Oruro, Bolivia. 15 de octubre de 2018
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CAPUZ CULTURAL

La tarjeta esquela del soldado en la Guerra del Chaco

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 17 de junio de 2018

Ya pasaron 83 años del Cese de Hostilidades de la Guerra del Chaco, ocasión que ambos ejércitos Boliviano y Paraguayo decidieron poner fin a tres años de enfrentamiento. Pese al tiempo transcurrido, el sentimiento aún persiste entre los descendientes de quienes acudieron al llamado del país para prestar su servicio a la Patria. Es preciso comprender, que más allá de defender un territorio, se tuvo que acudir por convicción nacional por las ideas políticas germinadas en ese tiempo.

Debemos reconocer el impulso que tuvieron los jóvenes desde diferentes ámbitos geográficos decidieron tomar el uniforme y recorrer un espacio completamente desconocido, especialmente para quienes vivían en el altiplano e incluso la Amazonía, pero es valorado desde todo punto de vista el sacrificio ya inicial de una travesía para llegar al teatro de operaciones recorriendo sin exagerar miles de kilómetros.

Aun es difícil concertar criterios entre ambos países respecto a la historia, el claro ejemplo es la rendición boliviana en Boquerón para los paraguayos y en el caso nuestro la tregua solicitada a los paraguayos. Ambos tienen puntos diferentes de difícil acuerdo, pero aun así los pormenores de la guerra los hacen diferentes. Pasarán los años y será difícil encontrar espacios comunes de acuerdo.

Sin embargo, aún podemos encontrar entre los tesoros de los antepasados, cartas, documentos, libretas de desmovilización que nos acercan a los protagonistas que dejaron sus actividades cotidianas y se marcharon al frente. Algunos, aprovecharon como inspiración para dejar libremente la pluma y escribir novelas o cuentos relativos a esta contienda, otros, encontrando documentos importantes deciden publicar pero siempre con la recomendación de un análisis contextual al periodo histórico.

Otros, debo decirlo con mucha pena, aprovecharon las memorias de sus antecesores y decidieron irresponsablemente colocarse como autores, borrando el sacrificio del autor que estuvo en el frente destinando el poco tiempo de descanso para escribir unas líneas que después se constituirían en memorias.

Por todo lo anotado, se encuentra en nuestras manos algunas cartas que en lugar de terminar en el basurero como muchas otras, deben ser leídas en su totalidad para comprender el contexto del soldado de la época y comprender su difícil situación de soldado bajo bandera en un espacio completamente distinto a su hábitat, cuya añoranza por el terruño solo era evocado en la noche en los pocos momentos de sueño y de descanso. Lo más difícil, dejar al amigo o al pariente caído en el campo de batalla, sin ofrecer una sepultura y dejar que la naturaleza consuma el cuerpo ajeno en ese lar.

Para el soldado en ese tiempo, tenía la opción de escribir una carta en papel adquirido en la Intendencia, o en los negocios de Villamontes o de Tarija donde el ejército se encontraba en etapas antes de cumplir su travesía a los fortines, aunque a veces este material era obsequiado por la amada antes de partir junto con un lápiz como único instrumento que delineará las notas que formarán pensamientos de recuerdo. Por otro lado, el ejército dispuso de tarjetas  partir del “Centro de Propaganda y Defensa Nacional” con el membrete de “correspondencia del soldado”, que una de ellas tiene la inscripción de “para distribución gratuita”.

En las que llegaron a nuestro poder, tienen consignas dirigidas al soldado como una comunicación directa del Centro de Propaganda, una de ellas: “Soldado:- Vuestras madres se enorgullecen de tener hijos que defienden el patrimonio nacional”, en otro: “Soldado:- Bolivia anhela únicamente el respeto de sus derechos  de soberanía y de su dignidad, y en cualquier momento el país entero volvería a levantarse en armas si ellos fueren hollados”; otro: “Soldado:- El chaco es tu heredad, defiéndelo con la voluntad de vencer”; otro: “Soldado: el centro de Propaganda te acompaña en todo momento y procura tu bienestar”.

No hemos encontrado mayor referencia de estas tarjetas a modo de esquela  que se entregaban al soldado, su reducido tamaño permitía escribir en anverso y reverso y entregar como correspondencia al destinatario desde el Frente de Operaciones. Aparentemente estas estaban orientadas a comunicar algo muy directo o solicitar algo particular a la familia o a la amistad.

