Oruro, Bolivia. 18 de agosto de 2019
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Mujeres mineras entre el peligro de muerte y la necesidad de subsistir

El trabajo en la mina ayuda a las mujeres a subsistir así como criar y educar a sus hijos.

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Periodista | EL FULGOR.com
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location_city Oruro, Bolivia
date_range 28 de abril de 2019

Hace algunos años, era imposible pensar que las mujeres podrían ingresar a la mina, pues algunas creencias y posiciones machistas no lo permitían, sin embargo, la realidad de la mujer boliviana, hoy hace que muchas viudas y madres solteras, especialmente, vean en la minería una alternativa para subsistir junto a sus hijos.

Uno de los sectores laborales que alberga a estas mujeres de coraje es el cooperativista, que permite ahora que las damas ingresen a interior mina, para realizar uno de los trabajos más sacrificados y arriesgados.

Trabajan igual que los hombres, aunque no tienen la ropa de trabajo adecuada.


Esto se ahonda por las precarias condiciones en las que varones y mujeres ingresan a los oscuros socavones, sin mayor protección que un casco y con escasas herramientas para lograr conseguir la pesada carga con mineral, que si bien es menor a la que sacan los varones, debe ser llevada a cuestas, por los parajes hasta el exterior de la mina.

“En realidad es una pena contarle la historia de las compañeras, porque cuando trabajamos en interior mina, sufrimos porque es pesado, carecemos de herramientas, de implementos de trabajo, algunas somos padre y madre para nuestros hijos, y apenas sacamos para vivir el día, es realmente difícil”, comentó Cladis Bravo, representante nacional de las mujeres mineras de la Fencomin.

Deben pasar por estrechos pasajes arriesgando la vida.


Son diferentes las actividades que realizan las mineras, algunas trabajan en relave, otras en desmonte, algunas son barranquilleras, e incluso perforistas, pero todas tienen en común el constante riesgo de ser atrapadas por un derrumbe, o ser sepultadas por los desmontes.

Las que trabajan en las colas, recuperando el mineral deben soportar las inclemencias del tiempo, el sol, el viento y la lluvia, ellas no ingresan a la mina, pues en algunas cooperativas, aún prevalecen creencias que impiden el paso a las mujeres a interior mina, tal el caso de la cooperativa “Santa fe”.

En interior mina, catando la veta.

Un paraje en interior mina.

Además de no contar con la indumentaria adecuada para hacer frente a los riesgos dentro y fuera de la mina, como es el contacto con el agua ácida de copajira, gases tóxicos, derrumbes y otros, también deben lidiar con las paupérrimas condiciones de accesibilidad que tienen para ingresar, pues existen sectores tan estrechos, que deben hacérselo a rastras o bajar por escaleras improvisadas que no tienen ninguna seguridad, sorteando su vida.

“Sufren las compañeras, necesitan botas, cascos, overoles, los parajes no tienen seguridad, por ello acudiremos a diferentes instituciones para solicitar ayuda, y el trabajo de las mujeres mineras sea más llevadero”, expresó Macaria Alejandro, líder de las mujeres cooperativistas mineras del departamento de Oruro de la Fedecomin.

El ingreso al tope es altamente peligroso.


El trabajo es arduo, porque deben cumplir también con su rol de madres, por tanto su jornada inicia a las cuatro de la mañana, con la preparación de los alimentos que dejan para sus hijos.

Algunas horas más tarde, salen hacia el trabajo, para regresar a las cinco de la tarde, habiendo conseguido, en muchos casos, solo el sustento para el día.

“Es un sacrificio, dicen -los mineros tiene harta plata- pero no es así, no tenemos plata, no sellamos en interior mina es realmente sacrificado”, sostiene Bravo.

Explicó también que no igualan al varón en cuanto a la cantidad de carga mineral que sacan de la mina, pero aseguró que cumplen con las necesidades.

Escaleras improvisadas y sin seguridad.


Esta es la realidad de las mujeres mineras, en su mayoría, viudas o madres solas, con una carga familiar que les obliga a trabajar en las condiciones precarias que brindan las cooperativas mineras.

“Hoy hemos visto con pena el riesgo que corren nuestras compañeras, es peligroso, pueden quedar atrapadas con las piedras que se  derraman, hay muchas muertes, pero no tenemos otra alternativa, tenemos que sostener a nuestras familias”, sostuvo la dirigente nacional.

En el exterior sufren por las inclemencias del tiempo, frío,
 y lluvia.


A nivel departamental, son 182 mineras que están en los socavones, relaves, desmontes y otros, lidiando día a día con el peligro de muerte, y sabiendo que su salud también se va deteriorando, pues muchas ya sufren las consecuencias de las pesadas cargas que llevan a cuestas, tienen complicaciones en la matriz, pulmones e intensos dolores en todo el cuerpo, porque trabajan en medio de agua y mucha humedad.

Para conocer el contexto en el que se desarrolla este trabajo, las dirigentes mineras recorren todo el país, para luego elaborar proyectos que puedan ayudar a mejorar las condiciones de trabajo y de vida de las mujeres mineras, que si bien tienen todo el derecho de trabajar en este rubro, principalmente es la necesidad de subsistir que tienen junto a sus familias, que les obliga a correr riesgos y en muchos casos enfrentarse a la muerte.

Una mujer palliri en busca del codiciado mineral.

Dentro de la mina el peligro es constante.



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