Oruro, Bolivia. 20 de octubre de 2018
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La madre boliviana

EL FULGOR.com
date_range 27 de mayo de 2018

En Bolivia, hoy se recuerda el día dedicado a la madre, ese ser sublime que sólo se puede comparar con Dios ya que en su vientre, se gesta la vida, la cual cuidará a lo largo de toda su existencia con abnegación y sacrificio permanente.

El Día de la Madre boliviana fue instituido a través de una ley del 18 de noviembre de 1927, dictada durante el gobierno de Hernando Siles Reyes, como homenaje a las valerosas madres cochabambinas que un 27 de mayo de 1812, durante la guerra de la Independencia, se enfrentaron a los españoles.

Sucedió en la colina de San Sebastián cuando las madres junto a sus hijos y ancianos lucharon por la libertad frente a un ejército bien armado, ellas tenían sólo palos y piedras, fue una masacre, murieron en el desigual combate pero nos legaron un ejemplo de grandeza y amor por la patria que no conocieron.

   La madre, que debería recibir nuestro homenaje de gratitud todos los días del año, es ese ser que lo da todo a cambio de nada que no mide horas de sueño o de descanso cuando de cuidar al hijo o hija se trata.

La madre está a lo largo de toda su vida junto a sus hijos, sin importar lo mal que algunos se portan, hijos que se convierten en delincuentes e incluso en asesinos, que son repudiados por la sociedad, encuentran en su madre el consuelo y la comprensión.

El cuidado de los hijos comienza en el vientre cuando la madre alimenta al futuro ser con su misma sangre, que al nacer, recibe la leche materna que le ayudará a crecer y a protegerlo de enfermedades y otros males.

La madre de ahora, se esfuerza el doble que el varón ya que realiza sus labores en su fuente de trabajo y cuando vuelve al hogar debe cuidar de los hijos y ocuparse de las tareas propias de la casa.

La madre campesina, no sólo es la encargada de traer al mundo a los hijos sino que los cuida con amor hasta que alcanzan su desempeño propio pero, además, realiza las labores del campo como preparar el terreno, sembrar y cosechar, todo esto sin descuidar la alimentación de los miembros del hogar.

Madres de la ciudad, del campo, de todos los barrios, de todas las edades ofrecen cada día, su esfuerzo para el bienestar de la familia.

Muchas de ellas abandonadas por sus esposos o parejas , deben enfrentar solas el desafío de criar a los hijos, educarlos y formarlos para que sean hombres y mujeres de bien, hacen las veces de mamá y de papá.

Los hijos muchas veces no comprendemos la grandeza de este ser que nos dio la vida y nos cuidó siempre  dejando de lado todo inclusive sus propias necesidades y en silencio, estoicamente, nos brinda amor, comprensión frente a nuestros errores.

Muchos hijos, tarde entienden lo sublime de la madre, cuando el Supremo Hacedor, la llama para premiarla por haber cumplido su misión terrenal y disfrutar de la eternidad a su lado.

Entonces, recién se comprende que toda nuestra vida habíamos tenido al ser más hermoso y sublime de la creación y no lo supimos valorar y sólo nos queda llorar su ausencia. Y aquellos que aún la tienen ámenla, respétenla y ríndanle el homenaje que se merece no sólo hoy, sino, toda la vida.


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