Oruro, Bolivia. 23 de agosto de 2019
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Teodoro Quía Funes: Una Melodía en las calles de Oruro

Teodoro Quía Funes

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Especial para EL FULGOR.com
location_city Oruro
date_range 14 de abril de 2019

La música es tan antigua como los albores de la humanidad, el hombre primitivo encontraba la música en la naturaleza y en su propia voz valiéndose de objetos rudimentarios como troncos, cañas y huesos para producir nuevos sonidos; en el siglo IV a.C., el músico comenzó a considerarse a sí mismo más como ejecutante que como autor: el resultado fue el nacimiento del virtuosismo y el culto al aplauso.

Más adelante, la música se había convertido en mero entretenimiento, por lo que el músico perdió mucho de su nivel social, la enseñanza musical produjo un gran descenso en las escuelas, los griegos y romanos de las clases elevadas consideraban degradante tocar un instrumento.

La cultura Tiahuanacota tenía un amplio conocimiento en la ejecución de instrumentos de viento y percusión donde la música tenía triple función: moralizadora, religiosa y social. Los Incas por su parte creaban su música agrícola de tipo evocativa y ritual con profunda tonalidad expresiva; y su música sentimental transmitía pasajes de lamento y penas, entre sus instrumentos se pueden constatar los de viento hechos de piedra, tibias humanas, madera, cobre, y cañas, con los que se fabricaban una serie de flautas de diversos tamaños, predominaban los de percusión o menbrafonos hechos con parches de cuero estirado sobre un tronco o marco que servía como caja de resonancia.

Durante la época colonial y con la llegada de los españoles se introdujo los primeros instrumentos musicales como: las trompetas, flautas y tambores. Los núcleos religiosos se dedicaron a impartir la enseñanza de la música culta y religiosa (Franciscanos, Dominicos, Jesuitas etc.) mismos que en el afán de evangelizar llegaron  a las comarcas de toda la Audiencia de Charcas, capacitándolos en el manejo de instrumentos musicales.

En la década de los 60 la ciudad de Oruro fue semillero de grandes artistas que se presentaban y promocionaban en las radios de aquella época: Radio Mercurio, Radio Tupac Katari, Radio San José, Radio El Cóndor, Radio Oruro y Radio Emisoras Bolivia entre otras fueron las que por aquel entonces acogieron a solistas como el Señor Teodoro Quía Funes: que hoy en día a sus 76  años de edad sigue deleitando con su melodiosa voz, en un escenario amplio como en aquella época dorada de la música de la década de los 60’.

Un escenario donde aún se escucha aquellos boleros, valses, polcas y taquiraris entre otros, un concierto de todos los días que sacan un suspiro a quienes transitan por las calles Bolívar entre La Plata y Adolfo Mier, con interpretaciones que retrotraen por minutos a décadas pasadas. El Señor Teodoro Quia es una página más de la historia de nuestras calles de Oruro, que fue olvidando nuestra sociedad, pero que se encuentra presente jornada tras jornada deleitándonos con sus melodías: “Yo soy un viejo cantor de los años 55, yo hago la música de antes aún tengo público que quiere esa música, yo con eso mantengo a mi familia por eso alguna vez les dije: prefiero ser limosnero pero nunca ratero…

Muchos lo recuerdan como “el Cantor del Pueblo” y durante años las calles se convirtieron en su escenario y su fuente laboral: “Siempre he sido solista, he  acompañado a los Ases Andinos que ya han pasado a la historia, trabajé con Don Pacífico Aliaga que ya falleció, Raúl Alba también que ya falleció, después el pianista Julio Rodríguez Berrio que era en ese entonces, he tenido gracias a Dios una relación bastante buena porque aquí llegaban artistas del exterior: Leonardo Favio, Los Doltons, los Cuatro de Córdova, los de Salta, todos han venido y trabajé con ellos… he tenido la gran satisfacción de haberlos conocido a todos estos artistas, como dicen: recordar es vivir, yo los recuerdo con mucho cariño”.

Pese a las inclemencias del tiempo y a su discapacidad visual Don Teodoro se aposenta en las puertas de la Cooperativa de Telecomunicaciones Oruro Ltda. para poder llevar el pan del día a su hogar: “este es mi lugar, gracias a Dios todavía estoy acogido y trabajo todo el día porque con este trabajo mantengo a mi familia, gracias a Dios a mis hijos no les hago faltar nada por eso me da rabia que hay gente que a sus wawitas les hacen llorar, para que uno trabaja si no es para no hacer llorar a nuestros hijos, para que mis hijos no lloren yo trabajo de lo que sea… pero trabajo, el trabajo no avergüenza a nadie”.

Una melodía más que nos trae las calles de Oruro, una melodía que inscribe su nombre en nuestra historia y de nuestros espacios donde transitamos sin detenernos a conocer  y valorar a nuestros tesoros vivientes.


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