Oruro, 18 de julio de 2018
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Crece la dependencia de alimentos importados para abastecer la demanda del mercado interno

Gonzalo Flores, especialista agropecuario

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Periodista | EL FULGOR.com
email [email protected]
location_city La Paz, Bolivia
date_range 21 de mayo de 2017

Bolivia importa cada vez más alimentos para el consumo de las familias. Entre el 2006 y 2016 la importación de alimentos se incrementó aproximadamente en un 150 por ciento, tanto en volumen como en gastos, debido a que la producción nacional no alcanza a cubrir los requerimientos y el país se coloca en una posición de déficit frente a la ansiada aspiración de alcanzar la seguridad alimentaria.

La importación total de alimentos y bebidas, durante la gestión 2016, alcanzó a 584 millones de dólares mientras que en la gestión 2006 el gasto representó 237 millones de dólares, según el Instituto Boliviano de comercio Exterior, en base a publicaciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Entre 2006 y 2016, el valor acumulado de las importaciones de alimentos y bebidas alcanzó a 5.327.510.798 dólares.

La importación de alimentos no sólo desincentiva la producción del mercado interno, genera pérdidas a los productores y reduce la inversión; como advierte el sector empresarial de Bolivia, sino que también implica, que los precios de varios alimentos que consumen las familias bolivianas, dependan cada vez más del comportamiento de los precios internacionales.

Según estimaciones del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), basado en publicaciones del INE, Bolivia importa anualmente más de 500 artículos agropecuarios que componen la canasta familiar, si bien el trigo y la harina encabezan la larga lista, también existen productos agropecuarios tales como los cereales, frutas, hortalizas y legumbres que el país produce pero no abastece totalmente a la demanda interna del país.

Por su parte, la Fundación Jubileo, destaca que 10 países concentran alrededor del 93% del total de la internalización de alimentos, siendo el principal proveedor Argentina, con una participación de 37% del total de las importaciones de alimentos, le siguen Chile con 15%, Brasil con 12%, Perú con 10%, Estados Unidos con 10%, Colombia con 3% y México, Uruguay y China, cada uno con 2%.

Además destaca que en la gestión 2016, la importación de alimentos procedentes de Estados Unidos se incrementó en 46,8% y de China en 9,4; no obstante, el crecimiento porcentual mayor fue el de Uruguay, con 220%.

POLÍTICAS MONETARIAS

Según el especialista agropecuario, Gonzalo Flores, que recientemente publicó el libro “Amargas cosechas”, Bolivia históricamente fue propensa a importar alimentos para abastecer el consumo interno, aunque señala que el gobierno de Evo Morales favorece la importación de alimentos, con políticas de cambio monetario y fiscal, a fin de bajar el índice de los precios de alimentos, y por consiguiente también mantener el índice general de precios, “el alza de precios es una causa de protestas; por consiguiente, el gobierno no sólo mantiene el tipo de cambio apreciado sino que ha gastado mucho dinero en subsidiar alimentos al país”, agregó.

Mientras los países limítrofes que nos ofertan alimentos como Argentina y Brasil, han devaluado sus monedas para recuperar su competitividad, Bolivia mantiene la moneda norteamericana depreciada, “sino modifican las condiciones del tipo de cambio, Bolivia va a seguir importando más y con mayores impactos internos”, puntualiza Flores.

EL CAMBIO CLIMÁTICO

Identificar al cambio climático como un factor que alienta la importación de alimentos, para Flores es una utopía, ya que si bien los desastres naturales generan impactos en la producción también puede traer alzas de la producción, ya que un incremento de la temperatura en ciertos lugares permite que pueda producirse alimentos que no se producían antes.

“Es de doble sentido, obviamente que el cambio climático tiene también la variabilidad climática y la volatilidad climática que puede generar más impacto en los cultivos y el resultado es menor producción pero no genera grandes impactos detectables en las estadísticas bolivianas”, explica al sostener que echarle la culpa al cambio climático por problemas de desabastecimiento interno es una exageración.

OFERTAS ATRACTIVAS

De acuerdo a la explicación de la jefa de Estadísticas del IBCE, Jimena León, uno de los factores que inciden en la internalización de alimentos es la oferta de otros países, que por fomentar sus exportaciones reducen el precio, lo que hace atractiva la importación aunque la producción nacional cubra la demanda interna, como es el caso del azúcar; y por ultimo está el factor de preferencias que tiene el consumidor boliviano por ciertas marcas extranjeras.

IMPACTO EN LA ECONOMÍA

De acuerdo a los datos estadísticos del IBCE y Jubileo, Bolivia importa dos tipos de alimentos, los primarios como por ejemplo zanahorias o manzanas frescas y alimentos procesados tales como la leche en polvo o enlatados.

Según Gonzalo Flores, las importaciones desincentivan la producción de los alimentos primarios y generan efectos negativos en las empresas pequeñas o medianas que producen alimentos procesados, “por consiguiente impide crecer el volumen de la producción, el valor de los ingresos y reduce el empleo entre otros efectos de primera y segunda ola”, precisó.

