Oruro, Bolivia. 22 de agosto de 2019
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CAPUZ CULTURAL

Los “Sapos” perdidos

Desaparecido sapo del Cerro Santa Bárbara

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 03 de marzo de 2019

Mientras recorremos los recónditos y elevados cerros que circundan la ciudad como una especie de anfiteatro natural, siempre encontraremos vestigios de la antigua cultura, propiamente espacios de devoción pre hispánico que, en muchos casos quedaron en abandono por el tiempo.

Citando a Carlos Condarco Santillán, este nuestro espacio natural se constituye en una serranía que se estructura orográficamente siguiendo un eje de Norte a Sur. Advertimos para confirmar esta aseveración, que en estos cerros en el pasado se constituyeron en importantes espacios religiosos por la existencia de Wakas, lo que hace pensar que siempre fue un sitio religioso y nuestra ciudad se levanta sobre ellas.

El toro en la misma posición que Alberto Guerra Gutiérrez lo retrato hace cuarenta años


Josermo Murillo Vacareza, realizó un estudio que permitió acercarnos precisamente a este hecho, mencionando que los habitantes remotos como eran los Urus, recorrían grandes distancias y que permitió construir este lugar religioso, por lo que podemos colegir, fue el destino de una peregrinación de diferentes regiones.

Alberto Guerra Gutiérrez, hace algunos años, realiza una recopilación de los diferentes mitos configurados en espacios sagrados conocidos como Wakas pre hispánicas, de las cuales, nos ilustra con el sapo del Socavón, recientemente objeto de noticia muy próxima al Santuario; el sapo de la Leyenda de Wari y las plagas en el sector Norte; el sapo de San Pedro, que por mucho que intentamos en su búsqueda no pudimos encontrarlo; el sapo de San Felipe, perdido entre las antenas del cerro.

Sin embargo, en estos últimos años, pudimos encontrar tres sapos más, aunque dos se encuentran desaparecidos y uno por perecer dentro de la propiedad particular y a punto de ser mutilado por ignorancia de su valor ancestral.

Sapo del Cerro San Felipe


En el caso del sapo del Cerro Luricancho, para la construcción de un depósito, tuvo que cercenarse y en la actualidad está casi desaparecido, pudimos fotografiarlo y lo compartimos en la presente nota antes de su destrucción. No tenemos muchas referencias, porque poca gente los menciona. El otro sapo, del Conchupata Grande, también fue mutilado hace algunos años para renovar la plaza y actualmente solo quedan restos.

Con esto podemos colegir que en la ciudad existían siete sapos, de los cuales solo conocemos tres.

Fuera de estos lugares de ritualidad ancestral, Alberto Guerra nos menciona otros como el Toro, el Rumi Campana y el Inca Socavón. Estos espacios se constituyen en analogía a los templos religiosos del catolicismo, por lo cual en esta Serranía Sagrada existían varios, confirmando su ritualidad y además el misticismo que encierra.

Sapo del Socavón


La leyenda de Wari y los Urus, en las tres versiones conocidas, algunas con cuatro y otra con cinco plagas, nos demuestra el aporte de la conquista y el aditamento católico para comprender que las deidades que no respondían al santoral, debían ser eliminadas por lo menos en leyenda para dar paso a santos católicos. Sin embargo, la Estrella de la Mañana o la estrella de siete puntas, nos acerca a los siete sapos que existían en la ciudad, de los cuales mencionamos en esta nota y que es parte de una investigación más profunda de recopilación que espera encontrar la luz de su conclusión y profundizara su interpretación.

La presencia de la Virgen de la Candelaria del Socavón, nos ayuda a entender el sincretismo con la asimilación de la diosa Aurora y la configuración en la Estrella de la Mañana que es parte del centro religioso de la ciudad y los alrededores, cuya devoción se extendió desde la colonia a diferentes regiones, tal vez rememorando la peregrinación de los remotos habitantes Urus a las Wakas sagradas o lugares de ritualidad

Sin embargo, muy cerca de aquí, nos encontramos con una “segunda” parte de la Leyenda de la Virgen del Socavón, vinculada con una piedra arrebatada a una deidad quitando sus poderes magníficos, pero esa historia será parte de otra crónica.

El casi desaparecido sapo del Luricancho



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