Oruro, Bolivia. 20 de octubre de 2018
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EDITORIAL

El último dictador

EL FULGOR.com
date_range 06 de mayo de 2018

La madrugada del pasado domingo 29 de abril, dejó de existir en La Paz, Luís García Meza, el último dictador boliviano, se llevó a la tumba varios secretos, entre ellos, el lugar donde se encuentran los restos del líder socialista, Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Quiroga Santa Cruz, fue asesinado durante el asalto a las instalaciones de la Central Obrera Boliviana (COB), el 17 de julio de 1980, día en que se ejecutó el cruento golpe de estado para deponer a la presidenta Lidya Gueiler Tejada.

Los militares tomaron por la fuerza la conducción del estado con el pretexto de luchar en contra de la amenaza comunista, sus hechos demostraron que no fue más que el asalto a las arcas del estado y la protección al narcotráfico y el saqueo de nuestros recursos naturales.

García Meza, gobernó Bolivia con mano de hierro, desde el 17 de julio de 1980 hasta el 4 de agosto de 1981, cuando las mismas Fuerzas Armadas, decidieron cambiarlo, antes había asegurado que gobernaría 20 años.

Sus declaraciones siempre fueron polémicas, una de ellas ante la falta de reconocimiento internacional de su gobierno, lanzó la arenga de que los bolivianos comeríamos charque y chuño antes de doblegarnos a Estados Unidos.

Los partidos políticos y los sindicatos fueron prohibidos, sus dirigentes marcharon al exilio o fueron confinados en centros de reclusión instalados en cuarteles militares y en la isla de Coati en el lago Titicaca.

La prensa fue silenciada, se impuso una cadena informativa nacional a cargo de periodistas que apoyaron al régimen de facto, se dictó el toque de queda, los bolivianos no podíamos circular libremente por las calles hasta las seis de la mañana.

Muchos periodistas salieron al exilio y los que se quedaron sufrieron los rigores de la censura de prensa, se designó un censor para cada medio, especialmente para los periódicos.

Pese a la situación los periodistas se dieron modos para informar sobre las atrocidades del régimen, sobre el saqueo de nuestros recursos naturales como la explotación de las piedras semi preciosas de La Gaiba o sobre el apresamiento de líderes sindicales para preservarles la vida, de lo contrario, podía ser desparecidos.

El ministro de Interior, Luís Arce Gómez, fue sindicato por un periodista estadounidense de estar vinculado directamente con el narcotráfico, se decía que era pariente del llamado Rey de la Cocaína, Roberto Súarez Gómez.

Fue precisamente este ministro que amenazo a los opositores al régimen de facto de “caminar con el testamento bajo el brazo” lo que demuestra la verdadera cara de este gobierno militar que se manchó de sangre inocente de bolivianos e hizo llorar a muchas madres bolivianas.

Durante el proceso penal al que fue sometido García Meza, luego de ser extraditado del Brasil donde había fugado para esconderse de la justicia, el ex dictador reiteradamente negó las acusaciones o dijo no recordar nada. Se dijo que padecía de amnesia.

Sin embargo, antes de su muerte había escrito dos cartas: una al pueblo boliviano en la que niega toda responsabilidad y acusa al también ex dictador y luego presidente constitucional Hugo Banzer Súarez de ser el responsable del golpe.

Asimismo, acusa a su ex ministro del Interior Luís Arce Gómez de los hechos de sangre ocurridos durante su gobierno, es decir, recobró la memoria. La otra carta está dirigida a su familia.

Durante su gobierno fueron asesinados ocho dirigentes de la cúpula del entonces clandestino Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) por paramilitares en la calle Harrington de La Paz.

Con la muerte de Luís García Meza, se cierra un capítulo negro de la historia de Bolivia que las nuevas generaciones deben conocer para que nunca más se repita la toma del poder por la fuerza de las armas, la democracia, con todas sus imperfecciones, es el mejor sistema de convivencia que debemos preservar.



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