Oruro, Bolivia. 14 de noviembre de 2018
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CAPUZ CULTURAL

Desbordancia de las bebidas espirituosas

El consumo de bebidas alcohólicas es de tiempos remotos

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El FULGOR.com
location_city Oruro, Bolivia
date_range 14 de enero de 2018

Estuvo dando vueltas en la mente de quien escribe esta nota algunas ideas que podríamos plasmar en el papel y darle el cuerpo para el artículo de esta sección que está orientada a la cultura. Empero, en una de las jornadas que preceden a esta nota, por aquellos azares de la vida acudimos a un hecho lamentable, el cual fue un velorio de una persona.

Este ritual de duelo, muy común en nuestro contexto puede ser algo muy normal; sin embargo, en esta ocasión, es diferente, la víctima producto de un feminicidio, precedido por el consumo descontrolado de alcohol. Asistimos, por aquellas circunstancias al velorio, y pudimos apreciar entre los asistentes bebedores consuetudinarios que eran parte de los asistentes que acompañaban a los dolientes.

Esta escena y los sucesos que llevaron a este desenlace, permiten reflexionar sobre un problema que es parte de nuestro contexto, pero está tan arraigado que lo hemos “normalizado”.

Desde tiempo remoto, en nuestra ciudad el consumo de bebidas alcohólicas siempre fue algo inmanente en sus actividades. Si revisamos, desde el acontecimiento de la Fundación de la Villa de San Felipe de Austria, en días posteriores, se convocó al nuevo vecindario al consumo de vino y otras bebidas, presumimos chicha traída de Ayopaya.

Las corridas de toros, las festividades, los acontecimientos históricos como el levantamiento del 10 de febrero, estuvieron acompañados del consumo de bebidas, de repente con la equivocada creencia que coloca al consumidor en actitud más extrovertida. Colegimos que el consumo fue desbordante y que obligaba a los ocasionales bebedores a sumirse hasta el extremo levantando la botella, desaliñados y con la ropa hecha jirones. El tono de voz fuerte, y el uso de palabras a veces sin entender el léxico, era parte de aquellas escenas a veces jocosas en las viejas calles de piedra y tierra de la Villa Filipense.

Beber sin moderación puede traer consecuencias lamentables


Nuestra Fiesta en honor a la Virgen María de la Candelaria del Socavón, no se libra de este consumo desmedido, terminando la “Entrada”, comenzaba el ágape y el pasante para “quedar bien”, ofrecía a los danzarines que acompañaban en la peregrinación un delicioso plato a base de cordero, papas y otros tubérculos con una botella de una agradable bebida. Las consecuencias, por más antiguas que sean siempre son y serán las mismas: desinhibición, pugilatos, promiscuidad y tal vez algunos otros etcétera.

En nuestro contemporáneo, no existe festividad religiosa que se ampara en nuestra Iglesia, que no esté acompañada de este tipo de ágape, el hecho cultural no cambió. Lo que si cambió, fue el tipo de bebida, sin embargo, el consumo sigue siendo el mismo (a lo desmedido nos referimos).

No es extraño que nuestra festividad de la Virgen María de la Candelaria del Socavón, se encuentre confundida en medio de patrocinios de productos alcohólicos; lo más extraño es que años atrás cuando se quiso limitar o prohibir, hubo un movimiento de dirigentes, llamados “folkloristas” oponiéndose a tal medida, bajo el pretexto que se financia a conjuntos pequeños. Es interesante la paradoja, pues algunos de aquellos dirigentes, ahora son flagrantes opositores a la publicidad de aquel producto cervecero. Es que no hemos aprendido a ser consecuentes y eso culturalmente es idiosincrasia.

Tres ciudadanos alemanes beben cerveza


Seguro, aparecerán críticas para quien escribe esta nota, calificando de hipócrita, pues bien, permitidme compartir la intimidad. Efectivamente es agradable consumir una bebida desde una cerveza, un buen vino de reserva, un añejo Whisky o de repente algún otro licor. La diferencia, es que lo hacemos con medida para degustar y no para exagerar, pues pierde la naturaleza del origen de la bebida. Otra condición, no hacerlo delante de la familia, la imagen del descontrol queda perenne y trasciende lo generacional.

Si por lo menos, la ley 251 de Control al Expendio y consumo de bebidas alcohólicas se cumpliera aunque parcialmente, tendríamos menos casos de delincuencia juvenil, robos, hurtos, promiscuidad, abuso sexual, violencia, y ante todo, casos de asesinato como el de feminicidio del cual tuvimos que acompañar a niños que quedaron huérfanos.

La desinhibición provocó que el descontrol pudiera tomar un objeto contundente para arrojarlo contra una mujer que destrozó el cráneo. Así termina una vida, como otras más en la historia, mientras nuestro entorno nos embrutece con campañas como “toma una lata y de repente te ganas otra gratis”, invitando a consumir e invitar al descontrol de nuestros impulsos.

En aquel descontrol, las víctimas de orfandad y de feminicidio se los agradecerán por siempre, desde los orígenes de nuestra historia, lamentablemente, amparados en lo “cultural.”.


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