Oruro, Bolivia. 15 de diciembre de 2018
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El Boquerón de todos

Defensas

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Hijo del Teniente 1º de Reserva Ricardo Mello Vargas, comandante de la I compañía del II batallón del Regimiento de Infantería Nº 4 “Curupayty”.
date_range 01 de octubre de 2017

Durante la adolescencia nos resultaba extraño entender por qué nuestros ex combatientes le asignaban tanta importancia a la fecha del 29 de setiembre, existiendo en el calendario histórico nacional otras conmemoraciones trascendentes como la independencia nacional o la fecha de la muerte del Mariscal Francisco Solano López en Cerro Corá.

Con el transcurso de los años y ya desaparecidos muchos de los héroes que participaron en la epopeya del Chaco, fuimos entendiendo porque buena parte de nuestros compatriotas le asignaban tanta relevancia a la retoma del Fortín Boquerón por parte de las fuerzas del ejército paraguayo.

Sin duda la batalla de Boquerón fue una bisagra dentro de las distintas etapas en que puede dividirse la fratricida contienda que tuvieran los dos pueblos mediterráneos de nuestra América, pues durante su desarrollo, se sucedieron episodios que confirmaron tanto el valor como el amor de los soldados por sus patrias.

Capitán Antonio Salinas

Los defensores del fortín paraguayo, tomado en el mes de julio de 1932 por el ejército boliviano, pudieron en pocos días merced a la capacidad del teniente coronel Manuel Marzana y sus hombres, transformar un reducto lleno de orfandades materiales en una fortaleza inexpugnable defendida en su interior por escasos hombres, que poco a poco dejaron de recibir la ayuda proveniente de sus camaradas sitos (asentados) en el anillo exterior del fortín, hasta quedar finalmente totalmente aislados y carentes de los elementos más básicos para poder continuar la lucha, a saber: alimentos, municiones, medicinas y agua, todo ello, pese al infructuoso apoyo aéreo brindado por la aviación boliviana para paliar las urgencias de los defensores.

Tampoco los oponentes paraguayos escatimaron recurso alguno, realizando inimaginables acciones de heroísmo que chocaron sin agrandes progresos ante bien aceitada y estratégica defensa organizada, en un teatro de operaciones desventajoso para los atacantes, que fueron objeto de una cacería feroz durante varios días, algo así como hacer prácticas de tiro diarias sobre la humanidad de las tropas de infantería involucradas, excursiones realizadas a campo traviesa que tuvieron avances y retrocesos, siendo muchas veces las ofensivas verdaderas misiones suicidas que rememoraron por su valentía y heroísmo a las tropas paraguayas que participaron en la infausta guerra de la triple alianza.

Así las cosas, la entrega, el arrojo y el sacrificio de los hombres de ambas fuerzas no puede ponerse en tela de juicio, pues demostraron en todo momento los combatientes de ambos países un común amor a la patria y una valentía sin igual.

No aporta mucho centrarnos en las acciones puntuales de la primera gran batalla de la guerra del Chaco, sin embargo, no podemos dejar de referirnos a los episodios que sucedieron a partir de la aparición de la bandera blanca desplegada por el Capitán Antonio Salinas en la famosa “Punta Brava” frente a las posiciones del Regimiento de Infantería Nº4 “Curupayty” en la histórica alborada del 29 de setiembre de 1932.

Precisamente en el epílogo de la batalla, creemos los descendientes de los actores del épico enfrentamiento que debemos hacer hincapié pues es el encuentro fraternal entre los combatientes, es el símbolo que luego de 85 años debemos rescatar y ser consecuentes con dicho mandato para forjar la grandeza de nuestras naciones.

Silenciadas las armas, los briosos soldados dejaron de lado toda su bravura, para hacer aflorar sus más sanos y nobles sentimientos, con gestos que deben ser doblemente ponderados pues fueron realizados en momentos donde la raza humana saca a relucir su peor condición humana: “los tiempos de las guerras”.

Foto actual de la laguna

Compartir el pan, un mate cocido con una dura galleta, darle de beber al adversario sediento de sed, curarle sus heridas, abrazarse y llorar casi espontáneamente y dialogar fraternalmente como si fueran hermanos de toda la vida, han sido maravillosos episodios que enaltecieron a los atacantes y a los defensores de la plaza de Boquerón y este espíritu continuó reinando cuando los primeros prisioneros bolivianos desfilaban por las calles de Asunción, recibiendo el reconocimiento silencioso del pueblo de la ciudad a sus adversarios por su valentía y por los padecimientos que todos los combatientes tuvieron a la hora de la batalla, sentimiento que no se agotó con la admiración sino que naturalmente continuó con la entrega de refrescos, chipas y otros elementos tan necesario para esos hombres en la aciaga hora que ninguno de nosotros desearía transitar.

Cuentan nuestros mayores que hasta los parroquianos que perdieron familiares en Boquerón, se resignaron ante dicha situación y sin resentimiento alguno lejos de despreciar al circunstancial enemigo se solidarizaron con los que luego de pelear gallardamente tuvieron la fortuna de salvar sus vidas.

Por todo ello, celebrar el fin de la batalla de Boquerón es y debe ser una prenda común para ambas naciones, por suerte desde hace unos años algunos pocos ciudadanos de ambos países comenzamos en silencio a trabajar para lograr la integración de nuestros pueblos y creemos que al fin y al cabo, todo este esfuerzo no ha sido en vano, pues ya es una realidad la consolidación de una propuesta tendiente a hermanar a dos países.

Poco a poco se fueron cumpliendo etapas, primero con la realización de foros sobre la guerra del chaco donde participaron hombres y mujeres de ambas naciones, luego con la devolución de la campana de la iglesia de Machareti efectuada por la intendencia de la ciudad de Concepción (PY), así como, un cáliz y un crucifijo de la misma parroquia en otra excursión, en el medio la reciprocidad boliviana devolviendo una vieja ametralladora Madsen, continuando con encuentros en Villamontes y otras localidades chaqueñas, prosiguiendo con la firma del primer acuerdo internacional en décadas suscripto entre la alcaldía de Camiri y el municipio de Atyra, amén de los encuentros entre descendientes de ex combatientes y otras excursiones que recientemente se cristalizaron con la presencia de más de 100 visitantes , militares y civiles bolivianos, que recorrieron lugares históricos comunes selladas por la sangre de los combatientes que honraron a sus naciones en los campos de batalla.

Marcha por las calles de Asunción

Y ante esta realidad insospechada poco tiempo atrás, las autoridades de ambos países comienzan a celebrar acuerdos estratégicos como el proyecto del ferrocarril interoceánico y va siendo también una realidad la puesta en valor del chaco paraguayo, que en poco tendrá totalmente habilitada y asfaltada la ruta Transchaco que une el Paraguay con la fronteriza ciudad de Oruro y ni que decir de la expectativa que se tiene para desarrollar a mediano plazo grandes emprendimientos turísticos que son la punta de lanza para fomentar la integración económica en ciernes, sobre todo considerando que para el logro de los objetivos, está contribuyendo el actual contexto político, social y económico que requiere por sobre todas las cuestiones “el caminar juntos” para lograr así el tan ansiado bienestar de nuestra gente y la grandeza de nuestras naciones.

Por todo ello, la celebración de este 29 de setiembre día en que se callaron las armas en Boquerón, será diferente, pues además de recordar a nuestros héroes, también vamos a celebrar el inicio de un proceso de integración que la hora nos exige y que ya no podrá ser detenido bajo ninguna circunstancia.

¡Viva el Paraguay y Bolivia, viva Bolivia y Paraguay!

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