Oruro, Bolivia. 18 de junio de 2019
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Duermen cuidando la dinamita y los insumos de los cooperativistas a cambio de casi nada

Guarda bocaminas: un oficio para llorar

En el Cerro Rico de Potosí una casita de la guarda bocamina reguarda el ingreso a la mina.

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Periodista | EL FULGOR.com
location_city La Paz, Bolivia
date_range 07 de abril de 2019

Este oficio nació en 1985, junto con las cooperativas mineras, después que los precios internacionales de los minerales se desplomaron y provocó el cierre de las minas de Comibol y las minas en explotación fueran transferidas en concesión a los Cooperativistas Mineros. Ellos empezaron a contratar mujeres para cuidar la boca de la minas por 24/7 a cambio de pagos miserables. No contratan hombres porque son borrachos, irresponsables y mujeriegos. Cientos de mujeres en el Cerro Rico de Potosí, ejercen este oficio con sus hijas sometidas al acoso, el maltrato y una infortunada vida porque son viudas o madres solteras  con hijas que son sometidas a reproducir su modelo de vida.

Viven en la miseria, en las alturas de los orificios para ingresar a las minas,  su casa está construida de piedra, con callapos de madera, teja o calamina y cueros de oveja  que sirven de cama, son las guarda bocamina, mujeres  cuidadoras de las minas, un oficio que nació después de  la gran relocalización de 1985 y junto con las cooperativas mineras.

Es  un oficio para llorar, miserable,  la mayoría son palliris que trabajaban con el combo en la mano golpeando la piedra hasta hacerla polvo y que salga el mineral de estaño. Pero, en 1985 la caída internacional de los precios de los minerales provocó el cierre de las minas de propiedad de la Corporación Minera de Bolivia –Comibol– y 25.000 mineros fueron relocalizados, despedidos con indemnizaciones que estaban por los $us20.000 promedio, lo que posibilitó que se adjudiquen las minas en producción y formen cooperativas mineras. Pero, necesitaban personas para que les cuiden las boca minas y no ingresen los “jucus”, (ladrones de mineral), entonces aparecieron las guarda bocamina.

Las guardas bocaminas, desde un principio eran mujeres, pues se demandaba 24/7 de trabajo y mucha responsabilidad. “El minero por lo general toma alcohol, se duerme y es mujeriego por eso no quieren contratar hombres para cuidar las bocas de las minas”, dice en quechua Ana NN. que esconde su cabeza en su manta y elude la foto y dar su apellido, pero ella trabaja ahí en lo alto del Cerro Potosí, con sus manos callosas de tanto golpear la piedra, su rostro quemado por el  sol y su ropa impregnada por el polvo y seguro con sus pulmones llenos de copajira.

Sumidas en la pobreza, como Ana, aproximadamente otras 100 mujeres realizan el mismo trabajo con contratos verbales que se renuevan cuando “le da la gana al patrón” y un salario de Bs 1.000 a Bs1.500 sin derecho a salud, aguinaldo, indemnización y menos a quejarse, porque pueden ser echadas ese mismo día. Ahí, no hay la nueva Constitución, ni la nueva ley minera; en la mina rige la ley del “diablo”, bromea Ana, con una sonrisa que muestra su dentadura deteriorada y verde por el acullico de coca y porque nunca conoció al médico y, menos dentista porque  cuando se enferma se sana “comiendo polvo”, dice, mientras a uno le gana la impotencia.

