Oruro, Bolivia. 21 de octubre de 2018
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En Cochabamba 70 familias tejen tacuara

La cestería, el arte que venció al plástico y las cajas de cartón

Las tejedoras de tacuara de Cochabamba mantienen una actividad artesanal ancestral.

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Periodista | EL FULGOR.com
location_city La Paz, Bolivia
date_range 03 de diciembre de 2017

En Cochabamba, municipio de Vinto, cuarenta familias y en Quillacollo treinta familias, mantienen viva la tradición de “la cestería”, las canastas tejidas le han hecho frente a las bolsas de plástico, las cajas de cartón y al contrabando chino, pero hoy, la modernidad y la coca los amenaza con dejarlos sin materia prima.

Como muchos, no puedo imaginar a los panaderos cargando en canastas de plástico la marraqueta o a una florista lanzando pétalos de rosas en una desagradable canasta china, o las comadres de Tarija o Cochabamba con sus tortas armadas en cestas sintéticas. El ancestral arte de la cestería heredada por 70 familias en Cochabamba es tan antigua como la humanidad, pues las canastas se tejían para  recolectar los peces de una buena pesca y los  alimentos en los bosques.

Mariel Muriel, presidenta de la OTB  de Villa Asunción y dedicada a la cestería en Quillacollo, dice que la construcción está matando la cestería pues para habilitar tierras para la construcción de edificios, las plantaciones de bambú (caña y la chi`llka) son destruidas. “Pasa el tractor nivela la tierra o demuele viviendas y ni se da cuenta que ha destruido desde la raíz las plantas de caña y chi`llka, y así poco a poco está desapareciendo la materia prima”, sostiene.

“Ir a los municipios de  Punata, Cliza o Araní incrementa el costo de producción e impacta sobre el precio final de venta”, dice lamentando que pocos valoren el trabajo íntegramente manual y artesanal como es la cestería, pero alegre que continúen dándole batalla al contrabando chino.

La tacuara es de la familia de los bambúes.


Las tejedoras de canastas en Quillacollo producen hasta 20 canastas semanales, eso les da una ganancia mensual entre 700 y 1.200 bolivianos, pero hay meses de “bonanza” como octubre y noviembre donde puede llegar entre 2000 y 2500 sus ingresos.

En Quillacollo, a las riberas del río Rocha,  crece la caña hueca  o ( soccos en quechua) una planta de tallos que alcanzan de 2 a 3  metros de altura, sus tallos son  huecos y leñosos en el interior y de trecho a trecho tienen nudos.

Tratadas las cañas huecas pueden ser utilizadas en canastas e instrumentos musicales zampoñas, etc. Pero, la modernidad es el mayor depredador implacable de la naturaleza;  por un lado está el crecimiento de las ciudades,  es el caso de Quillacollo, pero en el otro está la contaminación de los ríos y el calentamiento global que cada vez más disminuye los caudales de agua. El efecto, menos vegetación  y menos caña hueca, pero las mujeres de Villa Asunción en Quillacollo no se rinden.

En Vinto, cerca de Quillacollo, está otro grupo de 40 tejedoras de canastas con tacuara. Fibras un poco más gruesas que la caña hueca y la chi`llka, pero un poco más rígida  y dura.

La tacuara, es de la familia de los bambús y crece en zonas cálidas y húmedas, en Bolivia en el Chapare  en Cochabamba y  Guarayos en Santa Cruz. Es una planta destinada  a convertirse en arte. Pues, desde la forma en que crece hasta su cosecha su vida es toda una ceremonia.

La coca está destruyendo las plantaciones y por tanto, la materia prima para la cestería.


Antes del corte de la tacuara, debe identificarse primero las plantas maduras para convertirlas en materia prima y dejar las más tiernas para que sigan creciendo hasta llegar a la edad madura.

La luna juega un papel fundamental en la etapa de corte de la tacuara, y es en la fase de luna menguante –de cuatro a las seis de la madrugada- cuando el productor debe cortarla. De esto dependerá no sólo tener una buena materia prima, sino también un buen producto terminado como se da en  las canastas, muebles y en Santa Cruz se incursionó en la construcción de viviendas.

Según la Fundación Amigos de la Naturaleza, que apoya el mejoramiento de la producción de tacuara en el municipio de Guarayos, dice esta especie de bambú tiene propiedades mecánicas altamente resistentes. Es una materia prima con las cualidades del acero porque tiene gran tracción y compresión y,  con relación al cemento es dos veces superior en compresión, lo que la hace una materia prima privilegiada en la construcción de viviendas, muebles, pero sobre todo, en el tejido de canastas pues su resistencia, duración y calidad que deja lejos al plástico.

