Oruro, Bolivia. 14 de noviembre de 2018
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Después de dos años, logró aprender tejidos a máquina

Zenón: “Quiero abrir un taller de tejido para dar trabajo a mis amigos con discapacidad”

Siempre dispuestos a superarse varios estudiantes con discapacidad aprenden ocupaciones productivas a fin de lograr cierta independencia y generar sus propios recursos para su sustento y también para ayudar a sus familias, que siempre están a su lado; como lo están sus maestras que les enseñan a trabajar con metodologías y materiales adecuados a su

Zenón no se rinde y aprende tejidos con la ilusión de tener un emprendimiento propio

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EL FULGOR.com
location_city Oruro
date_range 04 de noviembre de 2018

A sus 29 años, Zenón, el 4to hijo de siete hermanos, sentado en su silla de ruedas frente a una máquina de tejer, no duda en afirmar que su máxima deseo es abrir un taller de tejidos para dar trabajo a sus amigos, personas con discapacidad como él.

La Parálisis Cerebral Infantil, que sufre desde su nacimiento no ha sido un impedimento para seguir sus sueños y salir adelante para superarse a sí mismo y ayudar a su familia.

Él es uno de los estudiantes que aprenden una ocupación técnica-productiva en el Centro de Educación Especial (CEE) “Ghislain Dube”, donde se brinda atención especializada a estudiantes con discapacidad intelectual, física motora y múltiple. El CEE ubicado en la zona Sud de Oruro alberga a 63 estudiantes, de edades que oscilan entre los 6 a 40 años.

En el área productiva, el Centro trabaja manualidades, artesanías, tejido  y la especialidad de panadería con  estudiantes con discapacidad, que buscan aprender una ocupación para generar ingresos económicos, sustentarse a sí mismos y ayudar a sus familias. La formación está a cargo de 5 maestras, una directora, una Auxiliar  y una Profesional Fisioterapeuta, quienes trabajan de manera conjunta con los padres de familia haciendo un acompañamiento cercano de los procesos de Educativos de sus hijos, a quienes apoyan con mucho amor y paciencia.

Y mientras la maestra Sendy Cuba, prepara la máquina de tejer, para que Zenón nos muestre cómo teje, él cuenta que comenzó las actividades en el taller con pintura, para pasar luego al Taller de Manualidades; por otro lado el estudiante manifiesta que tiene un puesto de venta de CDs frente al Mercado Abaroa en la ciudad de Oruro, donde genera ingresos para su subsistencia, ya que su madre es una persona de la tercera edad.

“Yo quiero tener una microempresa de tejidos para dar trabajo a las personas con discapacidad”, dice mientras teje en una de las máquinas de tejer en las que aprenden y practican varios jóvenes del Centro para tener una vida mejor.

La maestra Sendy también comenta que para realizar la especialidad de tejido los estudiantes deben mejorar su motricidad fina y paralelamente ella debe realizar algunas adaptaciones para el manejo de las máquinas de tejer, con algunos colores y les enseña a contar, ya que para tejer mínimamente deben saber contar del 1 al 10.

Los 12 estudiantes con los que trabaja la maestra Sendy son capaces de hacer tejidos y mucho más. “Ellos pueden producir con ayuda de sus papás y son capaces de llevar adelante un emprendimiento productivo”, menciona convencida de que los jóvenes pueden superar sus limitaciones e incursionar emprendimientos para mejorar la calidad de vida.

Carlos y su pasión por la panadería le dieron un nuevo norte a su vida

INCLUSIÓN LABORAL

La directora del Centro Ana María Mamani asegura que estas actividades reflejan la inclusión educativa y laboral que se promueve en el Centro, en el marco de lo que establece la Ley de la Educación “Avelino Siñani-Elizardo Pérez”, que desde su aprobación, el año 2009, garantiza el acceso y derecho a la educación de personas con discapacidad, una responsabilidad de la que antes se hacían cargo ONGs, fundaciones, instituciones religiosas y personas de buena voluntad.

“Ahora los jóvenes como Zenón pueden formar una microempresa y trabajar entre todos para generar ingresos para ellos y sus familias, que los apoyan constantemente, porque nosotros también queremos que ellos puedan alcanzar cierta independencia económica”, manifiesta, segura de que con voluntad y determinación todo se puede lograr.

