino]”, detalló Arnold.
El Cañón del Pilaya, en el sur de Bolivia, es considerado el sexto más profundo del mundo. Foto: cortesía The Pew para Mongabay Latam
El experto añadió que “el cañón del Pilaya se convierte en un área crítica y estratégica para la conservación de estas y otras especies que habitan el lugar. Además, al ser el sexto cañón más profundo del mundo, ofrece condiciones que pocos lugares en el planeta pueden igualar”.
La creación de esta área protegida municipal, que fue formalizada en julio de 2025, es un ejemplo de gobernanza local. Nació del impulso de las comunidades locales junto al Gobierno Municipal de San Lorenzo y el apoyo técnico de organizaciones como Nativa y The Pew Charitable Trusts. En la reserva hay 11 comunidades indígenas. Una de ellas es Yumasa, la más cercana al área protegida. “Aquí uno es feliz toda la vida. Los cóndores vienen a saludar a nuestros visitantes”, relató a Mongabay Latam Ademar Muñoz, comunero de esa zona.
Yumasa se encuentra en el municipio de San Lorenzo. Allí, se ubica la casa de Ademar. Él vive con su esposa, Eulalia Martínez. El comunero es parte del circuito turístico. Tiene caballos que son parte de su proyecto: llevan turistas al cañón del Pilaya. “En 2010 empezamos con el proyecto. Fue una lucha dura para que este lugar sea catalogado como una reserva natural”, dijo.
Ecoturismo local
Las familias de las comunidades cercanas al cañón del Pilaya viven de una economía reducida basada en la ganadería, especialmente de ganado menor como cabras y ovejas, y la agricultura intensiva, a pequeña escala. Estas prácticas tradicionales han permitido a las comunidades locales vivir en armonía con la naturaleza durante generaciones, desarrollando un conocimiento profundo y sostenible de su entorno.
María Castillo es una joven comunera de Yumasa. Ella conoce las rutas que llevan al cañón del Pilaya y se convierte de a poco en una guía para los turistas que llegan a la zona. “A los cóndores los podemos ver por las mañanas y las tardes, cuando regresan a sus nidos. Acá están volando siempre, pero más abajo están los osos jucumari, que no son malos con las personas”, relató María.
Los cóndores andinos son el principal atractivo turístico en la reserva del Cañón del Pilaya. Foto: cortesía The Pew para Mongabay Latam
La comunera añadió que a partir de que se declaró el lugar como un área turística existen más visitas de foráneos. “Todos los que llegan dicen que el lugar es hermoso. Todos quedan impactados con el vuelo de los cóndores, que están lo más cerca posible. Hay también oso hormiguero [vermilingua]”, detalló.
En Yumasa llaman al cóndor el “señor de las térmicas”. Para esta imponente ave, el cañón del Pilaya no es solo un lugar de paso, sino un santuario de anidación y refugio. Las paredes del cañón ofrecen grietas y repisas protegidas de depredadores terrestres y de la interferencia humana, lo que hace posible el anidamiento. Además, las variables térmicas – en zona baja el clima es cálido y en la parte alta, frío- genera corrientes de aire ascendentes constantes, lo que permite al cóndor despegar y planear con un gasto energético mínimo, algo vital para un ave de su envergadura.
Los pasos del oso andino
Mientras, para el oso andino, único oso de Sudamérica, esta reserva actúa como un corredor de vida esencial. Según Arnold, esta especie necesita desplazarse entre diferentes alturas según la disponibilidad de alimentos, como frutos, bromelias y corazones de palmera. “El cañón conecta los bosques nublados con los bosques de queñua y los páramos altos, permitiendo que el oso suba y baje de forma segura”, detalló el experto.
David Tecklin, director del programa de Conservación del Pantanal y Gran Chaco de Sudamérica de The Pew Charitable Trusts, explicó a Mongabay Latam que el cañón del Pilaya es una de las formaciones geológicas “más impresionantes y destacables”, no solo para Bolivia, sino a nivel global. El experto dijo que esta zona es un refugio de extraordinaria biodiversidad, debido a la concentración de múltiples ecosistemas altitudinales en un territorio relativamente pequeño.
Pilaya alberga a al menos siete ecosistemas, que van desde el páramo altoandino hasta el bosque chaqueño. “Este territorio forma parte de un corredor ecológico de escala transnacional, ya que el río Pilaya, que fluye en el fondo del cañón, alimenta al río Pilcomayo, un afluente clave que conecta a Bolivia, Argentina y Paraguay, y que constituye una de las principales fuentes de agua y vida para el Gran Chaco y para las personas que dependen de él”, resaltó Tecklin.
El experto acotó que la declaratoria oficial como reserva natural al cañón del Pilaya permitirá que este territorio se consolide como un refugio seguro para las especies amenazadas que habitan el área protegida. “A la protección natural provista por sus pendientes extremas y el manejo histórico de las comunidades, se suma ahora una capa adicional de protección legal”, dijo.
La reserva del Cañón del Pilaya tiene una extensión de 26 000 hectáreas y esa administrada por los comuneros. Foto: cortesía The Pew para Mongabay Latam
Para Teclkin, el objetivo es promover y apoyar prácticas sostenibles que respeten los ciclos naturales y la protección de las fuentes de agua, que son vitales para la vida silvestre. “Se prevé seguir fortaleciendo la conservación de la reserva mediante planes de manejo y estrategias de conservación que incorporen los conocimientos y saberes locales, de modo que cualquier mecanismo de financiamiento se aplique desde las propias comunidades, manteniendo el equilibrio ecológico existente”, adelantó.
Ademar se siente feliz porque por ahora el cañón del Pilaya está a salvo. Él recuerda que había la intención de construir una represa para generar energía eléctrica, lo que iba a cambiar el paisaje de esta zona. Él se refiere al megaproyecto hidroeléctrico El Carrizal, que fue aprobado en 2018 y que tiene un proceso de consulta avalado. Ahora, esa iniciativa está congelada. “Ojalá no se realice porque los osos andinos y el cóndor se nos irían a otros lados, los estaríamos expulsando de su casa”, dijo.


