Oruro, 24 de junio de 2018
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CAPUZ CULTURAL

La fiesta de la miniatura de Alasitas

Mucha gente deposita al dios de la abundancia

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 28 de enero de 2018

En la semana que pasó, una fecha que marca el calendario en la ciudad de La Paz es la Fiesta conocida de “Alasitas”, que poco a poco va apoderándose de algunos espacios urbanos dejando de ser una fiesta eminentemente del Chuquiago Marka. Empero, nos impulsa a conocer algunos aspectos sobre sus orígenes, que en algún caso, rememoran el tiempo añejo de los “abuelos” cuya data se pierde en el periodo pre hispánico.

Uno de los hechos más conocidos de acuerdo a la tradición oral y apelando al Folklore, se ubica en el año de 1781; un periodo muy conflictivo, en el Perú se había levantado el cacique José Gabriel de Condorcanqui que había tomado el nombre de uno de los últimos Incas: Tupac Amaru como heredero de los derechos nobles.

Se había conocido la muerte en el sector de Chayanta de Tomás Catari por parte del Corregidor, pese a que el Virrey reconoció sus derechos; en ese periodo aparece un humilde indígena que trabajó en las minas de Isidro de la Riva en el sector de Sica Sica, Julian Apaza, que toma los nombres (el primero y el segundo) de estos líderes indígenas que habían levantado a sus comunidades contra el régimen que imperaba en ese momento.

Julian Apaza o Tupac Catari, con la participación de comunidades aymaras, cercó con más de cuarenta mil indígenas la ciudad de Nuestra Señora de La Paz desde el 21 de marzo de 1781 apoyado por comunarios de Sica Sica y Chulumani, frente a la inútil resistencia de la población de españoles, criollos y mestizos que residían en lo que actualmente es el centro de la ciudad de La Paz.  Los sitiados comenzaron a los pocos meses a sufrir por el hambre y la miseria humana se iba mostrando cada vez con mayor impacto entre sus habitantes.

Figura antigua del Ekeko


De acuerdo a la tradición, el mito se origina en el dios pre hispánico del Ekako cuya data rememora tiempos de Tiawanaco como nos refiere Carlos Ponce Sanjinés, cuya característica era el miembro viril erecto como un signo de fecundidad. Cuenta la leyenda, que entre los sitiados, uno de los indígenas entregó una estatuilla a su novia que se encontraba cercada y le dijo que le traería suerte; por la situación caótica en el cerco, mucha gente buscó refugio en su fe en las Iglesias y por supuesto rememorando añejos dioses pre hispánicos, y entre ellos este dios.

De la misma manera, investigadores nos cuentan que luego del cerco, adoptó un rostro más blanco aunque podríamos decir mestizo. Algunos conjeturan que sería una representación caricaturesca del gobernador de La Paz en el tiempo del cerco: Don Sebastián de Segurola. Esta imagen blancoide, fue vestida y la fertilidad de su virilidad fue sustituida por objetos que son de ambición de acuerdo a la época histórica.

La fiesta se celebra el 24 de enero de cada año, movida de otra fecha, aunque sin mucho sustento histórico para ello. Las miniaturas que envolvían al personaje, se convirtieron en productos de la fe, en la cual el creyente solicitaba la compra de muebles, objetos de pequeño tamaño pero para tenerlos en casa y aspirar a su adquisición luego de la intervención de los sacerdotes aymaras.

La Alasita se ha extendido a muchos departamentos


La Iglesia intentó erradicar la fiesta por los elementos de idolatría, pero pudo más la tradición que terminó apoyando esta fiesta del Ekeko y sus miniaturas que se adquirían en una feria denominada “Alasitas”.

Algo importante que debemos destacar, es que apelando también a la tradición oral que se convierte en fuente para este tipo de interpretaciones, se conjeturó mucho sobre el origen del famoso “plato paceño”, que es inseparable a la fiesta del Ekeko y de Alasitas. Pues esta fuente oral nos refiere que durante el cerco de La Paz, al escasear los alimentos, pocas familias mestizas próximas al barrio de San Pedro podían proveerse de Choclo, algo de queso y haba, los que cocidos eran parte de la dieta improvisada de los sitiados por la facilidad en su internación a las familias de los extramuros de aquella ciudad.

De esta manera, aparece el famoso plato pero con el aditamento de un jugoso asado y algo de ensalada, pero con los mismos elementos incluyendo una papa bien cocida rememora a los sitiados que estuvieron mucho tiempo limitados de poder adquirir otros alimentos.

Así podemos interpretar esta fiesta que es estrictamente regional pero que nos ubica en un hecho histórico no sólo de periodo prehispánico por la herencia de un mítico dios, sino del terrible año de 1781 y cuya herencia la apreciamos en esta fiesta donde los artesanos muestran lo mejor en sus habilidades en la elaboración de las miniaturas e invitando incluso al escéptico a llevarse aunque sea unos soldaditos de plomo.


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