Oruro, Bolivia. 18 de diciembre de 2018
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EDITORIAL

Donald Trump y la libertad de expresión

EL FULGOR.com
date_range 26 de agosto de 2018

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró una guerra contra los medios de comunicación que no son afines a su gobierno y critican sus políticas tanto nacionales como globales  poniendo en grave riesgo la libertad de expresión en el país del norte.

En lo que se constituye como una acción sin precedentes, unos 350 periódicos se unieron para editorializar en defensa de los ataques del presidente Donald Trump y de altos funcionarios del gobierno contra los medios de comunicación y periodistas críticos del gobierno.

El pasado 10 de agosto The Boston Globe lanzó la iniciativa que tuvo eco en los medios escritos estadounidenses que se unieron en defensa de la libertad de expresión.

En reiteradas ocasiones el mandatario del país del norte acusó a los periodistas de medios de comunicación que no defienden sus posturas políticas de divulgar noticias falsas e incluso tildó a la prensa como enemiga del pueblo.

Esta guerra inventada por el magnate en la presidencia estadounidense tiene el objetivo claro de dañar la reputación de los medios y de los periodistas y constituye un severo ataque en contra de la libertad de expresión.

La paradoja es que Estados Unidos era visto en todo el mundo como el paladín de la libertad de expresión, donde el trabajo de los periodistas develó en reiteradas oportunidades hechos de corrupción o comportamientos no apropiados de quienes gobiernan la unión americana.

El caso más sonado de investigación periodística es el llamado Watergate que llevó a un presidente, por primera vez en la historia a renunciar a su cargo.

Esta es historia, hoy, los medios críticos a la administración de Trump, son víctimas de reiterados ataques directos por parte del mandatario que niega la palabra a los periodistas que  juzga le son hostiles e incluso llegó a ordenar el desalojo de estos de las conferencias de prensa.

Los reiterados ataques de Trump a la prensa calificando como noticia falsa a toda aquella información que no le es grata como los casos que tienen que ver con el racismo de la llamada supremacía blanca, la persecución sin tregua a los inmigrantes,  y la separación de las familias,  la construcción del muro en la frontera con México, la carrera armamentistas o la investigación sobre la supuesta injerencia rusa en la campaña presidencial, están minando los valores de la democracia.

Pero, al parecer y de acuerdo a las últimas noticias, Trump se hunde poco a  poco en los escándalos que lo envuelven desde antes de ser el presidente de la nación más poderosa del planeta.

La semana que termina se supo de la decisión de su ex abogado Michael Cohen  de declararse culpable de seis delitos cometidos durante la campaña presidencial de Trump, que tienen que ver con fraude y violación de las leyes de financiamiento de campaña.

Estos últimos cargos tienen relación con dos pagos de 150.000 dólares y de otro de  130.000 para comprar el silencia de dos mujeres que alegaron haber tenido sendos romances con el entonces aspirante a la Casa Blanca. Se trata de una estrella porno y de una modelo de la revista Play Boy.

En su descargo Trump, dijo que el dinero había salido de su bolsillo y no de la campaña por lo que constituía un delito electoral. Sin embargo la admisión de un comportamiento poco ético lo deja mal parado ante la opinión pública.

Lo evidente es que estamos siendo testigos de la decadencia de los valores que sustentan la democracia entre ellos, el de la libertad de expresión que los predecesores de Trump siempre respetaron a diferencia del actual presidente que cree estar por encima de la ley y de los principios que hacen a un buen gobierno.



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