Oruro, Bolivia. 18 de agosto de 2019
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EDITORIAL

El transporte y sus deficiencias

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EL FULGOR.com
REDACCIÓN
date_range 31 de marzo de 2019

Para nadie es novedad que el transporte tanto urbano como interdepartamental en Oruro, tiene serias deficiencias que ninguna autoridad ha sido capaz de enfrentar dejando a los usuarios indefensos y a merced del mal servicio.

Luego de varios años de construcción y tras superar problemas creados por quienes, por razones políticas, se oponían a su inauguración, la nueva terminal de ómnibus de Oruro entró en funcionamiento.

Una moderna infraestructura que a un costo de 12 millones de dólares la iniciativa privada puso al servicio de Oruro mejorando la imagen de la ciudad y brindando mayor comodidad a los usuarios.

Sin embargo, pese a contar con una terminal moderna, muy pronto, las empresas de transporte, como los mismos ocasionales pasajeros, se encargaron de convertir la misma en un desastre.

No hay orden, las flotas salen de la terminal y se estacionan en las calles aledañas, ofreciendo pasajes rebajados, de nada sirve haber comprado el boleto dentro de la terminal, esperar que el vehículo salga con la esperanza de emprender el viaje a hora.

A diferencia de otras terminales las empresas continúan vendiendo boletos a mano, a excepción de una o dos que utilizan el sistema computarizado.

Las vendedoras ambulantes instalaron sus puestos en los alrededores provocando mayor desorden, en suma la nueva terminal es en estos momentos un verdadero caos y lo malo es que los usuarios lo toleramos.


Luego de la inauguración de la nueva terminal el transporte de vagonetas conocidas como surubíes, se trasladó a la terminal antigua Hernando Siles.

En principio fue un buen servicio, cada vehículo llevaba siete pasajeros, dos asientos de tres pasajeros y uno al lado del conductor.

La alegría duró muy poco ya que los conductores adaptaron el asiento delantero con frazadas o cojines y comenzaron a vender el asiento central.

Esta adaptación, elimina el freno de mano del vehículo que en caso de una emergencia no podrá ser utilizado, los policías de tránsito que son testigos de esta falta, no dicen nada.

Además impide que el conductor tenga el espacio suficiente para maniobrar el vehículo en caso de una emergencia ya que el freno de mano no se pude utilizar.

En la carretera a La Paz, imprimen velocidades que superan los 130 kilómetros por hora siendo que el máximo permitido es de 80 kilómetros por hora.

Cuando son sorprendidos por alguna patrulla, bajan del vehículo y de forma disimulada depositan en la mano del policía una cantidad de dinero y el viaje transcurre como si no hubiera pasado nada, a 120, 130 o más kilómetros por hora.

Los reclamos caen en saco roto y no hay autoridad departamental, municipal y menos policial que ponga orden dejando a los pasajeros en manos de los operadores del transporte que no cumplen las normas y en suma, hacen lo que quieren.


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