Oruro, Bolivia. 09 de diciembre de 2019
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CAPUZ CULTURAL

El “Cachuchas”

El “Cachuchas” y él autor de la nota en el asilo de ancianos

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 24 de febrero de 2019

Dedico estas líneas a un personaje que conocí hace años; se trata de un muchacho que vivió toda su vida en un Hogar del Estado, lo conocí en el Hogar Zelada, en ese tiempo ya era mayor y solo daba vueltas balbuceando algunas palabras, pero siempre con una hermosa sonrisa. Allí me enteré que tenía discapacidad intelectual. Siempre caminaba desaseado, con las manos en su bolsillo y una gorra que lo caracterizaba.

El “Cachuchas”, así lo conocíamos por el apodo y nos enteramos gracias a otros ex internos que se llamaba José Ignacio Montes. Nadie sabe cómo llegó al Hogar, su lenguaje es muy limitado y solo fantaseaba por historias que le contaban o veía, lamentablemente tampoco pudimos conocer una evaluación profesional para conocer de sus limitaciones.

Este muchacho, al saber de muchos ex internos del Hogar Manuel Alberto Zelada, siempre vivió en un Centro de Acogida del Estado, es posible que haya ingresado de niño y lo hayan abandonado sus progenitores por su discapacidad al no saber cómo apoyarlo o estimularlo para tener una vida diferente. Jamás lo sabremos.

Pasaron los años, y lo encontramos en el Hogar Granja Paria, para ese tiempo ya era mayor, no podían ubicar a la familia de origen porque no la tenía y tampoco lo podían dejar en la calle, porque terminaría en indigencia como muchos que abundan en las calles de la ciudad. En el Hogar Paria, se encontraba otro muchacho también con discapacidad de su generación llamado Mario Pardo, apodado el “Huevo”, cuyo trabajo era cuidar que los vehículos no excedieran velocidad en la curva de Paria en la carretera de Oruro hacia Cochabamba.

Hasta hace poco, lo vimos cuidado movilidades en el parqueo del Balneario de Obrajes, era el único oficio que sabía o conocía, porque no aprendió nada más. En este hogar, también estaba el Gregorio, que actualmente trabaja en un restaurant de la ciudad, podemos decir que fue el único que pudo desarrollar habilidades y reinsertarse a la sociedad, pero lo hizo porque desde pequeño solía ayudar a la cocinera del Hogar y de esta manera aprendió algo de este oficio que le permitió tener cierta autonomía.

En este hogar, se encontraba además otro muchacho con limitaciones intelectuales conocido como “Lalo”, nos deleitaba con canciones improvisadas y sus pasos de baile exagerados movidos por canciones de moda; actualmente es voceador de los minibuses que van a Paria y el consumo de alcohol es su único consuelo. En el caso de las mujeres se agrava el drama, Julieta y Sandrita se encontraban en el Centro Técnico Femenino, una de ellas egresada del hogar por haber identificado a una familia de origen en Cochabamba, la “reinsertaron” y lamentablemente la muchacha nunca se acostumbró y tuvo que escapar, actualmente vive en situación de calle y llamada por los transeúntes de las avenidas de aquella ciudad como la “loquita”, deambulando en harapos y balbuceando palabras nada entendibles. Por lo menos en el Hogar, conversaba y ayudaba en algunos oficios.

El cuestionamiento que salta a la vista, es que nuestro departamento no tiene espacios físicos que alberguen a personas con estos cuadros clínicos de discapacidad, por lo que se convierte en un problema de salud pública y es una realidad que no se percibe, o por lo menos no se quiere aceptar. Muchos de ellos deambulan por las calles, algunos no sabemos si son peligrosos y el Estado no tiene un centro de acogida para desarrollar habilidades y rehabilitarlos, más aun si no tienen familia.

Hace pocos días, en una visita esporádica al Hogar de Ancianos “La Sagrada Familia”, tuve la sorpresa de encontrarme con el “Cachuchas”; debo confesar que me deprimió verlo, porque este muchacho ahora una persona mayor, siempre vivió en una Institución y nunca sabremos si podría haberse adaptado a la vida con alguna habilidad. Lo pudimos ver limpio, por lo menos como consuelo, pero no sabremos si alguna vez su familia se enteró de su existencia y el Estado a través de las instancias operativas pudo destinar para su rehabilitación o su adaptación en sociedad.

Sin embargo, terminará sus días en un Asilo como yo lo conocí, simplemente conocido como “Cachuchas”, el muchacho con manos en el bolsillo y la gorra que dio origen a su apodo, ahora un hombre mayor, pero siempre con su hermosa sonrisa que, a pesar de los años, brilla su inocencia. A nombre de muchos que pasaron por los Centros de Acogida, con limitaciones intelectuales o discapacidad, decidimos escribir su historia, porque a ellos nadie los recordará.


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