Empleo de la minería en Bolivia (2015)


Desde el año 2000 hasta la fecha, se han publicado varios estudios sobre la “miserable” vida de las guarda bocaminas y se ha denunciado para que el Estado las mire, pero no hay resultado. El año 2008 Solidaridad Musol para la mujer publicó uno de los estudios más completos sobre esta problemática, sus resultados se plasmaron en el libro: Las guardianas del Cerro Rico de Potosí, estudio socioeconómico de las condiciones de vida y trabajo de las autoras Hanes Ganahl, Brigitte Wurzenrainer, María Lourdes Ramos Mamani y María del Carmen Segovía López;  el Defensor del Pueblo de Potosí entregó el año 2014 un informe que enumera la violación de derechos laborales,  mientras que este año (2019) la Fundación Jubileo dependiente de la Iglesia Católica presentó en su publicación  Debate Político No.72 , el título: Mujer  Minera en el Cerro Rico de Potosí  que comparados con los  datos de los otro estudios no se tienen muchos cambios sobre esta problemática que aún se vive en el país.

La minería en Bolivia al igual que los hidrocarburos, siguen siendo las únicas opciones económicas para quienes gobiernan y el Cerro Rico de Potosí, como fue para los españoles hoy, sigue siendo la esperanza de riqueza para muchos cooperativistas, pero, la realidad muestra que es un centro de explotación y pobreza para miles: los hombres lo poco que ganan lo gastan en el alcohol, en la bonanza abandonan a  su mujer e hijos, no invierten en educación prefieren lo suntuoso y optan por mujeres metidas en las prostitución, justifican sus actos por el mal de mina; las mujeres trabajan en duros oficios palliris, picha, paleo o  guarda de bocamina y estos, miserable trabajos le heredan por lo general a sus hijas.

“Yo busqué emplearme como guarda bocamina. Sólo así podía contar con una vivienda y un salario” dice Ana al contar que así logró tener en lo alto del cerro una casucha construida de piedra, calamina  y callapos, donde vive con sus dos hijas, dos ya trabajan en la mina y viven solos, ella está entre el promedio de edad que es de  41 a 50 años.

El trabajo de las guarda bocaminas empieza a las 5:00 de la madrugada cundo llegan los mineros y recogen el material de trabajo botas, mechas de dinamita, dinamita y por la tarde  a horas 18:00 porque los mineros dejan la mina y depositan las herramientas y botas y a esa hora empieza otra vez el trabajo de las mujeres pues deben cuidar toda la noche los materiales, insumos y vigilar que nadie ingrese a la mina, ella debe soportar el frío que a veces baja hasta 20 grados bajo cero y la lluvia, que logra bajar el polvo de la tierra que producen los vientos helados del altiplano. Si algo se pierde ellas deben pagar de su salario, muchas son maltratadas por los capataces, sin embargo, las con más experiencia han logrado frenar el maltrato.

Una pequeña cocina armada fuera de la casucha con calaminas, hace de cocina, en el suelo está un fogón armado de piedra y barro que por lo general se enciende con la paja brava que crece en la zona, pues agua potable no conocen porque la consumen del pozo y menos luz, pues al cerro sólo suben los mineros para entrar por las bocaminas y caminar cientos de metros y bajar por las jaulas también cientos de metros.

Ana NN baja de las alturas del Cerro Rico de Potosí, con rocas para golpear.

Las guarda bocaminas, para ganarse alguito más, también trabajan como palliris otro oficio duro,  pues consiste en golpear la piedra residual  de las colas y desmontes (deshechos de piedras) hasta volverlo polvo para extraer el mineral generalmente estaño, pues, al mes esperan sacar un saco que les puede dar entre  Bs1.000 y Bs2.000 lo que les dará unos meses más dignos que tiene con  su miserable salario.

El año 2018, la periodista de Potosí, Jackeline Rojas Heredia, denunció que la mayoría de los contratos de trabajo no se hacen con los dueños de la  cooperativas mineras y las “guarda bocamina”, sino con subcontratista quienes optan  por  compromisos verbales y muchas son objeto de violencia cuando denuncian que no se cumpla la ley o hay explotación.

Rojas dijo que los propietarios de las acciones de las cooperativas mineras hay varios asociados con empresas Chinas, por lo general eluden responsabilidades sobre el incumplimiento de las normas legales, pues alegan que en la mina las “guarda bocamina” no son contratadas por ellos, sino subcontratadas por quienes trabajan con contratos de primera mano o puede ser  segunda mano, vale decir terciadores, una figura ilegal no aceptada en el país.

