Oruro, Bolivia. 18 de diciembre de 2018
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Antes de llamarse Potosí, la ciudad se denominó San Agustín

La Iglesia de San Agustín para Potosí, no es solo el templo, es parte de su propia historia

La Iglesia de San Agustín

EL FULGOR.com
date_range 13 de mayo de 2018

La historia de Potosí y la construcción de lo que ahora es su patrimonio, reconocido mundialmente por su arquitectura y su valor económico que significó su riqueza minera, empieza, cuando el “indio” Diego Huallpa descubrió en el cerro del Sumaj Orco,  las minas de  plata, que  después fueron bautizadas con el nombre de Cerro Rico de Potosí.

La difusión que hizo Diego Huallpa del cerro originó que en 1545 la corona española tome posesión y comenzara la explotación de vetas argentíferas, en la primera mina la Descubridora, hecho que, también dio origen a la fundación de Potosí en 1546. Con esto, en la ciudad de  Potosí se desató un caótico crecimiento poblacional que sobre todo demandaba mano de obra para la explotación de las más de 5.000 bocaminas que abrieron para explotar el mineral y que se conservan hasta hoy.

En 1572, llegó a Potosí el Virrey Toledo quien rápidamente se convirtió en organizador clave de la ciudad y en el modo de producción se apropió de la mita, el trabajo colectivo,  para la explotación de la plata.

Potosí, a partir de su fundación se convirtió en la urbe más poblada que Londres y París, y la riqueza que producía le hizo “merecedora” por parte del Emperador Carlos V  de la denominación de “Villa Imperial” quien, además le otorgó el “escudo de armas”.

Con los títulos, la explotación de su riqueza, el saqueo económico que vivió Potosí, también llegó lo único y positivo que estaba ya acabando en Europa  renacimiento cultural que se expresó en todas las artes.

Con el renacimiento de Potosí, llegaron a la ciudad de la plata, pintores, escultores, orfebres, talladores la mayoría provenientes de Italia, España y  Francia que plasmaron en las construcciones  hechas en piedra y ladrillo los estilos barroco, clásico y renacentista.

Así, empezaron las grandes construcciones arquitectónicas entre ellas la Casa de la Moneda y  templos patrimoniales (sólo en la ciudad);  como la Catedral, San Lorenzo (1),  Santa Teresa (2), Santa Bárbara (3), Santa Mónica (4), San Bernardo (5),  San Sebastián (6), San Benito (7), San Juan Bautista (8), San Cristóbal (9),  San Martín (10), San Pedro (11),  La  Concepción (12),  La Merced (13), Belén(14), Jerusalen 815), San Francisco (16), Santo Domingo (17), San Juan de Dios (18) ,  Iglesia de la Compañía de Jesús (19),  Copacabana 20) , el Monasterio de Nuestra Señora de los Remedios (21) y el Convento de  San Agustín (22).

Los  españoles llegaron en 1435  y como fue toda la conquista, también llegaron los frailes católicos cargando la bandera blanca con la cruz roja,  el signo de conquista evangelizadora del cristianismo que en las  Cruzadas había sometido a toda Europa. Los españoles  y los católicos  habían bautizaron  a la ciudad de Potosí, primero  como San Agustín y  los devotos, insistían en su deseo de instalar a la Orden agustina en la ciudad.

La Orden de San Agustín  llegó a Bolivia en el año 50 del Siglo XVI,  llamados por Lorenzo de Aldana entraron en el mundo de los aymaras y urus que vivían en los actuales  departamentos de Oruro y Cochabamba. Allá en 1556 fundaron los primeros conventos en Capinota, Chacllacollo, Toledo, recién en 1562  se establecieron en La Paz y Charcas.

Los agustinos tenían tres niveles para evangelizar estaban primero las poblaciones de las ciudades, de las áreas rurales los campesinos y las “tribus”. Ellos cuando llegaron al altiplano de La Paz, no tuvieron problemas en su misión, sin embargo se retiraron del Lago Poopó porque consideraron  que era imposible predicar por la precariedad en que vivían y porque consideraron que “primero se debería civilizar a su población” y sacarlas de su hábitat, que era el lago.

El cronista Calancha, que algunos años fue predicador en la Villa Imperial, dice que los agustinos cuando llegaron a Potosí se vieron confrontados con la corona por la inhumana suerte de los indios que deben prestar su mita y levantaron su voz contra el duro tratamiento que recibían.

“Pero, más indios que metales han molido los ingenios, pues cada peso que se acuña cuesta diez indios, que se mueren, en las entrañas del monte resuenan los ecos, de los golpes de unos gemidos de otros, semejan los ruidos al horrible rumor de los infiernos”, fue la palabra de los agustinos, dice el cronista Calancha, al referirse al trabajo en el Cerro Rico.

