Bolivia durante la Guerra del Chaco tenía seis pozos de petróleo y uno de gas

Bolivia durante la Guerra del Chaco tenía seis pozos de petróleo y uno de gas

Soldados bolivianos posan para la foto en el Regimiento Camacho de Oruro 

Por Marco A. Flores Nogales (*)

Cuando se inicia la guerra con el Paraguay en 1932, Bolivia tenía seis pozos de petróleo y uno de gas. En ese entonces los combatientes bolivianos ni se imaginaban lo que defenderían incluso hasta con la vida para las futuras generaciones, en especial para la actual, por la bonanza económica por el alto precio del gas que se vende a Brasil y Argentina.

Una investigación de los registros de la época dan cuenta que en 1914, Miguel Velasco construye una refinería casera que se alimenta de petróleo de la zona de Espejos en el departamento de Santa Cruz.

Posteriormente, en 1919, geólogos de la Standard Oil hacen exploración en los sectores de: Yaguaca, Serranía de Ollague, Sanandita, Parapetí, Choreti, Sararenda, Bermejo Sierra del Condado y la Sierra Deshecho Chico.

Tiempo después, en 1924, la Standard Oil descubre el Pozo Bermejo No. 2 que produce 2.000 BPD (Barriles de Petróleo Día). Dos años después, en 1926, la Estándar Oil descubre el primer pozo de gas Saipuru. El siguiente año, 1927, se descubre el pozo Camiri que produce petróleo.

Entre los 1926-1930 la Standard Oil descubre el campo que tiene los Pozos Sanandita 1, 2, 3 y 4.

En la actualidad Bolivia es un país con potencial gasífero y por ello aseguró el abastecimiento interno y puede exportar a países vecinos.

Torre petrolera en Camiri (1950)

Ahora, tal vez se pueda comprender que el sacrificio de miles de bolivianos no fue en vano. Bolivia les debe un eterno agradecimiento a nuestros padres y abuelos, y no deberían ser recordados sólo cada 14 de junio. Hoy en día, ya no quedan con vida los beneméritos.

Los testimonios de soldados bolivianos y paraguayos, no están reflejados a cabalidad en ningún libro de historia, escuchar de sus protagonistas, cómo fue la sed y cómo buscaron agua en aquellos recónditos lugares, el verdadero sentimiento que esos hombres sintieron, cómo sus corazones latieron más fuerte al saber que regresarían a casa con sus madres, esposas e hijos, es invalorable.

Pero tampoco se cuenta mucho, cómo surgió la tristeza, cuando sabían que debían dejar sepultados a muchos compañeros que pusieron el pecho a las balas enemigas antes que ser derrotados.

Sólo algunas cruces marcarían el lugar donde cayeron. Son sentimientos encontrados. Minutos antes del cese de hostilidades, esos valientes guerreros estaban dispuestos a todo por defender la Patria.

De aquellos ojos que todo el tiempo veían a la muerte, para esquivarla y seguir con vida, cual vertiente de los nevados, brotaron lágrimas de valentía que mojaron sus adolescentes rostros.

Los sobrevivientes, siempre recordarán las 12:00 horas de aquel 14 de junio de 1935; los cañones dejaron de rugir en el Chaco, los bolivianos salieron de sus trincheras y caminaron hacia el enemigo paraguayo, y ocurrió lo que nunca se pensaba que sucedería: Se abrazaron.

Es difícil reflejar, ¿qué sintieron esos dos hombres? Lo cierto es que ese acto sincero, fue el símbolo de dos naciones hermanas que nunca debieron enfrentarse en una guerra.

Mi entrañable amigo, benemérito Melquíades Jaimes Muriel, antes de morir me relató que el 14 de junio de 1935, estaba cubriendo el ala derecha de la primera línea de combate sobre la picada 27 de Noviembre. La orden que tenían era de cesar con el fuego a las 12:00 horas.

“Para quienes hemos estado ese día en primera línea era, como si la atmósfera chaqueña se impregnara de pólvora y el sonido del tableteo de las ametralladoras y rugir los cañones se escuchaban con mayor intensidad que nunca. De repente, un silencio aterrador se hizo presente entre nosotros, no se volvió a escuchar ni un sólo disparo, era la paz que llegaba temerosa a nosotros que vivimos todo ese tiempo con la única persona que nunca quiso marcharse de nuestro lado, «la muerte», fiel compañera en derrotas y victorias. La furia de la guerra había terminado de repente”, dijo Jaimes.

Benemérito Melquiades Jaimes Muriel (+)

 

PÉRDIDAS

Se cuantifican las pérdidas en territorio, pero pocos toman en cuenta cuántos soldados murieron. Los campos de batalla fueron regados con su sangre, para que germine un sentimiento de Paz. La mayoría de los bravos guerreros, no sabía cuál era el verdadero motivo para que tengan que tomar en sus manos un fusil y disparar a un “extraño” y cegar su vida.

Si los andenes de la estación del ferrocarril de Oruro pudieran reflejarnos, cuando aquellos hombres adultos y jóvenes se despedían de sus seres queridos antes de partir a la guerra, con seguridad las viejas paredes llorarían de emoción.

En castellano, quechua o aymara, se imploró por la vida de los valientes defensores de Bolivia. La víbora de metal partió silbando vapor, muchos soldados prometieron volver, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero otros guardaron las lágrimas para el “Infierno Verde”.

Las “madrianas” de guerra, que en su mayoría eran las novias de los jóvenes soldados, los despedían elevando plegarias para que regresen sanos y salvos. Algunos combatientes así lo hicieron, fueron momentos llenos de felicidad, pero muchos nunca más regresaron, no hay tumbas donde llorar y dejarles flores.

Cadetes militares del Batallón "Tres Pasos al Frente"

Ahora nos preguntamos: ¿Quién ganó la guerra? Creo que nadie, más al contrario, perdimos a los que más queríamos, y los que volvieron con vida perdieron parte de sus vidas. Bolivia y Paraguay perdieron parte de una generación de jóvenes valerosos.

Se cumplieron 88 años del cese de hostilidades. Ya no se realizaron actos de homenaje, como ocurría en años pasados. Ni los militares recordaron a sus camaradas caídos en combate y la sociedad civil tampoco a sus vecinos.

Miles de beneméritos murieron en el olvido y al parecer ese es su destino.

(*) Es periodista

 

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