Según el documento de trabajo “Educación Técnica Productiva para Estudiantes con Discapacidad” los Centros de Educación Especial que desarrollan los Lineamientos de Educación Técnica Productiva tienen por objetivo la habilitación “profesional” de las personas con diversos grados de discapacidad, tratando de preparar a sus beneficiarios de forma gradual y mediante programas aplicados para desempeñar una actividad laboral, aunque la labor, empleo o actividad productiva, no necesariamente se lleve a cabo en una empresa productiva.

El mismo documento establece como metodología “la forma y manera de generar el proceso educativo en la Educación Técnica Productiva es activa, interactiva, práctica y participativa, permitiéndoles (a los estudiantes) descubrir y construir los saberes y conocimientos”.

Adicionalmente, a estas actividades productivas, el CEE brinda atención de calidad, de manera oportuna, pertinente y con equiparación de condiciones.

El uso de pictogramas facilita el proceso de aprendizaje de estudiantes con discapacidad intelectual


APRENDIENDO PANADERÍA CON PICTOGRAMAS

Mientras EL FULGOR.com visita el Centro y atrae la atención de los jóvenes y niños que estudian en su pequeño espacio, un olor llena el ambiente, huele a pan en el horno, o por lo menos eso pensamos, Entonces entramos de lleno a la clase de panadería, donde la maestra María Corpa junto a cuatro de sus studiantes está horneando empanadas de queso.

Ella trabaja con 11 estudiantes, de 18 a 30 años y como los jóvenes tienen dificultades para leer y escribir utiliza pictogramas para facilitar la comprensión de las recetas que les enseña. Las imágenes ayudan a sus estudiantes a comprender las recetas. Cada una de las recetas está armada con dibujos, en vez de números como 3 tazas, tiene dibujadas 3 tazas de harina, 1 cucharilla de sal, 1 cucharilla de levadura, tazas de leche, cucharas de mantequilla y todo lo necesario para elaborar algunas de las delicias que preparan y que luego comercializan en el Centro, gracias al apoyo de los padres de familia, cuyos hijos estudian en el CEE “Ghislain Dube”.

“Ellos trabajan con pictogramas, imágenes, cada receta tiene figuras que van tachando una vez que van agregando cada uno de los ingredientes para las recetas”, cuenta, mientras los jóvenes estiran pequeños bollos de masa, poniendo queso para después repulgar sus empanadas de queso, que luego van al horno y después venden a un boliviano.

Para Carlos, un joven de 28 años y con discapacidad intelectual, la repostería es lo suyo, le gusta amasar y hornear junto a sus compañeros y compañeras. Una de ellas es Arminda, quién mientras repulga con ambas manos, nos comenta que puede leer y escribir muy poco, por lo que los pictogramas le ayudan a entender las recetas que deben preparar en el curso de panadería.

Un equipo con ganas de triunfar y su alegría de ver el fruto de sus manos


Y mientras, Arminda continua haciendo empanadas junto a sus compañeros, su mamá, la señora Alejandrina (55) la espera en el patio del Centro para llevarla a casa. Cuando le preguntamos qué le parece que su hija de 21 años aprenda panadería, ella responde que “está bien, porque le gusta pasar clases en el Centro y aprender panadería”.

Dice que la discapacidad intelectual comenzó cuando reventó una vena en su cabeza de Arminda, cuando ella era una bebé y que desde entonces tiene discapacidad intelectual y tratándose de la única hija que sufre esta discapacidad sus otros 5 hijos ayudan a la hermana.

“Ella puede escribir su nombre, puede leer y escribir un poco también”, dice al asegurar que desde su ingreso al Centro ha mejorado bastante.

Por su parte, Arminda dice que le gusta aprender a hacer panes y empanadas, pero también ayuda a su mamá en casa, donde ordenan la casa, limpian y también lavan la ropa.

Y mientras tomamos unas fotos de estos jóvenes luchadores que hacen sus armas para lograr su independencia económica, una de las estudiantes se  acerca con un platillo y nos invita dos empañadas con un vaso de refresco. El resultado de su trabajo simplemente delicioso, y para valorar su trabajo y esfuerzo compramos unas empanadas más, como esperamos que muchas personas puedan hacerlo para ayudar a estos jóvenes que superando sus discapacidades se superan día a día, sin perder las esperanzas y con la ayuda de sus maestros y familias, las personas que con paciencia y amor jamás los abandonarán.


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