Además, los agustinos que estaban en pobreza tenían miedo de predicar entre tanto metal preciado. Pero, los cronistas relatan que el antes de 1583 la  Villa Imperial sufrió una devastadora sequía, pero las súplicas a San Agustín trajeron lluvias,  por lo que el hecho milagroso hizo posible la llegada de Fray Diego de Castro, acompañado de cuatro religiosas y establecieran  la parroquia de San Agustín, hoy Iglesia de Copacabana de Potosí,  donde el escultor boliviano descendiente de Wayna Qhapak, Francisco Tito Yupanqui labró la estatua de la  Virgen de Candelaria  el año de 1582 y después de varias críticas la transportó a la ciudad de La Paz y de ahí a Copacabana donde los agustinos ya habían construido el santuario y la virgen alcanzó una gran devoción.

En 1585,  el cronista agustino Antonio de la Calancha, escribió: “Tenemos acabada casa y el mejor templo de la ciudad …la capilla mayor de excelentes lacerías…la del Santo Cristo es preciosa… la de Nuestra Señora de Arázazu compite con edificios reales , relató el cronista, refiriéndose a la Iglesia de Copacabana de Potosí que es el primer templo agustino.

La documentación que cursa en la Casa de la Moneda y que es muy abundante, como  también en Cochabamba, Perú y Argentina muestra que la  Orden de San Agustín y agustinos era una Orden relacionada con los Vascos del señorio  de Viscaya y la Provincia de Guipúzcoa, quienes    financiaron la construcción de templos en Potosí y grabaron sus escudos, porque siempre se consideraron independientes de España.

Pero en Potosí, los agustinos tuvieron poca presencia, fue durante la Colonia,  que fundaron dos claustros de religiosas que vivían bajo la regla de San Agustín, sin tener, por lo demás relación directa con la Orden. El primer monasterio de monjas se fundó en la ciudad de Sucre en 1574, bajo el título de Monasterio de Nuestra señora de los Remedios, el segundo en la ciudad de Potosí que empezó el año 1601 llamándose “Retiro de la Inmaculada Concepción  de la Orden de San Agustín”. Copacabana, de Potosí, era un templo que ya estaba edificado, pero en agradecimiento a que  acogió a los agustinos cuando llegaron continuaron hasta concluir su construcción.

En el libro escrito por Emiliano Sánchez Pérez Osa, de la Junta Histórica Eclesial de Argentina, se transcribe las Constituciones y  Ordenanzas de la Iglesia, donde la Junta de la Hermandad  , celebrada el 25 de febrero de  1601,  esta se refiera “sobre la fundación de Convento de San Agustín de la Villa Imperial” en alivio de las almas de sus hermanos muertos, dice el texto refiriéndose a la cantidad de mano de obra que moría en la mina.

Vista de la caída de la Iglesia de San Agustín


La Constitución y la Ordenanza, establece que si alguno de los hombre que vive en la Villa Imperial  descubre minas de plata u otro metal “deben ser obligados a donar cinco barras del metal a la hermandad de Nuestra Señora de Aránzazu y lo propio sea, para los hermanos que tuvieren mina de sal en Salinas”, dice al especificar que en la  celebraciones religiosas no debe pedirse limosna y que la hermandad deberá cobrar sólo el 50% para los funerales y ayudar a los más pobres.

La misma Constitución y Ordenanza, dice que para concluir con la construcción de la Capilla Mayor del Convento, los Prior y frailes  obliguen a sus diáconos  que  las limosnas de  trecientos pesos corrientes  en cada años, sean  pagados en tercios  a la Hermandad, Asimismo, a cuenta de la deuda de  Diego Olaeta  ordena  que se de diez mil ensayados por la mencionada renta y una piña de cuarenta marcos para que ayude a ser la lámpara del templo, para años posteriores fijaron cuotas fijas y permanentes para concluir el templo. Para la fachada se ordenó que se  obligue  en  las capillas se ponga el escudo de armas de, señorio de Viscaya y la Provincia de Guipúzcoa, ambas de la ciudad Vasca.

Aunque no hay un consenso sobre la fecha de conclusión del Templo de San Agustín y el claustro, se considera que esta fue concluida en 1611, incluyendo las obras de arte de los muralistas y pintores españoles e italianos, y de la gran Escuela Potosina que ahí se asentó.  Hoy, este patrimonio está desparramado pero, se conoce que ahí pintaron a San Agustín, Melchor Pérez de Holguín, Sumbarán  y  Murillo.

El claustro religioso de Sucre fue cerrado en 1826 por Simón Bolívar y ejecutado por Sucre, pero la Orden de San Agustín definitivamente desapareció de Bolivia el 9 de noviembre de 1826, relata el  libro: Los agustinos sobre  en la coyuntura independentista del autor Torres Chacón, investigación que forma parte de la Biblioteca Central de argentina. En la independencia tanto el claustro como  la Iglesia de San Agustín fue saqueada y puesta a disposición de los ejércitos y los agustinos fueron prácticamente expulsados.

Por eso, la caída del techo de la Iglesia de San Agustín de Potosí, no sólo está ligada a su infraestructura, sino a su historia, pues fue un centro que cuestionó el trabajo duro que significó la mita, abrió el convento para asistir para que los mitayos se entierren con ayuda de los vascos que dirigían el templo, no se obligaba al pago de limosnas y, San Agustín fue su patrono natural de los pobres explotados de la mina de plata más grande del  mundo.


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