En Vinto, es una experiencia maravillosa ver a las mujeres tejer la tacuara. Sus delicadas manos doblegan a las barrillas de tacuara que previamente sufrieron un proceso para su utilización. Una vez cortado el bambú, este es transportado a las zonas de producción artesanal, allí se las corta en delgadas varillas, diversos grosores; después, las delgadas varillas son remojadas  en agua por un tiempo prolongado y, suaves e hidratadas están listas para tejerse.

No sólo se hacen canastas sino una gran variedad d artesanías.


En Vinto, la familia Céspedes es una de las más tradicionales tejedoras. En su patio se observa una buena cantidad de materia prima, por lo general traída del Chapare. Silvería la mamá de la familia se sienta en el patio, bajo la sombra de un árbol  y empieza haciendo pequeños balays, la base se asemeja a la planificación urbana de Sana Cruz, pues primero hace un anillo y después radiales.  Así, se construyen las canastas, los balays  redondos, se  teje con las varillas primero un pequeño círculo y se va colocando otras varillas  que van saliendo de adentro hacia afuera, como como construyendo las radiales de la rueda de la bicicleta, después de alcanzar un tamaño adecuado para convertirse en una cesta de pan, empieza a moldearse el tejido, apoyada por su única herramienta un cuchillo, las habilidosas manos van parando las radiales con vista al cielo y así este producto va al cliente para que, en la madrugada transporte el pan de cada día.

Cuando a Bolivia, Chile no le había arrebatado el mar, antes de 1879, los productos de consumo verduras, frutas, aceite, arroz, harina y otros eran transportados en cestas de diferentes tamaños. Se trataban prácticamente de expediciones altamente peligrosas pues a lomo de burro, debía llevarse los productos de Cochabamba a La Paz, de ahí hasta Oruro,  Antofagasta y Calama, y de Tupiza se llevaba en grandes cestas la producción para abastecer a Potosí. Así cuenta  sobre la peregrina vida de las canastas Héctor Cossío en su libro: La tradición de Cochabamba.

En un párrafo del libro de Alcides Arguedas, se describe que este arte también es practicado en su producción por los hombres: “Bajo las sombra el indio estaba sentado, tejía una canasta de carrizo y mimbre. Y algunas gallinas picoteaban el suelo cerca de él, a su lado había una canasta volcada, y encima la canasta un balay rebosante de tunas”, dice el escritor Arguedas quien en su libro afirma que la negación del “indio” y de su problemática  condena a la nación a un presente inestable, y a un futuro de odios y de rencores acumulados.

Contrariamente  a lo que dice Arguedas, tejer canastas en Cochabamba es una  ratificación del orgullo quechua,  un sinónimo de paz y una liberación de odios,  pues el tejer involucra mucha paciencia, mucha paz y concentración para no cortarse y dos lograr el objetivo, hacer un producto lindo y de calidad.

Las cestas de diferentes tamaños eran utilizadas desde la época colonial.


Ancestralmente la cestería no solo servía para almacenar alimentos, tradicionalmente se utilizaba para mandar las famosas “encomiendas”, que era simplemente que la mamá, abuela o la familia se mandaba alimentos, ropa o lo que quería en canastas cubiertas con yute y cocidas con cañamazo, pita echa de la planta de cáñamo. Hay, muchas familias que hoy conservan esta tradición, la pena es que lo hacen embalando cajas de cartón, que cuando son alimentos corren el riesgo de sufrir contaminación.

La pena hoy no es que se embale en cajas de cartón, al igual que en Quillacollo, los tejedores de tacuara de Vinto alertan que la materia prima está en extinción por las plantaciones de coca. Ya pocos, en el Chapare la cultivan y la cosechan tacuara, por eso en  Vinto los tejedores tienen que viajar, incluso tres días,  para conseguir su materia prima en Viloma, Cala Cala, Payaca Puyacollo, Suticollo, Caramarka y Tiquipaya.

Para que este arte no muera, como hacían nuestras abuelas es necesario volver al mercado con una cesta para los huevos y otra para meter las verduras, y así  ayudar a que siga esta práctica ancestral que con el paso del tiempo sigue demostrando que es un arte que aún puede seguir resistiendo el paso del tiempo,  derrotando a los chinos,  las cajas de cartón  y desplazar a las plantaciones de coca.


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