El contrato de primera mano es el que hacen los accionistas de la cooperativa a un tercero y de segunda mano cuando este tercero “ayudante”, contrata a un cuarto vale decir  el ayudante del ayudante que contrata a los peones, los de rango más bajo encargados de picar el metal al interior mina, jóvenes, adolescentes y en algunos casos niños y, a las mujeres guarda bocamina.

Rojas, dice que como el oficio de guarda bocamina es de subsistencia, porque, según el estudio Musol y de la Defensoría del Pueblo de Potosí, el 56% de las guarda bocamina, son mujeres madres solteras, viudas con hijas, por tanto, para sobrevivir en el mismo cerro deben recurrir a ser palliris, vender comida y cerveza, actividades en la que también se involucran sus hijas niñas o adolescentes.

Las hijas mujeres repiten los patrones de pobreza de su madre, pues como viven permanentemente acosadas por los peones, se convierten en madres solteras. Las estadísticas en Bolivia dicen que en las mina de Potosí y Oruro, Huanuni, la prevalencia de madres adolescentes es del 80%, en el cerro Rico las mujeres tienen a los 14 años su primer hijo y siempre son madres solteras, dispuestas a criar a sus hijos como a ellas las criaron, en la miseria.

Regalías mineras que aportan los cooperativistas


Según las estadísticas el 60% de las mujeres en el oficio de guarda bocamina concluyó el 1º. y 2º grado de primaria por lo que sabe leer y escribir  y 30% fue a los primeros años de secundaría pero ha perdido lo aprendido en el oficio y el 10% no tiene ningún grado de instrucción.

Por su parte el estudio del Defensor del Pueblo en Potosí realizado en cuatro zonas mineras: La Plata, Robertito, Caracoles y Pailaviri estableció que hay 170 bocaminas de propiedad de las cooperativas mineras, todas tienen guarda bocamina donde viven en total  280 personas 135 son mujeres-madres y el resto son niños, niñas y adolescentes.

Con cifras del Ministerio de Minería, la Fundación Jubileo en su publicación señala que desde el año 2007 hasta el año 2015 las cooperativas mineras han crecido en 110% en contrato de personal, donde no figuran las guarda bocamina. El 2007 las cooperativas empleaban a 58.000 personas, el 2009 subió a 73.000, el año 2011 eran 98.000 el año 2014 el número de empleo llegó a 115.813 y el año 2015 el total es de 121.360 empleos, mientras que el sector estatal no llega ni a 10.000 personas el año 2015, la minería mediana emplea a 5.000 personas y la minería chica alcanza a 2000, habiendo llegado el año 2015 el empleo en la minería en el país a 136.000 personas, con gran predominio de la minería cooperativa.

Pese que el sector cooperativo es el más grande en el país en áreas de explotación,  trabajadores y producción esto no se refleja en el pago de regalías mineras ya que se ha convertido en el penúltimo en aportar después del Estado y está lejos de los pagos que realiza la minería privada –mediana, grande y chica-. Según el Ministerio de Minería el año 2016 las regalías mineras fueron de 134.522.649 dólares, de este monto la minería privada aportó $us104,6 millones, la minería estatal (Comibol) $us. 9,9 millones y la minera  cooperativa $us19,9 millones.

Las cooperativas mineras hoy asociadas a empresas chinas -Sumitomo, Kores, Citic Guoang, etc.- como se han convertido en lo que en la colonia eran los Españoles, son los nuevos patrones de la minería, son los depredadores más voraces de los suelos y la contaminación y  vienen reemplazando a los españoles en la explotación laboral de mujeres, allí están las guarda boca  mina, mujeres con un empleo miserable y una vida que da ganas de llorar.


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