Oruro, Bolivia. 18 de junio de 2019
  • close

El 12 de abril

3.3 millones de niños conmemoraron su día entre abusos, maltratos y abandono

Se calcula que cada día, 16 niños y adolescentes son violados por familiares o personas de su entorno. Solo cinco salen a la luz, el resto permanece invisible por la coacción que ejercen contra los menores

timerTiempo estimado de lectura: 12 minutos, 35 segundos

account_box


Periodista | EL FULGOR.com
email [email protected]
location_city La Paz, Bolivia
date_range 14 de abril de 2019

En Bolivia, cada vez son más frecuentes las noticias sobre violencia sexual, física  y psicológica contra niñas, niños y adolescentes. Diariamente 8 menores son víctimas de maltratos físicos en el seno familiar; 5 son violados, 2 son raptados y 1 es abandonado, así lo reporta la Dirección Nacional de Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia (FELV), aunque la Misión de Justicia en Bolivia estima que la violación bordea por los 16 casos diarios, sólo que el 70% no denuncia porque el agresor es un familiar.

Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE)  a 2019, establece que la población boliviana es de 11.307.000 habitantes, de los cuales el 29,8% tiene entre 0 y 14 años; es decir que, 3.369.486 son niños y adolescentes.

El 12 de abril, fecha dedicada a celebrar el Día del Niño Boliviano, una gran mayoría fue festejado con golosinas en los establecimientos educativos y otras iniciativas recreacionales promovidas por los gobiernos municipales, pero para miles de niños fue un día más de trabajo, y para otros  --que permanecen invisibles--  fue un día de dolor, miedo y desesperación por el abuso ejercido en el seno de su hogar o su entorno social.

Según el estudio “Cada niña y niño cuenta”, elaborado por la Universidad Católica Boliviana y Aldeas Infantiles SOS, aproximadamente 970.461 niños y adolescentes están en riesgo de perder la tutela de sus padres ( 1 de cada 3) por factores relacionados con la violencia (física, psicológica y sexual); el abandono parental, la imposibilidad económica de subsistencia y en otros casos, problemas de salud que merman la capacidad productiva de los padres, aunque destaca como un factor transversal a todos estos indicadores, el consumo excesivo de alcohol.

Entre los factores que inciden el desplazamiento de los menores, el estudio identifica  al estrés de los padres, por su incapacidad de autorealización personal y familiar, donde su capacidad de planificación se reduce a predecir lo que va suceder mañana y no así el siguiente año, estrés que se refleja en sus dificultades económicas para sustentar el hogar.

Actualmente 274 mil niños y adolescentes, en todo el país, han sido movilizados o localizados en hogares de otros familiares y con personas que no tienen vínculos consanguíneos; 30.000 niños viven en instituciones de acogida del Estado y de administración delegada (entidades religiosas, privadas u ONGs, cuyo financiamiento proviene de recursos propios y fuentes internacionales), y según estimaciones de la Defensoría del Pueblo, alrededor de 10.000 niños y adolescentes se encuentran viviendo en las calles, principalmente en el eje troncal Santa Cruz, La Paz y Cochabamba.

“Las cifras son muchas veces tan frías que no alcanzan a expresar en toda su magnitud este drama lacerante que lastima de manera tan dura nuestra naturaleza como sociedad”, lamentó el 2015 el entonces  Defensor del Pueblo, Rolando Villena, a tiempo de reflejar además que 1.400 menores viven en cárceles acompañando a sus padres, todos ellos en grave riesgo de sufrir violencia y explotación.

En un mundo extremadamente violento, la peor parte recae sobre las niñas, los abusos empiezan en el lugar más seguro del mundo, su hogar

UNA BOMBA DE TIEMPO, LOS SITIOS MAS SEGUROS

El seno del hogar, que debería ser el lugar más seguro del mundo para el desarrollo psicosocial del niño y adolescente, porque es el único espacio en que las personas son aceptadas tal como son, es el sitio más peligroso para uno de cada tres niños y adolescentes del país

En el hogar se violan los derechos de los niños y adolescentes con golpes, insultos, gritos, amenazas, castigos corporales y tratos humillantes que son utilizados por los progenitores o tutores como métodos correctivos y en otros debido a la falta de recursos económicos para el sostén de la familia, miles son empujados diariamente a las calles en busca de sustento, donde también son objeto de una serie de mecanismos de explotación y violencia.

Los progenitores se constituyen en los principales agresores, sumando un 77%, ya que en 44.7% de casos el agresor es el padre del menor, en 32.9 % lo es la madre y en 2% el padrastro. Resulta alarmante que aproximadamente tres de cada cuatro niños que sufren abusos, reciban estos malos tratos precisamente de las personas que debieran proporcionarle un hogar seguro y ser sus principales modelos a imitar.

