Oruro, Bolivia. 15 de octubre de 2018
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CAPUZ CULTURAL

Manuel Alberto Zelada y su legado

Foto de 1926 del Hogar Zelada ubicado en las calles 6 de Octubre y Leon

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 10 de junio de 2018

Dedicamos estas líneas a una obra que ha acogido a generaciones de niños desde 1939 en una casona ubicada en la antigua Avenida Colombia y ahora llamada 6 de octubre. Este edificio fue levantado por un importante hombre público oriundo de Sucre y que forjó una fortuna en su corta existencia en la ciudad de Oruro.

Este edificio construido aproximadamente en la segunda década del siglo XX caracterizaba a aquellas de dos plantas y amplio zaguán con recibidor y habitaciones alrededor de un patio con enfarolado en la segunda planta que acompañaba un amplio patio. La casa es parte de la historia local, pero más aun lo que representa para nuestra ciudad; sin embargo, paradójicamente, fue de la que menos escribieron los estudiosos.

Es el caso del Hogar de Niños “Manuel Alberto Zelada”, que se ubica en la casona anteriormente descrita y cuyo interior concentra la historia de muchas generaciones de niños y adolescentes que por circunstancias de la vida llegaron a cobijarse en esta institución y forjarse después para ser hombres de valía.

Don Manuel Alberto Zelada Valda, siendo abogado fue además catedrático en 1927 conformando con otros intelectuales de valía el interesante grupo llamado “los siete sabios”, que se dedicaron al estudio de la filosofía y además al análisis de la problemática nacional. Se lo reconoce por su dedicación a la universidad, desde Docente y promotor de la Autonomía universitaria y creador de la Cátedra de Sociología como uno de sus máximos exponentes.

En 1938 fue elegido como diputado para la Asamblea Constituyente siendo parte de la comisión para la redacción de la nueva constitución. El 12 de agosto de 1938 fue elegido Ministro de Trabajo, Previsión Social y Sanidad en el gobierno del Teniente Coronel German Busch Becerra. Lamentablemente, en el ejercicio de su cargo ministerial, Manuel Alberto Zelada fallece intempestivamente.

La pérdida fue muy sentida, sin embargo, no se olvidó de los niños. Tomando en cuenta que en ese tiempo se había establecido el hogar Penny dirigido inicialmente por la Congregación de la Cruzada Pontificia, ahora Misioneras Cruzadas de la Iglesia, cuya fundadora fue la Madre Nazaria Ignacia March Mesa, pronto a ser canonizada. Fue un hogar fundado para los huérfanos de guerra; en ese tiempo, fue necesario tener un hogar para varones, y precisamente la Casona de Manuel Alberto Zelada como legado de su patrimonio fue destinado para lo que se llamaría el muy conocido “Hogar Zelada” para niños huérfanos de la Guerra del Chaco que comenzó a funcionar el 1 de junio de 1939.

Los reencuentros de los zeladistas son frecuentes acompan?ados de sus familias


Este hogar acogió a muchas generaciones desde aquel lejano año, niños que se formaron bajo una estructura institucional, que como dijimos más arriba, tuvieron como hogar aquella estructura y considerar a sus hermanos a quienes convivían en la misma y de diferentes edades. Este hogar, por la sobrepoblación en la década de los sesenta y setenta se creó el Hogar de Capachos y el Hogar Granja Capachos. En el patio, en una estructura de dos pisos encima de lo que fue el comedor se estableció el Centro “Gota de Leche” para lactantes y niños pequeños menores de cinco años.

El problema del abandono no era ya a los huérfanos de guerra, sino a madres que por perjuicios de la época quedaban solas o no podían mantener a más hijos, debiendo dejar en las instalaciones a sus hijos. Terrible decisión, pues apartarse de su propio hijo, aun ahora es muy complicado entender.

Pese a las limitaciones, eternamente por la falta de presupuesto, los niños y adolescentes se fueron formando en sus aulas, se instaló en el segundo piso una interesante biblioteca y se armaron talleres de sastrería, costura y zapatería. En el último tiempo, se dotó de un taller de metal mecánica, corte y confección, repostería y una amplia panadería con apoyo de una organización internacional como fue Christian Children’s Fund.

