Oruro, 15 de agosto de 2018
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La sequía del Lago Poopó dejó a la pesca atrás

Un trabajo en las minas u otros oficios es el futuro que les espera a los Urus

Recuerdos del presente, la sequía mató al lago y también a los peces. (Fotografía David Mercado).

EL FULGOR.com
date_range 04 de marzo de 2018

De pescadores a mineros, albañiles y artesanos, entre otros oficios  se resume la actividad de la Nación Milenaria Uru, que desde sus asentamientos en las riberas del Lago Poopó fue conocida por vivir de la naturaleza, es decir, de la caza y la pesca de especies nativas de la región. Hoy, este panorama cambió radicalmente quedando solo recuerdos heredados de sus ancestros.

Un viaje por carretera desde la ciudad de Oruro en dirección sur, nos traslada a conocer lo que la historia describe acerca de los Urus. Si bien destacar su modo de vivencia hace de esta cultura una de las más importantes, muchos expertos advierten de su probable desaparición al igual que la sequía hizo con en el Lago Poopó.

En la actualidad, son tres las comunidades Uru asentadas en el departamento de Oruro: la comunidad de Puñaca Tinta María en el municipio de Poopó, Vilañeque en el municipio de Challapata y Llapallapani perteneciente al municipio de Santiago de Huari, hoy ahondaremos en la experiencia y vivencia de la más antigua, Puñaca Tinta María, que según los propios pobladores tuvo su primer asentamiento en 1904.

“Antes nuestros abuelos nos decían que el agua llegaba hasta gran parte del cerro, por eso ellos vivian en cuevas o en totoras (canoas), se pescaba para comer pero ahora no tenemos nada”.

“Con el lago comíamos pescado, huevo de las aves, era nuestra fuente de vida, lastimosamente el agua (del lago) se ha secado y para sobrevivir tenemos que darnos modos”, dijo Evarista Flores, pobladora de esta comunidad.

Así se refleja el diario vivir de las familias que aun habitan en Puñaca Tinta María, en sus ojos se refleja la tristeza por un futuro hasta ahora incierto, pero a su vez con la esperanza en que sea la propia naturaleza quien les devuelva lo que hasta hace algunos años fue suyo, el Lago Poopó.

En un inicio fueron cerca de 50 las familias que vivieron en esta región, hoy el numero se redujo a siete, las demás migraron a las minas de Poopó y otras empresas asentadas en distintos municipios, o buscando encaminar labores en el campo de la construcción con la albañilería, las mujeres madres y estudiantes adolescentes incursionan en trabajos de artesanía, pero que no les da lo suficiente para vivir.

“Tenemos que salir a aprender a trabajar, porque si no, no vamos a vivir” refirió, Evarista.

Las lluvias de este año le han devuelto al Poopó, un pequeño espejo de agua. (Fotografía David Mercado)


TRABAJO

Abdón Choque, quien fue capacitado como guía turístico de Puñaca Tinta María cuenta que la falta de trabajo es la principal causa para que año tras año los pobladores Urus abandonen el área rural, su concepto concluye en que muchos “se cansaron” de pedir ayuda a las autoridades para remediar la situación actual del lago, y que el hecho de esperar atención no traerá consigo resultados positivos.

Poco o nada se sabe de las familias que se fueron, algunas vuelven pero en el mayor de los casos no, y las que intentaron dedicarse al trabajo de agricultura o crianza de ganado tampoco tuvieron éxito, pues la contaminación por la actividad minera durante varias décadas, dañó seriamente la tierra en un efecto irreversible. Por tanto, pensar en una fuente laboral para la subsistencia es todavía una gran interrogante.

TURISMO Y ARTESANIA

Es otra alternativa para mantener viva a esta cultura, aquí son las mujeres y las nuevas generaciones quienes proyectan iniciativas para que distintas localidades formen parte de circuitos turísticos en el propósito de captar la visita de turistas del interior y exterior. No obstante, vuelve la tristeza a los corazones tomando en cuenta que el contenido descriptivo, se enmarca en lo que en otrora fue el Lago Poopó y toda su vida que formaba parte de un ecosistema muy singular del altiplano boliviano.

MUSEO

En una pequeña vivienda se adecuó un museo de aves exhibiendo varias especies que en tiempos de apogeo fueron parte de la naturaleza, es interesante conocer las más de 36 especies entre patos y parihuanas, de las que aún subsisten al menos 24, las demás desaparecieron por los efectos de la sequía del lago.

Parecería incomprensible que esta situación afecte también a la actividad artesanal, pues es así, en resumen, si hay agua también artesanías, si no, pues la situación aun se agrava, manifestó Evarista Flores.

“Nosotros hacemos artesanías de Chillahue (planta) pero hay que cosechar en temporal, no se encuentra. Antes había harto, ahora ya no, también hacemos del Cactus y la Totora, todo original, traemos y nos guardamos para hacer porque tampoco hay agua en el lago, todo está seco, este año está lloviendo y ojalá haya”, afirmó.

Lo que se espera es recibir el apoyo de instancias gubernativas para fortalecer el campo del turismo, ya que para los pobladores es complejo trasladarse del campo a la ciudad por el costo económico que implica un medio de transporte y alimentación, hasta que uno pueda lograr comercializar sus productos.

“Quisiéramos ir aunque sea a La Paz para vender, pero no podemos porque no hay dinero, poco ganamos ahora, los turistas vienen a veces y ese apoyo queremos. Muchos ya hemos salido a buscar trabajo pero no nos da para vivir, tenemos la esperanza de que con esto (artesanías) estemos mejor”, finalizó.

Durante la pasada gestión, alrededor de 1.000 visitantes llegaron hasta Puñaca Tinta María. Las empresas de turismo apuestan por incrementar este número durante el transcurso del 2018, fortaleciendo al departamento como uno de los principales destinos turísticos, pero a su vez en una alternativa de apoyo a la cultura milenaria Uru que va atravesando por una situación difícil desde finales del 2015.

La familia Uru tiene un futuro incierto.



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