Oruro, Bolivia. 15 de octubre de 2018
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CAPUZ CULTURAL

Se cerró el correo…

Se entregó el edificio en agosto de 1911

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 11 de marzo de 2018

Para las generaciones que se criaron bajo la luz de la tecnología, es completamente de otro mundo la nostalgia que aun mantenemos quienes acudíamos al edificio de Correos de nuestra ciudad a dejar algún sobre “tricolor” con cartas en su interior.

Era un afán escribir misivas en ese papel delgado y por supuesto el arte de doblar en “tres partes” si es que no se doblaba en cuatro debía introducirse en ese sobre “tricolor”. La infaltable estampilla adquirida en una de sus ventanillas, nos recuerda la época que era frecuentada por los filatelistas buscando las “novedades” en las estampillas y los sobres del primer “envío”.

La motivación de acudir al correo a consultar si existía alguna carta a nuestro nombre o revisar la casilla de correo, era parte del recorrido saliendo del colegio en nuestra adolescencia. Se puso de moda en aquel tiempo los “amigos por correspondencia”, era la única manera de contactarnos con personas que no eran de nuestro mismo ámbito. Las cartas tardaban entre diez a quince días a nivel internacional y a nivel nacional entre tres a cinco días; sin embargo, acudíamos a revisar si no existían cartas a nuestro nombre todos los días.

En épocas festivas de fin de año, el correo se llenaba por personas que enviaban a sus seres queridos o amistades las ya olvidadas tarjetas navideñas, con la característica de cortar un extremo del sobre para que el cobro en el franqueo con estampilla no sea muy oneroso. Era muy frecuente ver a personas mayores leer cartas o tarjetas en el vestíbulo del actual edificio con la mano en la boca, con una pequeña sonrisa o algunas derramando alguna lágrima.

Al leer una carta escrita con puño y letra del remitente, era el contacto con la otra persona que se encontraba lejos, se podía imaginar la motivación para la redacción de aquellas líneas, algunas veces con bolígrafos que contenían aroma. Por cierto, era una sorpresa recibir alguna carta que incluyera alguna fotografía, eso alegraba mucho más al destinatario, pues era un detalle que solo estaba reservado para los más allegados.

Podemos imaginar el periodo de la Guerra del Chaco, en el cual la gente se arremolinaba en el edificio preguntando si llegó carta del frente de batalla o del cautiverio, o bien enviar las codiciadas “encomiendas” en bultos envueltos en papel madera y atados con un cordel. Las malas noticias también eran recibidas en este recinto causando escenas desgarradoras.

Lo narrado anteriormente, era parte de una cultura que fue sustituida por la impersonalidad de las redes sociales, los mensajes de texto son la característica y las fotografías de los usuarios inundan el ciberespacio. Esa cultura del correo, lamentablemente no fue preparada para esta corriente, nuestro edificio de Correos poco a poco quedó abandonado por sus usuarios, las casillas clausuradas y los empleados sin ingresos que justifiquen su loable trabajo.

Aun puedo recordar a aquellas personas amables que trabajaban en sus oficinas y en distintas reparticiones, incluso fuimos testigos en esta última navidad de haber franqueado dos cartas escritas por dos niños y dirigidas a Papa Noel, tal vez fueron las únicas y de repente las últimas que pasaron por el buzón.

Su arquitectura fue diseñada por Adán Sánchez


La nostalgia de esta cultura ya pasada, se vincula con el edificio que ya cumplió los cien años, lejano está el haberse colocado la piedra fundamental en 1906 reemplazando al viejo y colonial edificio que fuera en otra época protagonista de hechos históricos.

No se pensó que dejaría poco a poco de servir a la comunidad y apagarse como la llama de una vela.  Aun así, se construyó un hermoso edificio entregado en agosto de 1911 de manera parcial y alguna de sus dependencias entre 1912 y 1913, es una de las construcciones más hermosas del país por su arquitectura diseñada por Adán Sánchez que pensó en el avance tecnológico de la época destinando la segunda planta al servicio de telégrafos, otro servicio que se perdió en el tiempo por la falta de uso.

Ahora, este edificio fue intervenido porque la empresa de Correos del Estado no generó los ingresos necesarios dejando cesante a su personal que no tuvo inclusive la paga correspondiente ni los beneficios que por ley corresponden. Por extraño que parezca, existe un servicio de correos “informal” que desplazó al servicio de correos del Estado, y este es el servicio de encomiendas de las empresas de transporte departamental e interdepartamental; si no se hubiese desplazado este servicio a la Terminal de Buses el servicio de Correos del Estado seguiría vigente, urge analizar y pensar si se debiera mantener un servicio que es del sector privado por estas empresas cuyo único objetivo es el de transporte de pasajeros y no de “encomiendas”. Existen usuarios que aún esperan sus envíos realizados a través del Internet y deberán esperar un servicio alternativo, que esperemos no sea el de las empresas de transporte.

Debemos preguntarnos: ¿el edificio seguirá cumpliendo su función para el cual fue construido? ¿Cambiará a otro rubro? ¿El servicio de correos seguirá vigente o será reemplazado por el de encomiendas de las empresas de transporte? Las respuestas no solo las tendrá que dar el Estado, sino los usuarios que aún podemos acudir a revisar si nos llega correspondencia a la vieja casilla de correo o al destinario “Correo Central” para recibir las cartas de otros destinos y evitar que este servicio quede caduco como fue el de telégrafos obligándonos a utilizar el servicio de los “Correos del Estado”.

El edificio de Correos es un patrimonio arquitectónico de Oruro



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