TARJETA

Para ello, transcribimos una fechada el 4 de noviembre de 1934 y remitida desde Gran Chaco Regimiento “Rocha”, 31 de Infantería 2ª. Compañía. Esta última información facilitará al destinatario responder mediante correspondencia y que el servicio de correos identifique la unidad del soldado. Esta tarjeta se encuentra firmada por Humberto, desconociendo el apellido y dirigida a la Señora Lucía de Solares en la ciudad de Oruro.

Tomamos la libertad de transcribir la misma: “Mi querida y extrañada Lucy:.- Tus cartas de fechas 14, 17 y 22 de agosto las recibí juntas. La del 17, venida por correo ordinario, ha tardado 15 días poco más o menos, y en realidad, no se puede exigir mayor premura. Tus citadas me han traído la infausta noticia del fallecimiento de mamá Juana ocurrido el 7 del pasado. Esta lamentable desgracia me ha causado muy honda pena, pues, había confiado yo en su enfermedad no era de mucha gravedad y en que muy pronto se restablecería. Infelizmente la realidad ha sido distinta, dura y cruel, como toda desgracia que no tiene más contundente lógica que la verdad de lo ocurrido. Nada ni nadie puede detener la mano segadora del destino humano.- Frente a esto, esposa mía, nada nos queda, sino resignarnos y conformarnos. Tu y yo, al abrigo  del cariño de mamá Victoria , que a los dos y a nuestros hijitos , a todos por igual nos quiere, sigamos por el camino de la vida con la misma fe, con el mismo cariño y la misma confianza a que ya estamos habituados. Recibe mi sentido pésame y mi cariño.- Humberto”.

La esquela que no es muy escueta, nos comparte el sentimiento de pesar aparentemente por la suegra y añora este soldado que tuvo salir al frente que a su regreso se encontrarán cobijados por su propia madre. En el último periodo de la guerra, las generaciones más antiguas de reservistas tuvieron que partir dejando a sus propias familias, muchas de ellas con hijos. El deceso lamentable del progenitor, colocaba en la difícil situación a la mujer de mantener a la familia, por lo cual se optaba a dejar al cuidado de otras personas o bien a un hogar que ya comenzaban a aparecer para los “huérfanos de la guerra”. El periodo bélico hacía difícil mantener a niños que requerían fundamentalmente de alimentos y a veces solo la madre no podría proveerlo.

Otra tarjeta o esquela está fechada en 30 de noviembre de 1934 y está dirigida a la misma destinataria de la anterior: Lucia de Solares en la ciudad de Oruro, pero suscrita por otra persona, la misma que transcribimos: “Mi respetada señora.- La saludo muy respetuosamente, por lo consiguiente quedando a sus órdenes. Hacen varias semanas tuve la suerte de tener respuesta, pregunté por don Humberto a su comandante en que me dice estar bien de salud. Como se encuentra don Humberto en una distancia bastante considerable que me impide en averiguar por qué de un momento a otro están en todas partes se debe a esta emergencia que no le doy respuesta inmediatamente, ahora actualmente no se con franquesa (sic) donde se encuentra, pero en cuanto tenga datos tendré el gusto en servirla porque siempre estoy en averiguaciones.- Imagino el sufrimiento que Ud., lleva, tenga seguro que de rato indispensable llegará a saber, no mande encomiendas hasta saber su paradero. Le expreso mis saludos, respetuosamente, (Ilegible)  Candia”.

De esta última esquela, podemos colegir que el citado Humberto no fue encontrado o no aparece porque no recibió noticias y la desesperación de Lucía hizo que se pidiera información de su paradero a toda instancia posible. La persona que envía la información ambiguamente informa que de acuerdo a lo dicho por el comandante se encuentra el citado Humberto bien de salud, pero no confirma pues no se encontró con él; por lo que se ve, entre Lucía y Humberto existía comunicación fluida pese a la tardanza en la el envío de correspondencia; sin embargo, aparentemente, por algún motivo la señora Lucía dejó de recibir noticias.

Por ello, se recomienda no mandar encomienda. Este último era enviado por las familias, las mismas que contenía en su mayoría, aparte de cartas que era lo más esperado, algo de ropa interior, si se podía panes o coca, o algún producto de la zona que no sea perecedero. Estas eran abiertas ante mucha expectativa del destinatario. Sin embargo, muchas de ellas no llegaban a su destino, porque el soldado se encontraba desaparecido, caía en acción o se encontraba evacuado en algún puesto de socorro. Las que no eran recogidas eran dispuestas.

Nunca supimos que pasó con Humberto Solares y su familia, no sabemos si volvió de la guerra, si los hijos crecieron con su papá o solamente la madre después de la guerra. Pero historias como esta eran muy frecuentes en aquella guerra que consumió toda una generación y marcó para siempre la vida de los bolivianos.



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