Oruro, Bolivia. 14 de noviembre de 2018
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Beni: tierra huérfana de cariño

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date_range 21 de octubre de 2018

Arnaldo Mejía Méndez

Realmente es pues preocupante lo que nos viene pasando. Por lo que se ve, pareciera que el Beni no tiene hijos que lo quieran, que lo defiendan y lo

cuiden, que lo valoren y lo hagan respetar. Ahora se lo está viendo como si fuera tierra de nadie.

Con este bullado y ya urticante problema del TIPNIS, nos avergüenza reconocer, que habíamos sido una estancia grande, sólo de mansos y panadas. Este problema, creado por el gobierno por turbios intereses y cuya solución está en sus propias manos, se ha convertido en una prueba de fuego que quiérase o no, terminará quemándonos a todos.

Nos dejará quemados, deshonrosamente, por nuestra desidia en saber defender lo nuestro, por ese silencio cómplice como un gesto de traición a nosotros mismos, por esa total falta de solidaridad y de consecuencia con nuestros propios hermanos indígenas que con sacrificio heroico, están defendiendo solos sus derechos y ese portentoso legado tan lleno de vida y futuro que nos pertenece y debe continuar siendo nuestro por siempre.

Amar al terruño es un imperativo natural, así lo dijo y sostuvo José Ingenieros, significando que la tierra y el hogar en los que se vive, deben merecer el interés y el cariño imperecedero de los hombres y mujeres que les consagran sus afanes con sudor y sacrificios. Sin embargo para nosotros, casi en general, por lo que se ve, esta tierra bendecida, tierra de hombres libres y valientes según la historia, muy poco o nada significa. Nuestra despreocupación está llegando al extremo que ya linda en un insensato desprecio, por el desconocimiento que tenemos de la magnificencia con que ella puede colmarnos o nos colma mayormente, pero además, lo que es aún peor, por esa pobreza de espíritu que demostramos tener, siendo indolentes, quemeimportistas, ingratos y sin pizca de compromisos nobles con el pueblo.

Debido a todos estos factores negativos que ya se vienen reflejando en la sociedad beniana, es que ahora cualquier hijo de vecino se halla con el derecho de estropearnos, insultarnos y hasta de faltarnos el respeto, cuando le da la gana y, a nivel de Beni, de este noble pueblo que anda como de capa caída con su orgullo mancillado, desgraciadamente, todo es: AMEN.

Al pueblo le han embargado su voz, sus voceros están bloqueados. Sólo se escucha la de los otros, la de los traficantes serviles, pregonándoles sus “falsas verdades”.

Así anda la vida por estas latitudes, con el Beni, como una tierra huérfana de cariño. Hay que trabajar para lograr que el Beni otra vez se reencuentre consigo mismo y vuelva a ser lo que era: ese viejo fermentario de los pensamientos fecundos, de las nuevas ideas y de las luchas permanentes en pos de su progreso y bienestar.


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