El deporte fue algo que caracterizó, especialmente el equipo de fútbol de salón “Zelada” que disputaba los campeonatos en las diferentes categorías desde 1962, reconociendo a sus fundadores como Juvenal Caballero, Jorge Bolivar Ledezma, Juan Jara, Agustín Gallardo, Celestino Flores, Juan Lamazara y Eufronio Borda; en alguna generación de este equipo eran acompañados por el hermano Demetrio que portaba su maletín a modo de preparador físico, el muchacho que ya tenía 22 años tenía una malformación en la espalda y eso le provocó que a esa edad falleciera en el hospital por insuficiencia cardiaca. Lamentablemente, no tenía familia que reclame por él.

La sensación de no haber tenido una familia “funcional”, permitió organizar en la edad adulta lo que se constituye en una asociación interesante llamada “Familia Grande” que aglutina a ex internos de los hogares Penny, Zelada, Paria, Capachos y el Centro Técnico Femenino. Las expresiones de solidaridad entre todos ellos considerados hermanos, que si bien biológicamente no lo son, se consideran en ese lazo fraterno para toda la vida y en la edad adulta tienen expresiones de solidaridad dignos de mención cuyos encuentros anuales permiten conocer los sueños alcanzados.

Las historias de los niños a momentos de su ingreso en este Hogar fueron diversos, las experiencias y anécdotas, tomo también malos momentos son parte de los recuerdos que fortalecen su deseo de seguir adelante y además fortalecer sus lazos de amistad entre ellos como de su propia familia. Son historias que no fueron contadas.

En el último tiempo, recordaremos siempre a don Francisco Soto y además por circunstancias de la vida le tocó a un ex interno José Lima apodado el “Choco” llevar adelante la institución. A propósito de apodos, muchos de ellos son reconocidos inclusive hasta hoy por los sobrenombres, de ellos tenemos los más sobresalientes: Burbulas, el Cura, Taqui, Tomatitos, Muerto, el Choco, el T’isi, Cacheo, Pinino, Pato, Tigrillo, Sapo, Diablito, Betus, Chino, Ñoño, Choco, Chispas, Chorizo, Chivito, Cuca, Cuajinais, Pescado, Quico, Macgiver, Cachuchas, el Paceño, Lalo, Maletas y su hermano pequeño el Maletín, el Huevo, Tití, y muchos otros de diferentes generaciones que ya es imposible nombrarlos por la falta de espacio; puede ser una falta de respeto, pero estos apodos son parte de su identidad. Bajo la dirección de los administradores se participaba en eventos culturales, como el Corso Infantil, siendo elogiados por el Círculo Cultural Ateniense por su originalidad.

Himno al Hogar Manuel Alberto Zelada


La mirada vigilante de quien fuera director de la Dirección de Asistencia Social o de ONAMFA don Abel Ramos Sologuren, permitió consolidar muchos beneficios a los niños de este hogar y en el tiempo trasciende la historia de niños que tienen su propia historia, cuya mejor época pese a muchos factores, ellos llamaban al lugar de su acogida “Hogar”.

Esta es una historia incompleta, reunir a las diferentes generaciones y conocer sus historias será parte de otro proceso, pero queda en nuestra memoria colectiva la presencia de esta institución que forma parte de nuestra colectividad.

Con mucha nostalgia recordamos a la salida de los niños muy temprano de la puerta grande de la casona hacia la escuela 10 de febrero, tomados de mano y dirigidos por el Educador cantando el himno al Hogar Zelada, compuesto por la Profesora Daría Arce Virreira y en la música el Profesor Ricardo Cortez y Cortez, entre cuyas estrofas cantaban a viva voz aquellos niños que por circunstancias de la vida les negaron vivir en una familia, pero aprendieron a formar la suya:

“…Compañeros, con toda entereza
Resolvamos tener dignidad
Al que estudia y trabaja constante
Jamás nadie le puede humillar”.


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