Oruro, Bolivia. 22 de agosto de 2019
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EDITORIAL

Una Obra Maestra de la Humanidad en escena

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EL FULGOR.com
REDACCIÓN
date_range 03 de marzo de 2019

Una Obra Maestra de la Humanidad es la que cada año, se escenifica a lo largo de los tres kilómetros que los 52 conjuntos folklóricos, de las 18 especialidades de danza, del carnaval de Oruro, recorren para llegar hasta el Santuario del Socavón y postrarse a los pies de la milagrosa Virgen de la Candelaria.

La sagrada imagen es la que inspira este maravilloso carnaval que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), le otorgó el título de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, (2001)

Es un milagro de fe que año tras año y desde tiempos inmemoriales, se repite en Oruro, la Capital Folklórica de Bolivia y que, de ser una pequeña festividad en devoción a la virgen de los mineros, trascendió fronteras y ahora tiene el reconocimiento mundial.

Comparado, más nunca igualado, con los grandes carnavales del mundo, como el de Río de Janeiro, en Brasil, o el de Barranquilla en Colombia, tiene la diferencia de ser el único con sentido religioso, es decir, se baila por devoción, con una profunda fe católica, no por diversión, la que llegará al día siguiente.

El origen del culto a la virgen Candelaria se remonta a la época colonial que según varios autores fueron los españoles que trajeron esa devoción y fe en la imagen que se veneraba en España.

En Oruro, según una leyenda publicada en 1925 por José Víctor Zaconeta se dice que, “hacen tres siglos más o menos”  en la falda del cerro Pie de Gallo tenía su guarida un ladrón que la gente llamaba el Chiru Chiru, probablemente por lo ensortijado de su abundante y sucia cabellera que asemejaba el nido del pajarito conocido con ese nombre.

Este Chiru Chiru, era un devoto de la virgen de la Candelaria a cuya imagen prendía, todas las noches, una vela de cebo.

Un aciago día, se le ocurrió ingresar al domicilio de un pobre para robarle, al ser sorprendido por éste, se entabló una lucha tras la cual el Chiru Chiru recibió una mortal puñalada en la espalda.

Lejos de derrumbarse, el hombre emprendió veloz carrera hacia su guarida donde fue encontrado muerto, tres días después. Grande fue la sorpresa de los vecinos al encontrar en esa pobre morada una pintura de la virgen de tamaño natural quien había socorrido a su devoto en sus últimos instantes de vida.

Es desde entonces que el lugar se convirtió en un lugar de peregrinación y bautizado como el Socavón de la Virgen. Al año siguiente, los mineros bailaron disfrazados de diablos en honor a la virgen que, desde entonces,  se llamó, del Socavón.

También se conoce la tradición del Nina Nina, que al igual que el otro personaje era un bribón que cometía sus fechorías sin que ninguna autoridad o persona diera con su identidad y menos aprehenderlo.

El Nina Nina, estaba enamorado de la hija de un tendero llamada Lorenza Choquiamo cuyo padre Sebastián había prohibido esa relación.

Según un escrito del cura Emeterio Villarroel, los hechos se sucedieron el sábado de carnaval de 1789, cuando Anselmo  Belarmino, que así se llamaba el Nina Nina, había acudido a la tienda para ver a Lorenza y pedirle que huyeran juntos para hacer realidad su amor.

A la misma hora, Sebastián Choquiamo, volvía por la calle donde estaba situada su tienda y al cruzarse con una pareja un:  ¡mi padre!, delató a los enamorados. Se inició un combate entre los dos hombres y tras breve tiempo uno cayó herido.

Choquiamo huyó rápidamenmte del lugar llevándose a su hija mientras Anselmo Belarmino, era socorrido por una dama vestida de negro que lo traslada hasta el hospital para recibir atención, esa dama no era otra que la virgen.

Carlos Borromeo Mantilla era el párroco de Oruro quien recibió la confesión del agonizante Nina Nina quien le confesó ser el temible bandido y su devoción por la virgen de la Candelaria.

Esta leyenda y la tradición descrita constituyen el origen del culto a la virgen Candelaria que desde entonces se conoce como la Virgen del Socavón en cuyo honor miles de bailarines recorren varios kilómetros hasta llegar hasta su santuario para postrarse a sus pies.

Pero el carnaval de Oruro no sólo son los bailarines y su devoción a la virgen sino que también existe la presencia de otros sectores como los músicos que en los últimos años adquirieron mucha notoriedad.

Ya no son las bandas pasivas que sólo acompañaban a los conjuntos en su recorrido sino que ahora, son actores principales, no sólo por la cada vez más profesional ejecución de la música, propia del carnaval, sino por el espectáculo que brindan.

Un concierto que aglutina a miles de músicos, previo a la entrada devocional del sábado de carnaval, pone en evidencia a este otro actor central del carnaval.

Finalmente, el público que, por miles  llega desde todas las latitudes de Bolivia,  también de los países vecinos y de otros continentes, donde la imagen de la virgen del Socavón es venerada, constituye otro pilar fundamental del carnaval.

En suma, es un milagro de fe y devoción a la sagrada imagen que, año tras año, se renueva y le da vida a esta Obra Maestra de la Humanidad.


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