Oruro, Bolivia. 09 de diciembre de 2019
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CAPUZ CULTURAL

140 años de la defensa de Calama, la historia de una biografía, un retrato y una urna

Litografía de Eduardo Abaroa retrato publicado en el libro semblanzas de José Vicente Ochoa en base a un retrato obtenido por el chileno Villagrán

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 24 de marzo de 2019

Parece que este año no tendrá la misma fuerza marcial el hecho histórico que marcó casi al final del Siglo XIX en nuestro país: nos referimos a los 140 años del inicio de la Guerra del Pacífico, que concluyó con la pérdida del Departamento de Cobija o del Litoral en la ocupación que hizo el ejército chileno, que de acuerdo a su percepción fue una “reivindicación territorial”.

Calama se convierte en una pretensión del ejército chileno, porque se concentró una fuerza con quienes pudieron evadirse luego de la ocupación de Antofagasta, entre ellos el mismo prefecto del Departamento Severino Zapata. Quien organizó la defensa fue Ladislao Cabrera, con los pocos hombres a su disposición, tomó los diferentes accesos para esperar al ejército chileno. La fuerza no pasaba de 135 efecticos, mal armados y sin artillería.

Luego de pedir que la Plaza de Calama se rindiera dos días antes, por el parlamentario chileno Ramón Espech, se decidió resistir el enfrentamiento de acuerdo a lo que Ladislao Cabrera respondió: “que no estaba dispuesto a someterse a la condición alguna y que defendería a todo trance la integridad de Bolivia”.

Fue el primer enfrentamiento de armas y el único entre el ejército Boliviano y el Chileno, mostrando que el país no se encontraba preparado para un guerra, al contrario del país beligerante.

Urna con los restos de Eduardo Abaroa claramente se lee: “Ejercito de Chile”


Encontramos en este hecho algunas paradojas; en 1881, José Vicente Ochoa pretendía escribir la semblanza biográfica del héroe de este hecho como fue Eduardo Abaroa; sin embargo, no encontró ninguna referencia sobre su edad, su oficio y menos otros detalles de su personalidad. Fue una casualidad, 11 años después de la contienda que el coronel chileno B. Villagrán V. envía al representante de la Legación de Bolivia en Chile, una biografía del héroe boliviano y un retrato, el mismo que se convierte en imagen inseparable de los homenajes del 23 de marzo.

He aquí la primera paradoja, fue un chileno quien escribió la primera biografía del héroe de Calama. He aquí, su historia: mientras se encontraba en función militar en la región el Coronel chileno Villagran, tuvo oportunidad de entablar amistad con Ignacio Abaroa, hermano de Eduardo quien compartió detalles de su vida para construir una biografía, resaltando el desempeño como importante ciudadano de su natal San Pedro de Atacama, y su relación con la función pública en el Concejo Municipal, el mismo Coronel Chileno resalta las palabras de Abaroa en ocasión del 23 de marzo: “Soy boliviano y lo que voy a defender es también territorio boliviano, prefiero morir antes que huir cobardemente”.

Monumento conmemorativo en Calama, del combate de 23 de marzo 1879. (Foto gentileza Vanessa Oses Vargas)


La otra paradoja: el 23 de marzo de 1952, los restos de Eduardo Abaroa llegaron a territorio boliviano para ocupar definitivamente la cripta de la Basílica de San Francisco en la ciudad de La Paz. Los restos se encontraban en un antiguo cementerio en Calama, del cual solo existen los muros de adobe, pero que en el pasado era el repositorio de los defensores. Ese año, con todos los honores militares, el ejército de Chile preparó un convoy expresamente diseñado para trasladar los restos hasta la frontera con Bolivia. En territorio nacional, la urna preparada fue transferida al ejército boliviano; a su paso del ferrocarril por diferentes poblaciones, la gente tributaba homenajes al héroe de Calama. Incluso, cuando pasó por Oruro, todos los establecimientos educativos se concentraron en la plaza de la Estación del Ferrocarril para ser parte de este histórico traslado.

La urna con los restos de Abaroa fue recibida por el presidente Mamerto Urriolagoitia, luego de sendos homenajes al héroe. La historia no lo destaca, pero acá viene la otra paradoja, la urna con los restos de Abaroa y que cada año se exhiben en la plaza del mismo nombre de la ciudad de La Paz, dice en la parte superior: “Homenaje del Ejército de Chile al héroe de Calama Eduardo Abaroa”. Quien escribió su biografía el Coronel chileno Villagrán decía textualmente: “admirador del hombre que sabe cumplir con su deber sucumbiendo con heroísmo en defensa de la Patria, admirador del que, como don Eduardo Abaroa, jura morir antes que fugar a la vista del enemigo…”. Por ello el homenaje del Ejército Chileno, que admira su valor y que decidió depositar en una hermosa urna los restos del valeroso ciudadano. Otra paradoja más, se encuentra en La Paz, la ciudad que nunca conoció.

Plaza e iglesia de Calama. (Foto gentileza Vanesa oses Vargas)


Era necesario compartir estos antecedentes y estas paradojas, que al final son parte de nuestra historia que llena de orgullo cada desfile del 23 de marzo. Empero, fue necesario compartir estos detalles. Aunque como dice una amiga calameña Vanessa Oses Vargas, compartimos la cultura, y se sabe allá que la ciudad fue antes boliviana, por ello están más vinculados a Bolivia que con su propia capital. Cada año vienen a bailar para la Virgen del Socavón y solo el 20 de marzo se realizan “recreaciones” de los liceos educativos sobre la ocupación del ejército chileno. Se acuerdan de Calama porque aun genera riqueza a Chile, pero luego el resto del año es olvidado por Santiago, y de repente acá otra paradoja, Calama está más vinculada a Bolivia en la actualidad, y de ello son testigos los muchos voluntarios calameños que se presentaron al ejército de Bolivia para defender el Chaco, porque consideraban aun que era su propia Patria.

Ciudad de Calama en la actualidad. (Foto gentileza Vanesa Oses Vargas)



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