Oruro, Bolivia. 18 de diciembre de 2018
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EDITORIAL

Cuando la pasión se convierte en violencia

EL FULGOR.com
date_range 02 de diciembre de 2018

El pasado sábado 24 de noviembre se produjo el mayor escándalo en la historia de la copa Libertadores de América con el ataque por parte de hinchas de club River Plate de Argentina, al bus que trasladaba a jugadores de Boca Juniors, para disputar la final del torneo continental.

Este ataque que se produjo en Buenos Aires, fue atribuido por un jugador argentino que milita en un club en Uruguay a la pasión que se siente en Argentina por el fútbol. La pasión entendida como: una inclinación impetuosa de la persona hacia lo que desea o una emoción fuerte y continua que domina la razón y orienta  toda la conducta.

En el caso que nos ocupa esta definición no encaja pues los llamados barras bravas actuaron como vulgares delincuentes agrediendo a personas y provocando destrozos en una acción de absurda violencia que tiene como pretexto el fútbol.

Los fanáticos hinchas de River rompieron dos vidrios del ómnibus por donde se filtró gas pimienta que la policía utilizaba para dispersar a quienes promovían el desorden y la violencia contra el equipo rival que afectó a los jugadores de Boca.

La acción de los vándalos provocó la suspensión del partido final de Libertadores y reuniones urgentes de la cúpula de ambos equipos con la dirigencia de la Conmebol que finalmente decidieron que el partido, se disputará fuera de territorio argentino, en Madrid, el domingo 9 de diciembre.

Es una vergüenza mundial y la demostración que los sudamericanos no somos capaces de organizar una final de la copa Libertadores de América que en vez de una fiesta deportiva se convirtió en una batalla, en una guerra con el objetivo de destruir al rival.

Lo sucedido en Argentina que ensució el fútbol sudamericano y argentino en especial, debe servir de ejemplo para que estos hechos nunca se repitan en ese país y menos en nuestro medio.

El fútbol no es una guerra, es sólo un juego que debe servir para unir a la familia, asistir a un estadio debe ser parte de una sana diversión y de ninguna manera convertirse en una batalla llena de odio hacia el ocasional rival.


La justicia del vecino país tiene que actuar con energía para castigar a los llamados barras bravas que amparados en el anonimato además de, casi siempre protegidos por malos dirigentes de los clubes, hacen lo que quieren y son los responsables de la violencia en los estadios.

Existen denuncias probadas de la corrupción en la que están metidos tanto los que encabezan a los barras bravas, como dirigentes de estos clubes, la reventa de entradas, es algo que todos conocen y se dice que estos delincuentes, porque no son otra cosa, hasta reciben un porcentaje por la venta de jugadores.

El propio presidente argentino Mauricio Macri, afirmaba sorprendido que no podía creer que no haya ni un solo barra brava detenido y es que dos de ellos que la policía puso a disposición de la justicia fueron rápidamente liberados.

¿De qué poder gozan estos mal llamados hinchas? ¿Cómo es posible que actúen con tanta impunidad? La justicia les teme?

Estos malos ejemplos no deben llegar a nuestro país donde aún es posible asistir a un partido de fútbol y sentarse al lado de simpatizantes del otro equipo y no agredirse.

Los furibundos hinchas de River ocasionaron un daño irreversible al fútbol, el deporte más popular del planeta, destruyeron la ilusión y convirtieron la pasión por un deporte en una absurda violencia y en una soberana estupidez.


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