Oruro, 19 de enero de 2018
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El diálogo

Se debe hablar o utilizar un mismo código o idioma.

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date_range 07 de enero de 2018

El diálogo le es consustancial al hombre, de ahí que desde la filosofía del lenguaje se define al hombre en cuanto habla. Es una palabra sencilla pero difícil de pronunciarlo, porque su pronunciación conlleva comprometerse en inaugurar un mundo más habitable entre los hombre ahora y aquí, y precisamente este saber dialogar es el espíritu revolucionario de esta palabra, lamentablemente usada, abusada y vulgarizada.

A lo largo de la historia sociopolítica, esta palabra en tanto espíritu emerge lúcidamente cuando se presenta cierta anormalidad en el sistema para uno de los sujetos dialogantes, y es lúcido porque es el momento del vaciamiento unilateral y disponibilidad de comunidad; y por eso no es la última oportunidad.

Un mismo canal de comunicación, en este caso, el lenguaje.


Si la comunicación es eminentemente un acto humano, la comunicación soberana por excelencia es el diálogo, que se desenvuelve en una atmósfera evidentemente de inter-pares, en plena libertad, donde cada quien está dispuesto a alcanzar dialécticamente una verdad superior a la de sus respectivos puntos de vista inicial y en condiciones sin-ceras y sin coacciones, y para crear esta atmósfera, refiere Freire, unos y otros deben estar impacientemente pacientes y pacientemente impacientes para dialogar despojándose de prejuicios o de presuposiciones.

Decíamos, el diálogo le es esencial al hombre, es la atmósfera indispensable para oír y estrechar la mano del otro, un encontrarse cara-a-cara, sólo así: el uno-con-el-otro y uno-en-el-otro podrán pronunciar creativamente un país, un mar o una familia; por lo que el diálogo es la única posibilidad que presupone la posibilidad de una comprensión recíproca en busca del consenso racional de todos sus participantes, y el verdadero consenso está fundado precisamente en el entendimiento mutuo, en la idea de reciprocidad y eticidad.

El diálogo enriquece la comunicación.


Entonces, el diálogo no es la discusión guerrera a la que están acostumbrados los dueños de la palabra y los excluidos de ella; ni el simple intercambio de ideas en cierta reunión ”cumbre” de partidos políticos tradicionales que buscan el poder por el poder, ni el mero depositar de fechas y nombre vacíos en las ( j ) aulas académicas; ni el instrumento de conquista para apoderarse del “otro”, sino la relación horizontal libertaria de un sujeto (yo) con otro sujeto (tú) que se buscan “sin más” para inaugurar ahora y aquí un nosotros críticos y abiertos al mundo.

Y finalmente, es en el diálogo, un medio de interacción, de descubrimiento de la presencia y epifanía del otro, que se asiste a la fundación de la co-presencia del tú y yo: nosotros, que es la conciencia del saber que existen, al menos, dos presencias que demandan ser reconocidas sin más; sólo en ese trato igualitario uno y otro se constituyen en seres dialógicos, entonces ser dialógicos no equivale a invadir, manipular o sloganizar la palabra.

El diálogo




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