Oruro, Bolivia. 18 de junio de 2019
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CAPUZ CULTURAL

En Navidad, permitidme contar

El mejor regalo de la Navidad es la familia unida

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 23 de diciembre de 2018

Recorría aquellos caminos alejados de nuestro altiplano, una pareja joven que buscaba cobijo. Las viejas puertas no se abrían de las casas de adobe, todos los veían como desconocidos. La joven mujer, apenas una adolescente se encontraba en los últimos momentos de parto, ambos con su pareja se habían escapado de la reprimenda de sus padres porque eran muy jóvenes.

En apartados lares, los servicios de emergencia, son inexistentes; la joven pareja necesitaba descansar y buscar el cobijo para que la joven madre pudiese dar a luz.

Comenzaba a llover, y las gotas menudas mojaban todo.

Gracias a un perrito que los acompañaba en su travesía, encontraron un viejo corral de llamas. La joven mujer comenzaba a sufrir los dolores de parto; su joven pareja, apenas podía entender lo que debía hacer.

Vino una mujer, que los vio a lo lejos, trajo algunos aguayos y una caldera con agua, sabía lo que pasaba y lo que iba a hacer.

La joven madre, al final dio a luz, un hermoso varoncito cuyo llanto mostraba el milagro de la vida. Sin embargo, la tragedia vino como compañía, la joven madre no pudo aguantar y falleció en el trabajo de parto. La mujer que los apoyo, tuvo que irse, su trabajo había concluido.

El joven padre, se arrodilló con el bebé en brazos contemplando el inerte cuerpo de la adolescente madre, a quien alguna vez había prometido estar juntos. La enterró junto al corral, sin cruz que recuerde su memoria.

El bebé lloraba, y debía hacer algo, como varón y como padre, se cuestionó si podría hacer que el bebé sobreviviera, no tenía nada para darle, ni siquiera sabía que cosa darle.

La lluvia cesó, como el llanto del bebé. Decidió que debía dejarlo en algún lugar, porque no podría asumir una responsabilidad y solo. Caminó hasta llegar a otra población con el bebé en brazo y el pequeño quiltro que marcaba el camino luego de algunas horas de alguna caminata. Vio que había feria, sería oportuno pedir ayuda.

Una mujer le dio algo de leche que había ordeñado de su vaca para que el bebé tomara, pero no sería suficiente.

El padre, se desesperaba, no podría buscar ayuda por el bebé cada vez, tenía que hacer algo.

Fue a la Iglesia y dejó al bebé en la puerta de la Iglesia del Pueblo. El llanto llamó la atención de las autoridades, quienes escucharon y no pudieron encontrar a quien lo dejaron. Se reunieron todos con sus atavíos tradicionales, discutieron por largo tiempo, pues no había familia en la comunidad que podría acogerlo en su familia, todos eran “abuelos”, los jóvenes se habían ido a la ciudad a buscar trabajo y nunca llegaban, : había que llevarlo a la ciudad capital. Tomaron la decisión de llevarlo a la ciudad.

Una comisión decidió cumplir esta difícil misión, entre ellas una mujer que se encargó de vestirlo y llevarle la leche.

Equivocadamente pensaron que la ciudad podría ofrecer una mejor solución.

En la ciudad, se acercaron al Centro de Formación Infantil, y llamaron a quien administraba el Centro, comunicando que por decisión de la Comunidad el niño debía ser entregado por desconocer el paradero de sus padres.

La persona a cargo recibió el pequeño niño quien le prodigó los cuidados del momento; pensó que duro sería el calvario de aquel pequeño creciendo sin padres y peor, sin conocer si tendría familia.

Llegó un día de Navidad, y solo le pusieron el nombre de “Jesús”, un niño más de muchos que crecen solos, sin que nadie que pueda ofrecer lo más simple de la vida: un abrazo.

Privilegiados todos quienes festejan la Navidad en familia, otros no conocen siquiera lo que significa Hogar.


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