También se verificó que tíos y tías son responsables del 4.8 % de los abusos, en tanto que los abuelos lo son en un 3.3 % y los hermanos en un 1.8 %.

Pero la escuela no está exenta de violencia, según los reportes de la Defensoría del Pueblo, de cada 10 estudiantes 7 fue víctima de algún tipo de violencia física, psicológica y sexual durante su permanencia en el sistema escolar. El principal agente de violencia es el estudiante varón, seguido por el maestro varón, el padre de familia, el director, el regente y el portero. Las víctimas mayoritariamente son las mujeres.

El principal agente de violencia es el estudiante varón, luego el maestro varón, el padre de familia, el director, el regente y el portero. Las víctimas son las mujeres

VIOLENCIA SEXUAL TODAVIA ES INVISBLE

Una de las formas más crueles y más frecuentes de violencia contra las niñas y los niños en Bolivia es la violencia sexual. De acuerdo a datos de la Misión Justicia en Bolivia, cada día 16 niñas o niños sufren vejámenes sexuales, sólo en cinco casos estas agresiones se denuncian porque en muchos casos el agresor es un familiar o del entorno social del hogar y sólo el 0,2% de las victimas reciben terapia especializada y apoyo psicológico.

Muchas de estas violaciones derivan en embarazos infantiles, según la responsable del área del  área de Atención Continua del Ministerio de Salud, Mariana Ramírez, al destacar que sólo de enero a julio de 2017 se registraron 2.500 niñas entre  10 a 12 años de edad que están embarazadas. Según estas cifras, cada día -en promedio- 12 niñas quedan embarazadas.  

Según el reporte de la Defensoría del Pueblo, el 75% de las agresiones sexuales ocurren dentro del hogar o la escuela; mientras que el 60% por ciento de los sospechosos de violaciones son delincuentes reincidentes. Sólo el 0,5% de las denuncias llega a una sentencia, el resto de los casos no avanza por falta de dinero, tiempo o porque la familia es amedrentada.

NO PARAN LOS INFANTICIDIOS

Probablemente uno de los extremos de la violencia se presenta en los casos de asesinatos de niños y niñas por los grados de crueldad con que se cometen. En la gestión 2018 se registraron 58 infanticidios en Bolivia. El 75% de los casos se presentaron en Cochabamba y La Paz. En las últimas semanas conmocionó  el asesinato de dos niños menores de tres años en manos de sus propios padres.

"Es triste cuando (la violencia) se vuelve pan de cada día porque ya no nos sorprende y eso es peligroso porque se vuelve parte de nuestras vidas y se desvaloriza los valores humanos de las personas”, señaló el secretario ejecutivo de la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB), monseñor Aurelio Pesoa.

El religioso remarcó que no sirve de nada que las personas se "rasguen las vestiduras” al escuchar y observar noticias con casos de infanticidios, matanzas u otro tipo de hechos delictivos que afectan a la sociedad, cuando de lo que se trata es de cultivar y aplicar los valores humanos para construir un país mejor.

En el hogar se violan los derechos de los niños y adolescentes con golpes, insultos, gritos, amenazas, castigos corporales y tratos humillantes que son utilizados por los progenitores o tutores como métodos correctivos.

SIN POLÍTICA NI HORIZONTE

Si bien, los bolivianos repetimos como consigna que  los niños son el ”futuro” poco o casi nada hacemos por protegerlos y brindarles condiciones dignas de un ser humano. La dejadez de la sociedad, nace en las instituciones y las autoridades del Estado, que asignan menos del 0,2% de los presupuestos municipales y regionales para programas generacionales, la mayoría de los recursos asignados se van a los hogares transitorios para sustentar sus gastos de alimentación, que con muchas privaciones apenas cubren la alimentación de los menores.

La instancia del Ejecutivo llamada por ley para velar por los derechos de los niños y adolescentes no cuenta con una política pública de prevención de la violencia en los hogares, en establecimientos educativos ni espacios públicos, pese a haber sido promulgado el Código Niño, Niña y Adolescente el año 2014, aún no se ha bajado a las instancias municipales los protocolos de actuación de los Servicios Integrales Municipales (SLIM)

En los últimos tiempos hemos visto al titular del Ministerio de Justicia, anuncios de constituirse en querellante para asegurarse de sanciones enérgicas contra padres violentos, pero no dice nada del Código Niña, Niño y Adolescente que establece como principio fundamental la reintegración de la familia, mediante acciones multidisciplinarias de apoyo a la familia que no se cumplen.

