Oruro, Bolivia. 23 de septiembre de 2018
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Familias exigen justicia por la muerte de sus seres queridos

«He ido a comprar para mi hijo, su uniforme, mochila y cuadernos, estábamos yendo a la casa y ya no me acuerdo», relata una madre.

Dolor indescriptible en el entierro del pequeño Alex

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Periodista | EL FULGOR.com
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location_city Oruro, Bolivia
date_range 18 de febrero de 2018

Después de la tragedia suscitada en nuestra ciudad, que tiene como resultado la muerte de 12 personas y decenas de heridos, los que quedan son los que deben seguir afrontando la vida, con nuevos rumbos, retos y con un giro en sus destinos, pues lo ocurrido, provocó sin duda, un cambio radical para las víctimas y sus familiares.

Algunos heridos que tendrán una discapacidad física y huérfanos que deben seguir adelante sin sus padres.

Es el caso de la familia García Arias, pues papá, mamá y el hermano menor, que hace algunos días iba a cumplir un año, fallecieron, dejando a tres jóvenes de 14, 17 y 20 años de edad, en la orfandad.

Apoyados en la pared frente a la morgue del Cementerio General, con un llanto desconsolado esperaban el cuerpo de sus padres y hermano, tratando de entender lo que pasaba y preguntándose cómo irían a vivir hoy, sin quienes los sustentaban.

Quien se iba a imaginar que sus progenitores irían a encontrar la muerte al volver de la iglesia a la que fueron el martes de ch’alla, a las 15:00 horas.

“Se han perdido desde el día martes; a las tres han salido a la iglesia, y he esperado toda la noche. El miércoles hemos salido a buscarles a la iglesia, pero no nos dieron información, no sabían si habían estado allí, luego fuimos a la casa de mi abuelita, por si habían dormido ahí, y tampoco, hemos informado a los vecinos, y ellos nos dijeron -buscaremos en los hospitales-, pero no había nada”, cuenta uno de los hermanos.

Saide Arias de García, era ama de casa y Leandro García, trabajaba en Cochabamba, para poder mantener a sus hijos, y aunque no era suficiente, pues ante la falta de dinero, su hija mayor, tuvo que también buscar trabajo en la ciudad valluna, al igual que el segundo hermano, que era ayudante en un bus interdepartamental, la familia estaba unida.

La abuela materna, Agustina Choque de Arias, tuvo que llegar desde Pazña, para reconocer los cuerpos mutilados de su hija y de su nieto.

“La he encontrado sin pies, mi nieto sin manos, en ese momento no sabía qué hacer”, indicó doña Agustina.

Máxima Solares de Huacaña, abuela de Alex fallecido en la explosión
Agustina Choque de Arias, madre de Saide Arias fallecida


FAMILIA HUACAÑA

¡Justicia!...era el grito desesperado de los familiares y amigos que acompañaron el féretro del pequeño Alex Huacaña Masi, de tres años de edad, quien perdió la vida en la segunda explosión, el martes de ch’alla.

Demetria Masi Coria de Huacaña, internada en el Hospital General “San Juan de Dios”, desconoce que su hijo, que estaba junto a ella, perdió la vida y que el jueves por la tarde fue enterrado.

“He ido a comprar para mi hijo, su uniforme, mochila y cuadernos, estábamos yendo a la casa y ya no me acuerdo”, manifiesta doña Demetria, pero además expresa su desesperación por encontrarse con su esposo, Demetrio Huacaña, y su otro hijo de 10 años que fueron trasladados a la ciudad de La Paz, para ser tratados.

Don Demetrio es albañil, y su esposa comerciante, oficios que les permitían ayudar a su familia, en especial a doña Máxima Solares de Huacaña, quien en su desesperación por encontrar una respuesta a lo ocurrido, asegura que entrará en huelga de hambre si es posible, y que iría a la cárcel sin remordimientos, si encontrara a los autores, del atentado.

“Mi nieto está fallecido, por qué le han hecho esto a mi nietito, es inocente, humilde, quiero justicia, que se esclarezca este hecho, qué daño hemos hecho nosotros, yo voy a llegar hasta donde sea, quiero justicia para mi hijo.  Voy a entrar en huelga de hambre, aunque sola por mi hijo. Mi hijo me ayudaba, y con mis manos haré justica, aunque me lleven a la cárcel”, remarcó sumida en llanto esta madre y abuela.

Estos son algunos testimonios de personas a las que les arrebataron a sus hijos, hermanos, amigos, nietos, y que hasta ahora no pueden entender por qué, y lo único pueden hacer es pedir justicia.

Alex es trasladado a su última morada



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