Oruro, Bolivia. 22 de octubre de 2018
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El oficio que nace de la extrema pobreza, pide mejores y más áreas de trabajo

Las palliris: de las colas y desmontes a trabajar en el interior de la mina

Mujer palliri.

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Periodista | EL FULGOR.com
location_city La Paz, Bolivia
date_range 17 de junio de 2018

Las mujeres palliris que desde el año 2001 forman parte de Fencomin-Oruro y Potosí empezaron el año 2016 a incorporarse como trabajadoras de interior mina oficio duro para las mujeres que desde la colonia era sólo de varones.  Mujeres de entre 50 y 70 años  viven de la minería con ingresos que no llegan ni a la mitad del salario mínimo nacional. La pobreza y el miedo al cambio obligaron a las mujeres mineras y palliris a reproducir patrones de extrema pobreza, con altas probabilidades de adquirir tuberculosis y reumatismo.


Con las manos blancas y rajadas por el polvo de la tierra y la piedra, las caras rajadas y quemadas por el sol y  los vientos, pero fuertes como la roca a la que a diario le dan con el combo para sacar los residuos de mineral, que en la primera explotación no sacaron los mineros. Así son las palliris, las mujeres que a diario “buscan” minerales en las rocas que se desechan de la explotación de la mina y van a formar las enormes colas y desmontes  o se desechan a las orillas de los riachuelos contiguos a las minas.

Si hay un oficio, duro en este mundo es de palliri. Sus ingresos muchas veces ni siquiera alcanzan la mitad del salario mínimo nacional un ingreso que les daría fácilmente en otro oficio o trabajo. Pero, ellas no conocen otro lugar que no sea la mina y vivir del mineral (oro, plata estaño o zinc), pues varias han superado los 50 años, una edad que se convierte en un factor de marginalidad para las  mujeres en el país.

La mayoría se inicia como palliri porque son mujeres solas con hijos, otras porque sus esposos fallecieron o sufrieron accidentes en la mina, en sí, ser palliri es una alternativa para   llevar el mínimo sustento al hogar.

El trabajo es rudo.


Cargando un combó de metal macizo soportado por un mango de madera y una merienda cargada en el aguayo, ellas temprano se dirigen a sus áreas de trabajo sobre todo, son colas y desmontes; roca y tierra que acumulan en enormes promontorios las empresas mineras estatales o las cooperativas, después que han explotado el  mineral.

Casi por espacio de diez horas,  a puro golpe, pulverizan la roca, después ciernen el polvo  donde separan  el mineral, sea este oro, plata estaño, zinc, etc.  Algunas, lavan en agua el polvo para separar los residuos de tierra del mineral y para ello, utilizan químicos como mercurio con un gran riesgo para su salud. Ellas trabajan expuesta a la rudeza del clima -sol extremo en el día, vientos helados por la tarde y muchas veces lluvia por la noche-.

A esto, hay se suma  el problema ambiental, muchas están en las orillas de los riachuelos donde las aguas bajan contaminadas generalmente con mercurio, además deben respirar el polvo porque las volquetas siguen depositando los desechos de piedra y tierra, mientras ellas trabajan, a esto se suma una mala alimentación, lo que las hace ser candidatas a adquirir tuberculosis y reumatismo.

A toda esta hostilidad, además deben enfrentar el machismo, pues la actividad minera desde la colonia es considera un oficio sólo para hombres. Incluso detrás de las mujeres, se tejió la historia que las mujeres no podían ingresar ni a la boca de la mina, porque era mala suerte y se “secaba” la mina, se perdía el mineral.

De 60.000 mineros 3.000 son  palliris y trabajadoras de interior mina

En Bolivia, después de la relocalización de 23.000 mineros de la Comibol que se produjo el año 1985, se estima que hasta marzo del 2018 unos 8 mil varones trabajan  en las minas privadas y estatales. Mientras que más de 50 mil, son socios y trabajadores de las cooperativas mineras del país. De esta cifra se estima que 3.000 son mujeres palliris y ahora como 600 trabajadoras de interior mina.

