Oruro, Bolivia. 22 de octubre de 2018
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Gana reconocimiento internacional

Ambientalista boliviano crea plástico con fécula de papa

El proyecto de Eduardo Zamorano se insertó en el ranking 57 de los mejores proyectos de América Latina y el Caribe entre más de 500 proyectos presentados

EL FULGOR.com
date_range 10 de junio de 2018

El ingeniero ambiental Eduardo Zamorano López, en el marco de su tesis de grado de la Universidad Católica Boliviana (UCB), presentó  el proyecto “Análisis de factibilidad de bolsas de bioplástico en base al almidón de fécula de papa, como alternativa de mitigación al uso de bolsa de plástico tradicional”, iniciativa que le permitió colocarse en el ranking 57 de los mejores proyectos ambientales de América Latina y El Caribe, promovido por el Premio Latinoamérica Verde; realizado en Guayaquil, Colombia, el 2017.

Después de realizar varias pruebas de laboratorio,  con fécula de la variedad de papa Sany Imilla (roja), originaria de los valles cochabambinos, el ambientalista logró crear un plástico a pequeña escala, que combinado con productos químicos generó un prototipo de bolsa nylon con similares características técnicas que una bolsa de plástico tradicional y dimensiones (ancho: 400 mm, galga 150 y un peso de 1,18 gr).

Según explica Zamorano,  el análisis de factibilidad económica de producción y comercialización destaca que el bioplástico tendría un costo final al consumidor de Bs 0,40 comparado con la bolsa tradicional de polietileno de Bs 0,20, duplicaría su costo; sin embargo, los gastos de la externalidad (costos para mitigar impacto en el medio ambiente) que genera el uso de la bolsa tradicional compensan la factibilidad económica del bioplástico, ya que la bolsa de polietileno demora entre 100 a 500 años de degradación, por lo cual muchos gobiernos de Europa y algunos de América Latina generan una tasa impositiva a las empresas productoras de este material para destinar a acciones de tratamiento y degradación de los desechos de este material.

En cambio el bioplástico, generado a partir de la fécula de papa, demoraría menos de dos años en su descomposición además que podría generar valor agregado, ya sea como biogás (energía) o residuo orgánico, que no implica costos para su degradación.

“En otras palabras, el bioplástico tiene un valor agregado en su proceso de degradación natural y no genera impactos ni efectos negativos hacia el medio ambiente, ya que su degradación es perfectamente compatible con la naturaleza porque es realizada por los microorganismos presentes en el medio ambiente”, precisó Zamorano.


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