Oruro, Bolivia. 14 de noviembre de 2018
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El Jukumari en el Carnaval de Oruro

Dos imponentes Jukumaris de la Diablada Ferroviaria en una demostración en la Avenida Cívica con su traje de color negro.

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date_range 19 de noviembre de 2017

El Jukumari u oso andino (también llamado oso de anteojos), es un plantígrado propio de las zonas andinas y vallunas de Bolivia (también se ubican en el Ecuador, Perú y norte argentino). La mayoría de los animales de esta especie son de color negro con manchas marrones en el hocico y en el pecho, aunque algunos; en menor cantidad; tienen la piel de un café oscuro.

El Diccionario de la lengua aymara de Ludovico Bertonio menciona dos etimologías: la palabra JUKUMARI, que significa oso y la palabra JUKU que significa búho. Los sabios aymaras dan validez de estos dos términos ya que hay un parecido entre el búho que tiene  ojos grandes con los ojos falsos (anteojos) que tiene el oso andino. También cabe mencionar que tanto búho como oso andino salen a capturar sus presas y alimentos de noche.

Pero más allá de la etimología del personaje, la síntesis del Oso Jukumari es que este peculiar animal es temido en las comunidades indígenas porque observa todo lo que puede robar, especialmente gallinas del corral y ciertas cosechas de la huerta.

A partir de esta peculiaridad nace el cuento (ch´unchu cuento) de aquellos padres protectores de sus jóvenes hijas cholitas que; estando ya en la adolescencia y queriendo conocer otros jovencillos; pretendían  salir a pasear por el campo a lo que el padre les decía: “no vas a salir, te va a parecer el jukumari y te va a llevar”. De ahí que los Jukumaris de la Diablada de Oruro, jalan  a bailar a las señoritas, sobre todo el domingo de corso y lunes de kacharpaya.

En torno a la figura del Jukumari se han desarrollado exquisitas leyendas andinas, pero la más significativa está la de aquella mujer raptada por el oso, que fue llevada a su guarida en las lejanías de un cerro, allí el Jukumari la atendía con comida y protección hasta que ambos tuvieron un hijo. La mujer al escapar de la cueva con el niño, trato de darle una vida “normal” como todos los infantes de la comunidad, pero a medida que el niño iba creciendo en su cuerpo aparecía un pelaje oscuro y espeso. Además el niño jugaba con mucha torpeza pues no controlaba su fuerza que era como la de un oso.

Antigua foto de un oso, elemento decorativo entre los conjuntos del Carnaval.


Hay  leyendas que  tienen finales diferentes, como las de los valles andinos que dicen que por tener  tanta fuerza el niño fue expulsado de la comunidad y se fue a vivir a los valles y montañas de donde busca también a alguna mujer abandonada e indefensa. O la de Soracachi, donde la mujer y el Jukumari no tuvieron un hijo sino dos y en vez de ser crueles son héroes por que salvaron a la población de un condenado que los atemorizaba desde el campanario (Según la investigación de Ana Isla Mamani)

Escudriñando las hojas de la historia del Carnaval, nos encontraremos con un personaje actualmente ignorado: el Anu t´ara (en aymara anu equivalente a perro y t´ara  o t´aura que significa lana, vello o pelo).

Los escritos de don Estanislao Aquino muestran a este personaje con una careta parecida al perro, lobo u oso, con colmillos amenazantes, de ojos pequeños y nariz chata y el cuerpo cubierto de hilachas ásperas en sucesivas hileras. Las hilachas se tejían  con lana negra de llama o de cordero

Y es evidente que el Anu t´ara no era parte del simbolismo de las danzas, era ajeno a los grupos folklóricos pues tenía un rol específico e ingresaba con tres grupos: La Diablada, la Morenada y los Incas. En algunas comunidades indígenas todavía existe el Anu T´ara perviviendo en las celebraciones de la Anata.

Ya a la mitad del siglo XX, el Anu t´ara es desplazado por el popular oso y será el único personaje “peludo” dentro de una sola agrupación, la Diablada.

El oso Jukumari que vive en las montañas andinas y vallunas.


Don Augusto Beltrán Heredia en su libro “Proceso Ideológico e Historia del Carnaval de Oruro” en 1962, ya menciona la participación de osos en las diferentes Diabladas e incluso menciona a “ositos” que son parte de la Entrada.

Por un buen tiempo se hizo popular la existencia de bloques (estamentos) de osos color blancos, vestidos con trajes de dos piezas (una chaqueta y pantalón) con caretas de ojalatas guantes y zapatillas blancas. En los años 90 una Diablada aceptó la existencia de osos de colores plomo, verde, y “rojos claro” lo que provocó el reclamo de los investigadores folklóricos y quedaron con los blancos, plomos y cafés, llamando a estos últimos Jukumaris en una “reposición” del personaje.

Desde el inicio el Anu T´ara y posteriormente el oso, tuvieron tareas muy claras en los diferentes conjuntos. En el caso del Anu t´ara ayudaba a abrir el paso de los conjuntos entre la gente, hacía sus picardías en el relato de la Diablada, como cargar al pecado de la pereza, quitar las monedas a la avaricia o los alimentos a la gula. En el caso de la Morenada, su tarea principal era la de ayudar en el ritual del “Pisa- Pisa” y en los Incas, formaba parte del ejército para luchar contra la corona española. Los osos, volvieron a retomar el papel del Anu T´ara pero sólo en la Diablada.

En la actualidad muchas Diabladas del Carnaval de Oruro han repuesto al personaje del Oso Jukumari tomando en cuenta que solo es un personaje decorativo (como su antecesor el Anu T´ara). Entre las que destacan están el bloque de Jukumaris de la Fraternidad Artística y Cultural la Diablada cuyos colores son café hechas de vicuña; y también están lo de “La Ferro”, cuyo característica única es de ser de color negro ( al típico estilo de los osos jukumaris de las montañas)

Los Jukumaris de estos bloques, llevan consigo una cuerda colgada en el cuerpo, con rusticas campanas que tañen en el ambiente a medida que están avanzando.  Esto se debe a que en las comunidades indígenas los comunarios se las ingeniaban creando una especie de alarmas con latas de leche unidas (dentro de las latas de leche en algunos casos solían poner piedras) y las amarraban con sogas o alambres y las ponías alrededor de la siembra o por donde el Jukumari tendría que caminar. Así cuando el oso caía en la trampa arrastraba las latas con su cuerpo y así se delataba frente al dueño de casa.

Jukumaris de la Fraternidad “La Diablada”



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