Este cambio del ingreso de mujeres como trabajadoras de interior mina, se dio el año 2016, cuando 115 mujeres palliris se incorporaron para trabajar como mineras de interior mina y junto con los varones empezaron a producir mineral en los socavones oscuros y profundos de la mina, en medio de polvo, de aguas ácidas, gases y  sufriendo los altos cambios de temperatura.

Al igual que los hombres, las mujeres entran a la mina con su único sustento para soportar la fatiga que es el pi’jchu o acullico de coca, acompañado del cigarrillo y la legía (ceniza de madera quemada).

Esta aventura comenzó el año 2001, cuando las  mujeres palliris lograron que la Federación Departamental de Cooperativas Mineras de Oruro (Fedecomin) las aceptarán como afiliadas con voz y voto, además que les permita   tener “igualdad de oportunidades  y derechos en el campo laboral”, aunque este último punto es relativo pues las mujeres mineras como son cooperativistas aún están sujetas a que  se les asigne cuadrantes o parajes, que por lo general son en áreas marginales o relaves con poco mineral.

Sin duda, haber alcanzado ser parte de Fedecomin Oruro, no sólo como palliris, rescatadoras de mineral,  sino, como trabajadoras mineras con representación es un  avance significativo, pues esto les permitirá más adelante ser parte de la minería nacionalizada, pues en Huanuni de los 2.500 trabajadores mineros de interior mina, el total son varones y similar situación ocurre en las otras empresas mineras.

A estas, conquistas sociales logradas por mujeres mineras en Oruro, se han sumado las mujeres mineras de Potosí, quienes en un encuentro anual que realizan se reunieron en la ciudad de Llallagua, el pasado 5 de junio, donde demandaron nuevas áreas de trabajo, le recordaron al gobierno su compromiso de construir y entregarles viviendas sociales y que el Estado contribuya a mejorar la seguridad industrial.

Mujer que trabaja en interior mina. (Abi).


La reunión realizada en Llallagua, Potosí, contó con la participación de 150 mujeres trabajadoras mineras de interior mina y palliris (rescatadoras de mineral) que pertenecen al sector cooperativo de Porco, Atocha, Uyuni, Ánimas, ciudad de Potosí.

El encuentro fue organizado por Federación Departamental de Cooperativas Mineras, Federación de Cooperativas Mineras del Norte Potosí y Radio PIO XII.
En una breve encuesta realizada durante el encuentro se confirmó que de 150 mujeres trabajadoras de interior mina  y palliris, el 80% están entre  50, 60 y 70 años, y que un 60% son viudas cuyos esposos fallecieron en accidentes de mina y mujeres solteras con hijos, el 90% son mujeres que mantienen su hogar.

Un 10%  trabaja en el interior de los yacimientos mineros, mano a mano con sus compañeros y 90% son palliris de exterior mina, trabajan en relaves, desmontes y en otros espacios donde se explota mineral. El 80% tiene reumatismo por escavar en las frías y a veces gélidas montañas de desechos de las minas en busca de rocas con algún valor. 

Se estimó que el 60% de las mujeres trabajan en el Cerro Rico de Potosí, en relación a más de 30 cooperativas, 10% está en Catavi, Uncía y Siglo XX, 20% trabaja en áreas de Huanuni y otras minas circundantes y 10% está trabajando áreas cooperativas de La Paz donde buscan oro y plata.

En muchos casos, las palliris lavan el mismo material que han explotado antes, porque los grupos de búsqueda se han multiplicado y los lugares están muy alejados.
 Las 150  mujeres que participaron en el encuentro, expresaron su preocupación por el significativo impacto que tuvo sobre sus ingresos la baja de la cotización en los minerales de estaño y zinc. “dependemos de los  ingresos de la ley de cabeza del mineral que cada vez es más baja”, sostuvieron al demandar más áreas de trabajo y un trato más igualitario.

Se quejaron por los altos niveles de contaminación no sólo en las aguas, sino también en el proceso de desecho de la tierra y piedra, y el incumplimiento de parte del propio sector cooperativo en tareas de seguridad industrial.

Las mujeres palliris, hoy algunas trabajadoras de interior mina, sin duda merecen ser atendidas en sus demandas, pues son una fuerza laboral valerosas  que nunca salieron de la extrema pobreza.

Manos de mujer curtidas por el trabajo.



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