Oruro, Bolivia. 20 de octubre de 2018
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CAPUZ CULTURAL

Rememorando la historia: La “Revolución” del 25 de junio

Militar alemán Ernest Röhm (izquierda) que fue contratado por el Ejército de Bolivia.

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 01 de julio de 2018

Muchos de los motines militares son denominados “revoluciones” sin seguir el sentido estricto de la palabra, que a la postre no son más que levantamientos promovidos por comandantes de guarniciones, muy típico en el siglo XIX y aún vigente en los primeros cincuenta años del siglo XX.

En nuestra historia local, destaca uno de muchos que se gestaron bajo nuestra serranía de Oruro. De ellos, destacamos próxima a la fecha que transcurrió en la semana anterior referida al 25 de junio de 1930. De repente, desconocida para la mayoría de la población, sin embargo, merece su referencia por el impacto que tuvo en la historia nacional.

Dentro el contexto, el Presidente Hernando Siles, que había tomado el poder luego de las elecciones celebradas en 1926, sin embargo, contagiado por continuar en el poder, promovió la reelección y como sucedió con su sucesor Saavedra, no cayó bien en los círculos políticos de la época.

Oruro, en ese tiempo, atravesaba una crisis derivada de la caída de la bolsa en Nueva York, las empresas mineras habían limitado su contratación de mano de obra, sin embargo, cantidades ingentes de “pampinos” invadían la ciudad donde no existía cobijo ni siquiera condiciones de sobrevivencia en una ciudad de contrastes.

La ciudad de Oruro, que en ese tiempo, se convertía en el centro económico y político del país, los medios de comunicación marcaban el pensamiento de la ciudadanía que dependía de la orientación del medio de prensa.

En esta ciudad se fue preparando un “cuartelazo”, muy al estilo del siglo XIX, pero vigente aún en los primeros veinticinco años del siglo XX. Varios militares, consideraron que la solución pacífica con el Paraguay por el Fortín Vanguardia, no solucionaba la ofensa de ese país al honor militar, por lo que la respuesta no debía ser diplomática.

Grupo de civiles y militares, organizaron reuniones secretas preparando el anunciado golpe, entre enarbolando la bandera de los “Antiprorroguistas” planeando entre sus acciones tomar preso al Prefecto de ese momento el general Raymundo Gonzales Flor y además tomar el edificio del Estado Mayor, actual edificio de la Policía Militar en la calle Velasco Galvarro, a cargo de su jefe el Alemán Ernest Röhm, que fuera además en su país comandante de las fuerzas SA, muy cercano a Hiltler y que murió ejecutado en 1934.

Los líderes militares de esta operación fueron oficiales del Regimiento Camacho, quienes se comunicaron con la ciudad de La Paz anunciando que la plaza de Oruro fue tomada. A modo de diálogo se entabló comunicación con el Jefe de Estado Mayor, general Hans Kundt informando que quienes se encontraban a la cabeza de este movimiento eran el general Carlos Blanco Galindo, coronel José Lanza, coronel Oscar Mariaca Pando, coronel Filiberto Osorio, coronel Julio Sanjinez y coronel Emilio Gonzales Quint.

Esta comunicación por el único medio tecnológico de la época disponible como fue el telégrafo, alertó a la guarnición en aquella ciudad y determinó días después el levantamiento de aquella ciudad que marcó la salida del Dr. Hernando Siles Reyes, debiendo reconocer que el movimiento comenzó en nuestra ciudad colocando un gobierno Provisional a la cabeza de una Junta Militar encabezada por el general Carlos Blanco Galindo.

Dr. Hernando Siles Reyes, electo presidente de Bolivia en 1926.


Sin embargo, este movimiento tuvo caracteres violentos que a la postre fueron olvidados. Uno de los primeros hechos, fue justamente a partir de una multitud que organizó una manifestación de apoyo al movimiento militar, pero no satisfechos con llegar a la plaza y lanzar “vítores”, alguien sugirió a la muchedumbre ir a la casa del jefe del sector obrero del Partido Nacionalista don Zenón Aranda.

Tenía una pequeña imprenta, en la esquina de la calle Cochabamba y Soria Galvarro además de una tienda en la que vendía algunos objetos. Los exaltados manifestantes atacaron la casa, Aranda buscó refugio mientras su tienda era saqueada, acompañado de su hermano Sebastián. Dispararon a la multitud pero soldados del Regimiento Camacho dispararon contra la casa obligando a ambos hermanos tomar el techo de la casa vecina para huir de la violenta irrupción contra ellos.

Un soldado disparó cuando intentaba pasar por el techo, y su cuerpo cayó inerte a la calzada, una mujer munida de una gran piedra que allí se encontraba la lanzó contra la cabeza del pobre Aranda, ocasionando que la misma reventara. El cuerpo se lo arrastró utilizando correas de movilidad hacia la plaza. Insatisfechos por la hazaña, un periodista irresponsablemente instó a la muchedumbre ir a la casa de Abel Elías Mendizábal que había fungido en el Partido Nacionalista como Diputado y como Concejal.

Su residencia se encontraba en la calle Soria Galvarro frente al Edificio del Beaterio, actual Centro de Espiritualidad de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia. Minutos antes, fue advertido, y logró salvar su vida trepando el techo de la casa vecina del Beaterio, se topó con la fundadora de la Congregación la Madre Nazaria quien le ofreció asilo, lo invitó a meterse dentro una escultura del Calvario que se encontraba en la segunda planta de un edificio que tenían las Hermanas para sus oficios religiosos.

El Doctor Elías mientras escuchaba que la muchedumbre atacaba su casa y saqueaban la misma, no la pensó dos veces y agradeció la acción. La muchedumbre, sin respeto alguno a la Congregación, irrumpió en el Beaterio, el mayor Reque Terán dirigía la operación ordenando entrar a todas las habitaciones. Al llegar al amplio Salón llamado “Capitular”, donde se encontraba oculto en el Calvario el Doctor Elías, le obligaron torpemente a la Madre Nazaria a confesar donde estaba el doctor Elías, pero como no podía mentir, hizo el ademán dentro de sus anchas mangas para decir “por aquí no paso”, en realidad no mentía, porque el ademán hacía entender que no pasó por sus brazos. Nunca encontraron al Doctor Elías, la turba tuvo que salir decepcionada por no tener otro “sacrificio”.

Así pasó el levantamiento militar, sin embargo, uno de los más entusiastas movilizadores de este hecho, fue el oficial Eduardo Zapvcovic Lizárraga, que meses antes fue diligente organizador en reuniones secretas.

Lamentablemente, un año después falleció extrañamente atribuida a una enfermedad en el Chaco mientras se encontraba en una comisión antes de iniciarse la guerra. El Municipio de Oruro nombró una calle en su honor, pero por lo difícil del apellido, la gente en la actualidad, reconoce  a la calle por su apellido materno “Lizarraga”, siendo en realidad el apellido “Zapcovic” el que debía figurar en el rótulo de aquella calle.  De esta manera, Oruro fue escenario de  este hecho sangriento que cambió la historia para siempre y determinó el camino para lo que después sería la esperada Guerra del Chaco.


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