Oruro, 21 de julio de 2018
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Walter Pillco: el mecánico novidente que arregla motores

Walter en su taller armando un motor

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Periodista | EL FULGOR.com
email [email protected]
location_city Oruro, Bolivia
date_range 08 de octubre de 2017

En la labor cotidiana de realizar la cobertura periodística nos enteramos del gran entusiasmo de un mecánico que a pesar de ser novidente, por sus enormes ganas de progreso y triunfo, continúa arreglando y realizando mantenimiento de movilidades que llegan a su taller. El singular mecánico es Walter Pillco Cazorla para quien el vocablo “no se puede” no existe.

EL FULGOR.com, entrevistó a esta persona que a sus 46 años no se da por vencido y continúa trabajando en su taller mecánico a pesar de tener simplemente un 40 a 30 por ciento de visión lo que a muchos les impediría realizar un trabajo normal y menos tener la voluntad de continuar capacitándose.

Estudia en previsión al momento en el que pueda perder totalmente la vista aprendiendo a utilizar el método braille para brindar a su familia mejores días.

Walter Pillcó, es un mecánico de 46 años que vive con su esposa Irma Sánchez con quien lleva casado 25 años después de estar en unión libre por un buen tiempo, tienen cuatro hijos, la primera de 26 años y el menor de 8 años para quienes es un orgullo tenerlo como guía y buen padre por su espíritu de lucha permanente sin desmayos para mejorar su situación de vida.

Walter empezó a trabajar desde sus siete años aproximadamente cuando su vecino salía a la calle a refaccionar su camión, algo que le llamó la atención y que le empezó a gustar por lo que se convirtió en su ayudante y que marcó su futuro profesional.

Walter cuenta que cuando era joven y sabiendo lo básico sobre mecánica empezó trabajando como ayudante de un mecánico de la empresa Ferrari Ghezzi quien fue capacitado en Brasil para realizar el mantenimiento de los vehículos de la mencionada empresa, posteriormente trabajó en la Corporación de Desarrollo de Oruro (Cordeor) con una persona que le apoyó en su capacitación inscribiéndole en la escuela de mecánica “Simón Bolívar”.

Posteriormente su jefe se traslada a Santa Cruz y le invita a ser parte de un proyecto para continuar trabajando en lo que le gustaba, durante su estancia en esa ciudad pudo estudiar mecánica a diésel durante un año y permaneció por 14 años en la tierra cruceña realizando el mantenimiento de vehículos de una empresa que tenía aproximadamente 400 motorizados.

Retornó a Oruro debido a que su esposa no podía acostumbrarse al clima de esa ciudad, por lo que decidió quedarse y emprender su propio negocio en la casa de su madre quien le apoyó en el inicio de su empresa, donde creó fuentes de trabajo para su familia fundamentalmente para ayudar a su hermano que no tenía trabajo.

En este proceso se encuentra con un amigo que en ese entonces era dirigente del Sindicato de Minibuses Verdes a quien le dio referencias de su taller y este a su vez a los afiliados de esta organización, según Walter fue un golpe de suerte porque de esa manera inició la ardua labor arreglando vehículos a diesel para los cuales no había muchos mecánicos y como se especializó en el mantenimiento de este tipo de movilidades tuvo la fortuna de contar con muchos clientes sin que el problema de la vista sea un óbice para seguir trabajando.

En el método braille escribe EL FULGOR.com

VISTA

El problema de la visión de Walter según cuenta es hereditario porque desde joven ya tenía problemas de visión como su mamá, lo que le impidió terminar de estudiar en el colegio debido a que por tener simplemente un 70 por ciento de visión no podía ver el pizarrón.

Por esta dificultad tuvo la oportunidad de visitar a un oculista quien le recetó lentes de aumento, algo que no podía adquirir su madre que debía mantener sola a siete hijos, por lo que era difícil exigir que le compren uno cuando era menor hasta que llegó a ser adulto y pudo adquirir los mismos, una alegría que sintió al poder ver algo más claro.