En días previos a la conmemoración del Día del Niño, la  delegada de la Defensoría de Pueblo de La Paz, Teresa Zubieta, lanzó el ingenioso anuncio de conformar una Red Interinstitucional en favor de los niños que viven en la calle.  La misma   estaría conformada por diferentes autoridades locales,  como la Alcaldía, el Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges), la Defensoría del Pueblo y otras dos organizaciones. El objetivo de la iniciativa es crear  políticas para  ayudar a los pequeños a reintegrarse a sus hogares o buscarles hogares extendidos.

Es por demás preocupante el desconocimiento de la Defensoría del Pueblo sobre  su propio rol en defensa de la Niñez y Adolescencia, según el Código Niña, Niño y Adolescente, la defensoría tiene un representante en los  Servicios de atención Integral Municipal (SLIM) cuya principal función es velar por la reinserción familiar, pero en lugar de actuar conforme sus competencias solo se encarga de establecer la sanción y condena, a los padres agresores pero no hay acciones de reintegración y mucho menor de prevención de la violencia.

Además en el estudio de la Universidad Católica Boliviana  se ha podido identificar que una de las mayores trabas para ejecutar los programas de reintegración familiar  y restitución de los derechos de los niños y adolescentes institucionalizados son las defensorías de la niñez y adolescencia, debido a la inestabilidad laboral y falta de competencia profesional de sus servidores.

Fuera de que está mal remunerados, no acceden a los beneficios sociales que corresponden a trabajadores de planta porque las contrataciones se realizan bajo la figura de consultorías en línea, sin cumplir procesos de selección ni experiencia, lo que reduce la calidad del servicio y de la atención individualizada, ya que permanentemente son cambiados a la conclusión de cada contrato, lo que impide dar continuidad y seguimiento a la situación de los niños y adolescentes.

Cada dia, dos niños son abandonados a su suerte, la mayoría neonatos que son dejados en los basurales envueltos en bolsas nylon negras

UN PROBLEMA GLOBAL

Los informes de infanticidio, castigos crueles y humillantes, trato negligente y abandono, abuso sexual y otras formas de violencia contra los niños y niñas existen desde la época de las antiguas civilizaciones. Recientemente, la documentación de la magnitud e impacto de la violencia contra los niños muestra con claridad que es un problema global sustantivo y grave.

Tiene lugar en todos los países del mundo, en una variedad de formas y entornos y a menudo está profundamente arraigada en prácticas culturales, económicas y sociales.

Se estima que en el mundo hay alrededor de 120 millones de niños viviendo en la calle (30 millones en África, 30 millones en Asia y 60 millones en América del Sur). Además, estos niños son a menudo víctimas de todo tipo de abusos.

Vistos como marginales, los jóvenes de la calle son, con frecuencia, víctimas de discriminación. Generalmente, los adultos tienen prejuicios que los estigmatizan y, en consecuencia, muchas veces se les asocia con los peligros de las calles. A menudo para estos niños es difícil reintegrarse a la sociedad.

EMERGENCIA REAL

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef por sus siglas en inglés) señala  que los gobiernos necesitan aceptar que esto es una emergencia  real, aunque no es una emergencia nueva. Durante siglos los niños y niñas han sufrido violencia a manos de los adultos sin que fuera vista ni oída. Pero ahora que la escala e impacto de la violencia contra los niños y niñas se está haciendo visible, no se les puede hacer esperar más por la protección efectiva a la que tienen derecho de manera incondicional.

En la gestión 2018, se registraron 58 infanticidios, los victimarios fueron los propios progenitores

LA VIOLENCIA ES PREVENIBLE

“La violencia no es inevitable. Es posible interrumpir el ciclo de violencia contra los niños, y todos tenemos la obligación de pasar de inmediato a la acción, por razones morales y de defensa de los derechos humanos. Podemos prevenir la violencia y debemos hacerlo a partir de hoy mismo”, destaca el informe de UNICEF.

Señala que es necesario cambiar nuestra cultura de la violencia, por una cultura del cuidado, buen trato y el respeto en el espacio familiar.

Es importante escuchar al niño cuando toma la palabra, ya que en su descripción radica la más importante, poderosa y, en muchas ocasiones, la única evidencia del abuso cometido en su contra. Por ese motivo, es imprescindible prestarles atención, privacidad y escucharlos sin juzgarlos.

“Entre las claves para favorecer que los niños tengan unas relaciones óptimas con los demás está inculcar adecuados modelos de referencia y una educación desde la más temprana infancia en el entorno familiar, social y escolar.

Es fundamental transmitir que la comunicación y el diálogo es la vía para solventar discrepancias y no la agresividad ni el insulto. Ser amables, tolerantes y respetuosos con los demás no debe ser la excepción, sino la regla”, recomienda por su parte la psicóloga, Gemma Del Val Peralta, en Guía Infantil.com


Página vista 306 veces








ElFulgor.com © 2016-2018 Oruro, Bolivia