Oruro, Bolivia. 14 de diciembre de 2019
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EDITORIAL

Bloqueo contra el pueblo

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EL FULGOR.com
REDACCIÓN
date_range 20 de enero de 2019

El bloqueo de calles, avenidas, ingreso y salida de rutas interdepartamentales y departamentales, se ha convertido en un método de cualquier agrupación o simplemente, de un grupo de vecinos que demandan algún beneficio o el cumplimiento de promesas de sus autoridades, una medida extrema y brutal que sólo afecta al pueblo.

Se trata de un método de lucha que impusieron los cocaleros del Chapare que cortaban la principal carretera que une oriente con el occidente del país y provocaba graves perjuicios a la economía nacional.

Ahora y ante la permisividad de las autoridades departamentales y nacionales, los bloqueos se efectúan en cualquier parte del territorio nacional ya sea porque en alguna capital de provincia o una comunidad están descontentos con sus autoridades o porque exigen la construcción de alguna obra.

No se toma en cuenta que la Constitución Política en su artículo 21,  numeral 7, garantiza la libre circulación de los bolivianos y bolivianas, por cualquier parte del territorio nacional.

El bloqueo es perjudicial, porque afecta directamente a todo al pueblo, menos a quienes protagonizan la extrema como perjudicial e impopular medida.

El pasado lunes y martes, los choferes orureños agrupados en el sindicato San Cristóbal, decidieron bloquear todos los accesos de salida e ingreso a la ciudad y no satisfechos extendieron estos bloqueos a las principales calles y avenidas de la capital orureña.

Aparcaron sus vehículos de todos los tamaños en la salida hacia La Paz, en la zona conocida como El Casco y unos dos kilómetros más adelante así como también las salidas a Cochabamba y Potosí.

¿A quienes perjudican con esta absurda medida? La respuesta es muy simple: al pueblo en su conjunto, a la madre que lleva al hijo al médico, al viajero que debe efectuar un trámite de urgencia, al comerciante que no podrá tener rédito por su trabajo, a las amas de casa que deben recorrer largos tramos a pie para comprar los productos básicos de consumo familiar.

En resumen, a todos los sectores de la sociedad, menos a los choferes que reunidos en grupos en los lugares de bloqueo comparten alegremente y ríen a carcajadas, probablemente festejando por el mal que provocan al pueblo.

Cuando un vehículo particular se aventura a las calles bloqueadas, su conductor es rápidamente abucheado, perseguido por los iracundos choferes y obligado a dar media vuelta.

Y en este caótico escenario, quienes ganan son aquellos aprovechadores que transportan a los afligidos viajeros por tramos cortos cobrando tarifas altas. Este recorrido se realiza en automóviles o motocicletas.

Estas medidas se toman por la ineptitud de nuestras autoridades que, pese a conocer de las demandas de los transportistas sean justas o no, no hacen nada para solucionarlas y sólo actúan cuando la ciudad está paralizada por el absurdo bloqueo, cuando el perjuicio ya está hecho.

El lunes, nadie sabía dónde estaba el alcalde de Oruro para atender las demandas de los choferes y buscar una solución, hasta que sus funcionarios informaron a través de un comunicado que estaba en Cochabamba, por motivos de salud, sin explicar que clase de problema era el que tenía la autoridad

Las leyes son claras y fueron aprobadas para ser respetadas; cuándo tendremos autoridades que las hagan cumplir y así evitar el bloqueo, una medida absurda, cruel y que sólo afecta al pueblo en general, menos a quienes interrumpen la libre circulación y a las autoridades que se desplazan en sus vehículos y sus escoltas.



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