A pesar de ello continuó trabajando sin tener accidentes por esta situación según cuenta, aunque una vez al encontrarse bajo un vehículo, este se le cayó encima porque su compañero no tuvo el cuidado de elevar el auto de manera adecuada.

Pasaron los años y el problema de la vista avanzó, lo que no impidió que siga trabajando hasta que le llegó la oportunidad de ser parte de un grupo de beneficiarios del Programa Municipal “Producción con Formación una alternativa de trabajo digno e inclusión social” del Gobierno Autónomo Municipio de Oruro con el apoyo de la Unión Europea y la asistencia técnica de la fundación FAUTAPO.

El mecánico fue capacitado en muchos aspectos sobretodo que le ayudó a elevar su autoestima para seguir mejorando la condición de vida de su familia junto a su esposa que aprendió a llevar las cuentas diarias de los ingresos económicos, a pagar impuestos y pagar al personal para quienes se tramita actualmente el seguro médico.

CAPACITACIÓN

En primera instancia y de muy joven, aprendió chapería porque antes no había un lugar donde estudiar, por eso cuando trabajaba en algún taller y se equivocaban los ayudantes, recibían un golpe provocando que exista incluso una sutura de emergencia.

“Es por esta razón que a mis nueve años ya estaba soldando y si soldaba mal ya me golpeaban con la llave o me quemaba la mano por eso no pude cuidarme la vista porque los médicos me dijeron que debía tener lentes, pero como mi mamá se encontraba sola y tenía que darnos de comer, no había posibilidad de comprar lentes”, manifiesta.

A pesar de su problema por la falta de visión Walter Pillco continúa trabajando aceptando que su problema de salud, actualmente tiene simplemente un 30 por ciento de visión lo que no le preocupa mas al contrario pretende abrir un garaje más amplio y una tienda de repuestos pensando en el futuro debido a que su hijo que estudia mecánica pueda seguir con este emprendimiento, aunque previamente debe terminar de estudiar dentro de un año en el que concluirá su capacitación.

“Estamos pensando abrir un garaje más grande y veo que el se da cuenta de cómo arreglar, es igual como yo porque trabajé desde los siete años viendo a mi vecino que tenía su camión y cuando realizaba su mantenimiento me gustaba ver y aprender y como vio que me gustaba me llamaba y me regalaba unos cuantos centavos, aunque más me interesaba aprender” manifiesta Walter.

Su fuerza de voluntad de superación es inmensa

ENFERMEDAD

Según Walter desde que se encontraba estudiando en básico, ya se le presentó el problema de visión lo que le impedía ver el pizarrón, pero no podía exigir a su madre los lentes que necesitaba porque ella debía mantenerle además de sus seis hermanos y lo primordial para ella era brindarles el alimento diario puesto que fue abandonada junto a sus siete hijos.

Al pasar los años supo que debía utilizar lentes de lo cual informó a su hermano mayor quien por la falta de trabajo no pudo atender el requerimiento y dejó pasar los años dejando de lado la atención primordial de Walter.

Cuenta que grande fue su alegría cuando pudo adquirir sus primeros lentes de aumento que le recetó un oculista y cuando se puso de noche era mayor su alegría porque podía ver mejor, alegría que le duró poco tiempo porque debido a lo avanzada de su enfermedad tuvo que dejar de lado los lentes.

A pesar de este problema, como era inquieto, en su garaje capacitó a sus hermanos, sobrinos y a uno de sus cuñados que a sus 33 años empezó a arreglar vehículos y tras aprender a soldar optó por independizarse después de haber sido capacitado en un instituto.

En 1995 en Santa Cruz decidió que debía operarse, pero los profesionales le aconsejaron que debiera evitar esta cirugía porque correría el riesgo de perder la visión al cien por ciento, aunque le dieron la esperanza de hacerle una operación laser cuando habría médicos y equipos para hacerlo.

