Oruro, 18 de julio de 2018
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Teófila Morales una madre y padre que crió a sus siete hijos

Teófila Morales Quispe

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Periodista | EL FULGOR.com
email [email protected]
location_city Oruro, Bolivia
date_range 28 de mayo de 2017

Teófila Morales Quispe, puede sonar como uno de los tantos nombres de mujeres bolivianas, sin embargo, este nombre, es especial porque se trata de una valerosa mujer que, abandonada por su esposo, tuvo el coraje de criar y educar a sus siete hijos.

No es una historia común, es la vida de alguien que ahora con 63 años a cuestas, supo enfrentar los duros golpes de la vida y trabajar, desde el alba hasta muy entrada la noche para alimentar, ayudar en las tareas de sus hijos.

No importaban las condiciones del clima, durante el duro frío del invierno orureño, las lluvias, granizo, ella salía siempre a la calle a vender libros o cualquier otro producto para llevar el sustento a sus hijos.

Esta es una parte de su historia compartida por una de sus hijas:

“Mamita yo te quiero mucho, eres una excelente mamá, eres la mejor que Dios pudo darme, realmente en este lapso de vida que tengo tu me comprendiste, me ayudaste no solo económicamente, también me diste tu amor y ahora estoy aquí con tu esfuerzo y sacrificio y cuando yo sea profesional, mamita yo quiero darte lo que tu te mereces porque tu te mereces todo, tu no has venido a este mundo para sufrir pero tu vida fue realmente un terrible sufrimiento por todo lo que has pasado, abusando la gente de tu inocencia por ser comprensiva, por ser buena ayudaste a algunas personas y no te pagaron cuando tu les prestaste, pero tu mamita fuiste un ejemplo para mí y todo lo que yo sea algún día, lo seré por ti y siempre te voy a agradecer, hay madres que dejan a veces con un solo hijo sufren y nosotros contigo hemos pasado por cosas malas y buenas y aun nos tienes aquí y aun así nos sigues apoyando te amo mamita eres todo para mí”.

Esta es la forma de cómo Ruth Rebeca Choque Morales, agradece a su madre doña Teofila Morales Quispe por haberla criado junto a sus seis hermanos que a pesar de las circunstancia de la vida, supo formarles con valores a pesar de las necesidades para que sean profesionales y en su vida adulta obtengan todo lo que necesiten y no pasen las mismas necesidades que ella atravesó desde niña.

Este es un homenaje a las madres sacrificadas que al convertirse en madre y padre, se olvidan del hambre, del cansancio y las necesidades personales para sacar adelante a sus hijos que tienen carencias por las circunstancias de la vida y deben vivir con lo que su progenitora puede darles con mucho esfuerzo.

Teofila crió a siete hijos después de haber sido abandonada por su esposo que la maltrataba física y psicológicamente, pero su vía crucis no se inicia en esta etapa de su vida puesto que al ser rechazada por sus padres que no le protegían y le daban cariño fue traída a la ciudad para trabajar en hogares, labor que realizó desde sus 6 años y donde fue abusada por sus empleadores que le hacían cocinar, limpiar, lavar ropa sin brindarle un lugar donde dormir, teniendo que descansar en las gradas de la vivienda donde brindaba su servicio.

Ruth recuerda que cuando fue creciendo, conoció la triste historia de su madre que ante los conflictos que se suscitaba en el hogar donde brindaba su trabajo, quería tener su propio hogar, motivo por el que al ser pretendida por el que sería su esposo, pensó que los días de sufrimiento ya habían terminado, un sueño que quedó en eso, solo un sueño que se esfumó al pasar los años cuando su esposo que era menor que ella empezó a maltratarla y después de algunos años abandonarla dejándole a cargo de sus siete hijos.

De esta manera doña Teo como es conocida por sus amistades, emprendió su propia odisea, trabajando en todo lo que pudo para mantener a sus hijos y darles una vida digna a pesar de las necesidades incluso de comida que era lo más apremiante, asumiendo de esta manera la función de madre y padre a la vez.

