Oruro, Bolivia. 22 de octubre de 2018
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Contaminación, otra forma de violencia contra la mujer

Concentración de miles de mujeres en la estación Atocha, en Madrid.

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Periodista | EL FULGOR.com
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location_city Oruro, Bolivia
date_range 11 de marzo de 2018

El 8 de marzo, recordamos el Día Internacional de la Mujer, 24 horas dedicadas a reflexionar sobre las actitudes y acciones que los varones tienen hacia las mujeres, y cómo las mujeres encaramos nuestra condición, en la sociedad.

Muchos datos sobre maltrato se escucharon, pero que pasan a ser eso, solo números, sin dar una mirada más allá, qué hay detrás de esas historias de mujeres agredidas psicológica, física y económicamente, debilitada en su amor propio.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), sostiene que el Día Internacional de la Mujer es “cuando las mujeres de todos los continentes, a menudo separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen para celebrar su día, pueden contemplar una tradición de no menos de noventa años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo”.

Se asegura que el Día Internacional de la Mujer “se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre.

Pasajes de la historia cuentan que en la antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra; en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían «libertad, igualdad y fraternidad» marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino.

Este día internacional se dio al final del siglo XIX, que fue, en un mundo industrializado, un período de expansión y turbulencia, crecimiento fulgurante de la población e ideologías radicales.

Desde todos los confines del planeta las mujeres continúan reclamando ese reconocimiento de sus derechos, sin tratar de ser superiores a los varones, más bien en una suerte de equidad.

Lamentablemente en nuestro medio, la situación de las mujeres aún es de mayor preocupación, cuando predomina el machismo, ejercido no sólo por los varones, sino también por las mismas mujeres, que nacieron y crecieron en un entorno de dominio del sexo masculino.

En el área rural es mayor esta diferencia, pues además de la discriminación que sufren las mujeres, y en muchos casos, maltrato, está la vulneración de sus derechos a través de la contaminación, que afecta en mayor medida de las mujeres.

Entonces además de la violencia física, psicológica, económica, está la violencia ambiental contra las mujeres, que es toda acción u omisión, que  al  dañar  el  medio  ambiente  impida  o  restrinja  el  ejercicio  de  los derechos  de las  mujeres,  perjudicando  su  calidad  de vida, su integridad, su salud, su economía, su  trabajo,  su  patrimonio,  su  identidad cultural y es ocasionada por las personas, es decir, actividades antrópicas.

Claro ejemplo de la violencia ambiental en nuestro departamento es la contaminación minera, que afecta a hombres y mujeres pero de forma diferente, porque son las mujeres las que deben afrontar los daños de la contaminación en el territorio, cuerpo y comunidad.

Son las que se quedan a cargo de la producción  agrícola,  de  las  labores  familiares y del cuidado de la familia.

Deben encargarse de garantizar agua limpia para la comida, la limpieza, los animales, además deben asegurar la alimentación de sus familias, de la salud, de los animales y;  cuando  hay  minería  existe  una  sobre  carga  de trabajo para las mujeres.

Esta realidad la visibiliza el Colectivo de Coordinación de Acciones Socio-Ambientales (CASA), con una mirada diferente a la realidad de la mujer en el área rural, que aún es la población más vulnerable.

“Las mujeres en las comunidades viven en peores condiciones que los hombres rurales o las mujeres urbanas. Carecen de infraestructuras y servicios, trabajos dignos y protección social, la participación en espacios de decisión son limitados, además de ser más vulnerables a los efectos de la contaminación minera siendo afectadas en sus derechos como al trabajo, salud, patrimonio, economía , de acceso al agua y en sí, al derecho a la vida”, expresó Ángela Cuenca.

En la Gran Vía de Madrid.


“Yo reclamo por la contaminación que tenemos en el campo, la contaminación minera, por basura, las bolsas y plásticos, nuestros animales han muerto, ya no es como antes, cuando vivíamos de la producción que teníamos, por eso hoy estamos reclamando nuestros derechos y de nuestros hijos, necesitamos un terreno limpio, agua limpia, para poder vivir y para que vivan nuestros hijos”, manifestó por su parte, doña Calixta Mamani.

Es preciso reconocer el rol de la mujer rural, en Bolivia, que queda en total desprotección, pero con la responsabilidad de proteger a todos en su familia, y son momentos como este 8 de marzo, en los que más allá de pensar en felicitarse entre mujeres o esperar que los varones las feliciten, piensen en cuanto contribuyo desde mi condición de mujer o varón, para que todos puedan vivir dignamente.


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