Oruro, Bolivia. 19 de mayo de 2019
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La leche de burra, una opción curativa

Vendedoras de la preciada “leche de burra” a tempranas horas de la mañana en las calles Av. 6 de agosto y calle Ayacucho

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Especial para EL FULGOR.com
location_city Oruro
date_range 05 de mayo de 2019

A partir de la intromisión española en América, la inclusión de animales y plantas ha generado grandes cambios en los saberes andinos y por ende al pensamiento y lógica sociocultural de este tiempo, sin embargo, esta intromisión de elementos europeos en vez de transformar radicalmente los modos de producción, han permitido el proceso de una hibridación de la realidad sociocultural.

Por ejemplo, el cóndor y el toro fueron resignificados en danzas tradicionales, la influencia del cordero y del chivo en la dieta, el burro como animal de carga que ocupa un espacio indiscutido en las culturas alto andinas de Oruro y Potosí.

El uso de los recursos y sus derivados que generan estos animales también han sido adecuados a la lógica andina y a su cosmovisión, por lo cual existen saberes ancestrales estudiada por la etnomedicina a la ingesta de determinadas partes de ciertos animales en la otorgación de poderes medicinales y simbólicos, así por ejemplo el  uso de los órganos reproductivos del toro como potenciador sexual y reconstituyente, en el caso similar se generan atribuciones simbólicas medicinales a la leche de burra.

Precisamente la leche ha conllevado dos connotaciones, una de uso medicinal y la otra de atribución alimenticia que ha generado discursos sociales desde los inicios de nuestra historia, que se tiene registrado desde “Ur en el 3100 a. C, con el testimonio de pinturas que reflejaban a unos hombres ordeñando vacas. Los sumerios y babilonios adoraban a una deidad vacuna y la cosmología egipcia representaba el firmamento bajo la apariencia de Hator o Het Heru, una vaca provista de pletóricas ubres… Hacia el año 2000 a.C. la civilizaciones marítimas Micénicas y de Creta utilizan la leche de vaca y de cabra; y en la Mitología Griega cuando Cronos intenta matar a Zeus, éste buscará refugio en una cueva cretense y en ella se fortaleció con leche y miel”.

En el caso del uso de la leche de burra se registra “Plinio veía como la leche rejuvenecía la piel de las damas romanas; en la Roma cesárea, Cleopatra, amante de Julio César y Marco Antonio, cuidaba su cuerpo con leche de burra; Augusta Sabina Popea, esposa de Nerón, se bañaba en leche de 500 burras… En tiempos de Tiberio, Marco Polo, al regreso de Oriente, subraya la importancia que estos pueblos daban a la leche, y nos hablan de las virtudes curativas de “kumis” (leche fermentada de yegua) de los tártaros”.

La historia nos demuestra cómo se fueron generando los atributos de la leche y sobre todo de la “leche de burra” como un uso de belleza y posteriormente curativa, que se fue asimilando al hecho “curativo” en la lógica popular, de acuerdo a la transmisión de los saberes locales, que se fundamentan en la experiencia de cada cultura.

En ese sentido la “leche de burra” se ha convertido en nuestro contexto orureño como un atributo medicinal oculto: tanto por sus consumidores y por su comercialización, cuya restricción para su consumo fueron expulsados de espacios comerciales o mercados principales a espacios reducidos y poco frecuentes que acuden determinados clientes definidos por su convencimiento de las cualidades de este producto.

Es así que en un pequeño perímetro del vasto mercado “Kantuta”, los días martes y viernes, y durante la semana en la Av. 6 de agosto y calle Ayacucho desde horas 07:00 hasta 10:00 am. se encuentran las señoras que expenden el preciado lácteo, al cual consideran que “es mejor consumir en ayunas” para que tenga efectividad contra el malestar que deviene las personas.

Esta leche que pertenece a un animal de carga-como es el burro- tiene un sin fin de beneficios, que así lo entienden los consumidores y  las vendedoras, atribuyéndoles con la sanación del: asma, la tos, tuberculosis, pulmonía, bronquitis, neumonía, anemia, mejora las defensas, regeneración muscular, revitalización de energías y por sobre todo a la tonificación corporal, lo que significa una mejor distribución y circulación de sangre, impidiendo espasmos, ataques, fallos cardiacos y otros; el precio de este alimento va acorde a las posibilidades de los consumidores desde Bs. 3 , 5 , 10.

La época de invierno es la mejor temporada para la venta de este mágico elixir, ya que coincide con el alumbramiento de los animales, también se ofrece a la venta también el charque de carne de burro que según las vendedoras es muy eficaz para tratar problemas de cáncer, reumatismo, para los pulmones y hasta para curar el sobreparto, mismo que debe ser consumido en sopas, su precio es de Bs. 10 al igual que la grasa de burro que se sugiere ser utilizada como fricción en los pulmones y donde se tenga dolor de huesos.

El significado cultural-simbólico que se le atribuye a la leche de burra por parte del vendedor y el consumidor son las propiedades curativas medicinales de dicho producto, arraigado a sus prácticas culturales de biomedicina y la etnomedicina que caracteriza a los círculos restrictivos, en la imaginería popular se le otorga a la leche de burra: poderes medicinales y simbólicos a la ingestión de este elemento, es por esta razón que muchas personas consumen de esta leche por los beneficios que les otorga así como señala la Sra. María, vendedora de este preciado alimento: “El burro es  animalito igual que la vaca  o la  oveja, pero esto es medicina, por lo que ha manejado Diosito al burrito será pues… porque más puede ser medicina? El burro no es sonso, en vano insultamos a la gente llamándoles “burros”, el burro se para y espera donde nosotros le digamos, ni la vaca ni la oveja hace eso, ellos entienden, saben por dónde irse también, son inteligentes”.

El uso tradicional de la leche de burra no tiene comprobación científica en Bolivia, sin embargo existen estudios que afirman su relación similar con la leche humana y sus propiedades que difieren de la leche de vaca, por ejemplo, su elevado contenido de ácidos grasos ?-3 que puede jugar un papel muy importante en el desarrollo neurofísico del recién nacido o como la lisozima, proteína conocida por su actividad antimicrobiana y especialmente abundante en la leche de burra, junto con otras proteínas presentes en la leche como inmunoglobulinas o la lactoferrina podrían jugar un papel clave en el tracto digestivo de los niños reduciendo la aparición de infecciones gastrointestinales. Lo que nos queda es considerarlo como un producto alterno y de mucha investigación para considerar a este noble animal como un regalo de la naturaleza.


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