Tras este nuevo golpe de la vida, doña Teofila empezó a vender libros que era con lo que mantenían a sus hijos junto a su esposo que a pesar de haberla abandonado sacaba los pocos bienes que tenían en común para venderlos habiéndoles dejado pocos libros para sustentar de esta manera las necesidades de sus hijos.

“Mi padre al tener llave del depósito donde guardaban los libros, se los sacaba incluso los vendía sin dar un boliviano ni para el pan de nosotros y mi mamá se puso a trabajar en lo que pudo, vendía libros, comida, tostado en muchas ocasiones viajaba a vender a las festividades de algunos pueblos para ganar unos pesos, así vendió algunas cosas también para tener un monto de dinero con el que podía empezar algún tipo de comercio que le permitiría ganar un monto pequeño de dinero para alimentarnos”, recuerda.

Pero el hambre, el estudio y la vestimenta de sus hijos no fueron lo único por lo que tenía que batallar diariamente doña Teófila, puesto que su hija mayor al tomar una mala decisión quedó durante dos años en mal estado, un daño cerebral del cual se repuso gracias al sacrificio de su madre y en ese espacio de tiempo al sufrir de esa desesperación y con el estrés descargaba su impotencia castigando a sus hijos si no se comportaban bien, ya que el sacrificio que ella realizaba era para verlos convertidos en hombres y mujeres de bien con valores y sobretodo con respeto por Dios.

Durante los años más difíciles, algunos días no tenían nada que comer, pero como toda madre a pesar de estos problemas, hacía maravillas para mantenerles además de haber logrado la colaboración de un proyecto donde dejaba a sus cuatro hijos menores, quienes recibían alimentos, lo que permitió reducir el estado de anemia que tenían ante la falta de alimentos en la etapa de crecimiento.

Ruth recuerda los difíciles momentos y derrama lágrimas manifestando que era horrible cuando su mamá tenía que salir temprano a vender, llegaba y lavaba ropa, cocinaba con lo que había o con lo que le regalaban a pesar de estar en mal estado como las verduras y otro tipo de alimentos.

“La verdad su vida fue muy triste, fue una mujer muy fuerte porque cuando nació su último hijo estaba ya desesperada y con ganas de buscar una solución simple como el de abandonarles o quitarse la vida, pero al ver a sus hijos que pedían comida reaccionó y tuvo que asumir el reto dando lo mejor para que nosotros estemos bien y lo bueno es que gracias a Dios estamos aquí y estamos estudiando y de esa manera mis hermanos mayores ya son profesionales y estamos bien gracias al esfuerzo de mi mamá estamos bien, pero ella se esforzó mucho” manifiesta emocionada.

Cuenta que su hermana mayor Lizeth se escapó a los quince años de su casa y se fue a la Argentina, pero al arrepentirse y al constatar que no era la vida tan fácil, retornó a Bolivia y pidió perdón a su madre que a pesar de este tropiezo, apoyó a su hija pagando sus estudios para que sea enfermera y actualmente trabaja en Argentina, el segundo de sus hijos estudió en el magisterio y por azares del destino pudo irse a España, a quien extrañan mucho porque era como el padre de sus hermanos.

La tercera es Lourdes la que tenía trastorno mental, quien estudió y egresó como técnico en agroindustria, el que sigue no estudia pero ayuda a vender los libros y alimentos que preparan en fechas especiales como Carnavales y otras en las que se movilizan todos los integrantes de esta familia.

Ruth estudia medicina y este año termina la carrera que es solventada por su madre, la que le sigue será abogada porque se encuentra en el segundo año de la universidad y el último este año ingresó a la facultad de ingeniería.

“Mi mamá las veces que no teníamos que comer, hasta el plátano podrido lo convertía en algo rico con sus manos prodigiosas, del tomate o zanahoria podrida ella sacaba algo rico, siempre a sido hacendosa y a dado todo de ella por nosotros, realmente es algo hermoso que aun siga con nosotros porque ella continúa cuidándonos a pesar de ser parte de la tercera edad con sus 63 años”, narra Ruth.