Sin embargo, el principal impacto es la contracción de la producción interna, ya que cada vez que compramos un paquete de galletas argentinas, una manzana chilena o una libra de papa peruana, estimulamos a los productores de otros países y desestimulamos a los productores nacionales y a largo plazo los efectos serán devastadores, en criterio de Flores.

DEFICIT ALIMENTARIO EN BOLIVIA

Según estudios realizados por el investigador, Enrique Ormachea, del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), el déficit alimentario en Bolivia, hacia el año 2009 fluctuaba entre el 19% y el 21%, advirtiendo que el mismo se explica –en términos de consumo aparente de calorías– fundamentalmente por el comportamiento de un sólo rubro, el trigo que hasta la fecha sigue siendo uno de los alimentos con mayor déficit productivo.

La investigación realizada por Ormachea da cuenta que la contribución campesina a la oferta interna de alimentos es cada vez menos importante, ya que del 70% de contribución en los años 90 se redujo en la década del 2000 al 36,8%, mientras que el sector empresarial y semiempresarial aportaban con el 44,6% y los importadores con el 18,6%.

Actualmente, según las estimaciones de Gonzalo Flores, la aportación del sector campesino (pequeños productores de todo tipo, independientes, en comunidades, ayllus tradicionales, y colonizadores) es del 30% aproximadamente.

A su vez, calcula que actualmente los importadores de alimentos están contribuyendo a cubrir la demanda del mercado interno con el 27 % de las calorías que consume Bolivia.

CRISIS DE LA AGRICULTURA FAMILIAR

Según publicaciones de la Fundación Tierra (Gonzalo Colque, Miguel Urioste y Jose Luis Eyzaguirre en Marginalización de la Agricultura Campesina e Indígena), la agricultura campesina e indígena está en crisis. Las principales manifestaciones de este problema serían:

  • Su bajo aporte al PIB (alrededor de 2% en los últimos años)
  • El profundo viraje de la agricultura hacia los llanos: allá está el 73% de la superficie cultivada y 81% del volumen total de alimentos.
  • La descampesinización, multiactividad y multiresidencia ( dejan de vivir de la agricultura y obtienen los ingresos de otras fuentes, especialmente en las ciudades, por lo que este fenómeno generalmente va asociado con la migración)
  • El consumo de alimentos producidos más por la agroindustria que por los pequeños productores familiares.

DESACIERTO EN LAS POLITICAS AGRARIAS

Para los investigadores de la Fundación Tierra, el Gobierno implementa algunas políticas sectoriales adecuadas pero insuficientes; por ejemplo, la construcción y mantenimiento de caminos rurales, la instalación de sistemas de riego, la subvención de la extensión agropecuaria mediante proyectos, que en general no definen el papel que debería jugar la agricultura familiar en la seguridad alimentaria, "persiste una combinación contradictoria entre programas de apoyo al agronegocio y a los pequeños productores conectados al mismo y (...) programas de carácter social para la mitigación de los efectos negativos del modelo económico sobre los pequeños productores rurales".

Por su parte, Gonzalo Flores, señala que en 11 años de trabajo continuo, con mucho gasto de dinero ($us 3.600 millones) no se puede identificar un solo resultado importante del gobierno del MAS, “no somos el primer productor, segundo ni tercero de nada… no solo que se produce lo mismo, sino que ha dejado de producir algunos alimentos”, agregó.

A modo de ejemplo destacó que en el mismo periodo de tiempo Perú se ha convertido en el primer y segundo productor mundial de espárragos y arándanos, mientras que Chile es el primer productor de champiñón, mientras que Bolivia fue desplazada de su sitial de país productor de quinua orgánica.

Un gran error del gobierno del MAS, fue meter a las organizaciones campesinas e indígenas en la administración de organizaciones gubernamentales con resultados desastrosos, como el caso FONDIOC, que en lugar de apoyar la producción de alimentos desvió recursos para fines personales de la dirigencia.

Otro desacierto es el retroceso en la institucionalidad, se dejó importantes estructuras técnicas en manos de gente improvisada, “no hay sistemas de gestión, monitoreo, evaluación de resultados ni mejoramiento de los estándares”.

De la misma manera señaló que existe legislación sin reglamentación que no puede cumplirse, porque están ideologizadas, a lo que se suma la ausencia de objetivos estratégicos e información técnica y estadística insuficiente, el último censo agropecuario del INE es del año 2014.

A ello se suma el centralismo, el gobierno ha optado a que los proyectos se ejecuten desde La Paz, ”el Ministerio de Agricultura se ha convertido en agente de comprar para ejecutar proyectos en Beni, Pando, el Chaco, lo que es absurdo, lo ideal sería al revés que se transfiera el dinero a las entidades municipales y locales “, precisó.

El 2016 para muchos será un “año para el olvido”, al retroceder Bolivia en su soberanía alimentaria, al pasar a importar maíz amarillo duro luego del severo ataque del “gusano cogollero” al maíz convencional y la sequía, situación que bien se pudo evitar, de haberse podido sembrar semillas genéticamente mejoradas (biotecnología), señaló el presidente del IBCE, Antonio Rocha Gallardo.


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