Pasaron tres años retornó a Santa Cruz para otra revisión y al existir muchos pacientes para someterse a esa operación continua a la espera de una posible cirugía, aunque le explicaron que una de las venas relacionadas con la visión no desarrolló por lo que tendrían que colocarle una especie chip para que no pierda la vista.

“Hay esperanza de volver a ver bien, pero ya me acostumbré y después de asistir a los cursos en FAUTAPO me subió la autoestima bastante por eso me animé a abrir otros campos y logré obtener un contrato con una empresa minera para arreglar sus movilidades y todo eso hizo que tome cursos para poder seguir apoyando a tres trabajadores que se encuentran en la mina y a otros cinco que se encuentran conmigo”, asegura.

Esta posibilidad hizo que vaya generando fuentes de empleo con la gracia de Dios como el manifiesta, porque aprendió administración, algo más de electrónica, marketing, primeros auxilios, seguridad industrial que se emplea en el taller donde además algunos alumnos de la Facultad Técnica realizan sus pasantías.

Cuenta que antes de pasar los cursos en FAUTAPO no llevaban un control económico, pero tras aprender el manejo contable de manera semanal y mensual le ayuda a conocer cuanto generan, cuanto invierten y cuanto gastan porque antes recibían el pago de su trabajo y no existía el control respectivo.

Junto a su esposa Irma, su compañera y pilar fundamental en su vida

Como junto a su esposa pasaron los cursos, Irma es la que lleva adelante el control contable porque se convirtió el taller en una pequeña empresa familiar ya que actualmente su esposa se encarga de cobrar y pagar los salarios mientras el realiza el mantenimiento de movilidades además de supervisar el trabajo en los demás en la mina y en el taller de Oruro, algo que no queda ahí pues van cumpliendo normativas que beneficien a los trabajadores.

Por todo lo pasado manifiesta a los jóvenes que no existe la palabra “no puedo”, simplemente les falta asesoramiento ante algún problema que se les presenta.

Con este deseo de superación también se inscribió junto a su esposa al CEMA una opción para terminar sus estudios de secundaria y concluir de esta manera su capacitación educativa, pero a la vez pasa clases del método braylle para que si llega el momento de perder la visión completamente pueda continuar capacitándose a pesar de la falta de visión.

“Antes me iba a dormir a mi casa, pero desde que asistí a los cursos me gustó y voy cumpliendo este deseo de capacitarme, yo veo que los jóvenes se decepcionan y es eso lo que les lleva por un mal camino porque el no tener padres no quiere decir que no se pueda seguir, al contrario lo que deben hacer es proponerse, a mi también no me vio mi padre y la lucha constante hizo que esté ahora donde estoy, pero la mayor parte de los jóvenes no quieren estudiar no saben que hacer, aquí vienen muchos a pasar sus prácticas, hay muchos chicos que se sacrifican bastante y trabajan en mi taller y les ayudamos bastante porque quieren superarse, uno ya salió y se fue a la mina a trabajar” refiere.

ESPOSA

Por su parte, su esposa Irma Sánchez, cuenta que son 25 años de haberse casado apoyándose mutuamente porque siempre tuvo el problema de visión y actualmente ella le apoya en su aprendizaje del método braille que le servirá en el futuro.

Un tanto emocionada manifiesta que es un orgullo estar junto a Walter porque le impulsa a terminar el colegio y a capacitarse para mejorar su condición de vida porque de lo que se trata es de poder motivo por el que sus hijos a pesar de ser mayores aún reciben su apoyo como a la mayor que ya se casó, el segundo estudia medicina, el tercero estudia mecánica quien ayuda en el taller y el menor continua en el colegio.

“Fue difícil al principio, pero como veía un poco creo que avanzó su problema de salud cuando soldaba le provocó que empeore su problema, todo quiere hacer y ya se promocionó de FAUTAPO y junto a mis hijos estamos orgullosos de él” asegura Irma.


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