Cuenta que cargar una caja de libros no es nada fácil porque es pesada y su mamá cargaba todos los días dos a tres cajas de libros para vender en calor, frió, lluvia lo que presentaba para llevar el pan de cada día para sus hijos y continúa haciendo esta labor.

A veces va al campo a pastear llamas y a atender a su suegro quien le dio un pedazo de tierra para sembrar papa, haba, chuño que ella misma cosecha, porque según su hija ella nunca está sentada o echada, no tiene ningún vicio, y no se apartó de ellos porque estuvo pendiente cuidándoles protegiéndoles, alimentándoles y aconsejándoles para que no caigan en malos pasos o vicios especialmente en la etapa de la adolescencia.

“Siempre esta con nosotros a pesar de estar cansada, nos da consejos y aun no nos descuida al crecer empezamos a salir a vender con ella los más grandes no quería que hagamos tarea en el puesto porque le preocupaba que nos pase algo, salíamos uno a un lado, el otro al otro lado y ella vendía otra cosa, primero hacíamos tareas y luego le ayudábamos a mi mamá y si no podíamos porque teníamos que estudiar ella sola trabajaba y aun trabaja”, manifiesta sumamente emocionada.

Lo que pide a Dios es que en esta etapa de su vida que ya se encuentra en la tercera edad siga con ellos porque el deseo personal que Ruth tiene es mantener a su mamá porque ella dio toda su vida por ella y sus hermanos y hermanas.

“Sería el colmo que le dejemos así, porque nosotros no hemos nacido con lujos y a veces ella llora y dice simplemente les he dado lo que necesitaban nada al por mayor, no les he dado nada a su gusto, simplemente ustedes se comprarán cuando sean mayores”, refiere al recordar las palabras de su madre.

Según Ruth ese amor de su madre es que el que les llena por completo, motivo por el que no buscan nada más, ni amigas, ni amigos, porque el amor de su madre les llena por completo y satisface sus necesidades a pesar de la situación por la que tuvieron que atravesar, porque lo que les dio mi mamá a sido lo más grande por ser además su madre única.

Al ser consultada sobre cual es el trabajo que realiza diariamente Doña Teo, Ruth cuenta que se levanta a las cinco de la mañana, hace cocer el choclo, a las seis va al mercado en busca de queso para vender con el choclo, mientras tanto prepara los libros que venderá y deja cocinado para que vayan a estudiar y después de pasar clases si su mamá no terminó de vender los choclos que carga en una olla sobre una carretilla, sale nuevamente en la tarde a venderlos mientras tanto sus hermanos muelen el choclo para que a su llegada prepare huminta que vende en la noche.

“Antes era mas terrible pero mas bien con la beca que conseguí en el comedor ya era un plato menos y nos ayudó en algo, eso ayuda un poco, nosotros ahora que somos mayores también trabajamos en todo lo que podemos así nos ayudamos para nuestros gastos y para los gastos de la casa como el pago de agua, teléfono, gas, para pagar la comida que es en lo que mas se gasta y el pago de deudas que mi papá le dejó”, cuenta.

De esta manera y con mucho sacrificio, doña Teo logró ahorrar para comprar una casa pequeña donde sus hijos puedan tener un techo propio, un lugar donde exista comodidad, la cual poco a poco y durante varios años va construyendo faltando hasta el momento la instalación y construcción de un baño y cocina que les hace mucha falta.

“Mi mamá lo hizo todo, lo hizo construir y todos los gastos de la casa ella lo hizo, mi casa esta en Incapozo en la zona Norte pero tiene que pagar el alquiler de un depósito donde deja los libros, además este ambiente se utiliza para preparar los choclos, comida y algo más en las fechas importantes como en carnavales donde se puede vender, para eso nos sirve este ambiente cuenta con tristeza pero con la certeza de seguir adelante por su madre a quien pretende mantener al concluir la carrera de medicina que con mucho sacrificio concluirá gracias a su madre… doña Teo.


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