• close
    ORURO, 27 DE OCTUBRE DE 2020

Ocurrió un 29 de septiembre de 1932

Los paraguayos tomaron Boquerón, pero jamás la bandera boliviana

Antes que permitir que la bandera de Bolivia caiga en poder del enemigo como trofeo de guerra, los soldados preferían morir abrazados a ella


Marco Antonio Flores Nogales
EL FULGOR.com

04 de octubre de 2020

timer 4 min. 58 seg.




Oficiales bolivianos que defendieron Boquerón, entre ellos el subteniente Clemente Inofuentes (Cuarto de izquierda a derecha, en la segunda fila de abajo hacia arriba)

La tricolor nacional es la fuente de inspiración, nos llena de civismo, en ella podemos reflejar el inmenso amor por Bolivia. Al verla flamear en el cielo azul llena de emoción a todos los bolivianos que amamos a nuestra Patria.

Existe en nuestra historia muchos gestos de valor, civismo y amor para con la tricolor nacional. Uno de ellos que marca un incalculable amor por la bandera nacional, es la que un joven subteniente de Ejército llamado Clemente Inofuentes, realizó un 29 de septiembre de 1932; con el último aliento que le quedaba y desafiando las balas enemigas,  subió al mástil y retiró la tricolor nacional que flameaba en el Fortín Boquerón.

Inofuentes tomó la tricolor nacional, no le rindió honores para bajarla, pero la cuidó como a su vida misma. Ocultó la bandera en su cuerpo, para que el enemigo no la encuentre.

Jamás los paraguayos pudieron tomarla como trofeo de guerra o aún peor ultrajarla como ocurre en tiempo de guerra.

TOMA DE BOQUERON

Sin duda la defensa aguerrida, sacrificada y heroica del Fortín Boquerón es y será una de las páginas más significativas de la historia de Bolivia, no sólo por lo que cinco jefes encabezados por el teniente coronel Manuel Marzana, 22 oficiales y 638 soldados del Regimiento Campos y algunos del Lanza y del 14 de Infantería hicieran para escribir sus nombres en la historia que comenzaría un 9 de septiembre.

Durante la defensa de Boquerón hubo capítulos de epopeyas jamás contadas, algunas que murieron con el paso del tiempo y otras que serán inmortales, porque un simple gesto de valor en ese fortín por sí mismo era un sacrificio por la Patria. 

Para el Ejército de Paraguay tomar el fortín Boquerón, más que ganar la posesión de un espacio en el mapa, era cuestión de dignidad del soldado guaraní. Por ello, su comandante Félix Estigarribia, mandó a centenares hombres para tomar Boquerón en un par de días y sepultar las esperanzas bolivianas de resistir un cerco militar a la espera de refuerzos que nunca llegaron.

Pasaron días tormentosos de combates sangrientos, las noches eran interminables, el día era infinito y el sol brillaba más fuerte que nunca; el agua, alimentos y munición cada día eran menos.

Pese a ello, los bolivianos defendieron heroicamente el fortín Boquerón. Allí también intacta permaneció la tricolor nacional, fiel y silenciosa fue testigo de los actos que cumplían sus hijos por defenderla. Flameó con más fuerza que en cualquier otra batalla de la Guerra del Chaco (1932-1935).

Oficiales paraguayos posan con un cañón antiaéreo en Boquerón. (Fuente: Portal Guaraní)

Hasta que amaneció el 29 de septiembre, la artillería paraguaya no se atrevió a actuar por la proximidad entre soldados paraguayos y bolivianos. Estigarribia tenía ordenado que ese día sus divisiones terminasen la batalla victoriosamente a cualquier costo. 

En las trincheras bolivianas, se levantaron lienzos blancos. Dos oficiales salieron de ellas portando un mensaje y fueron conducidos al comando del teniente coronel Estigarribia. El jefe paraguayo aceptó recibir allí mismo al teniente coronel Marzana. 

Cuando los dos emisarios, volvían con esta respuesta, se oyó un inmenso griterío y los paraguayos invadieron Boquerón, mal interpretando la señal de tregua con “rendición”.

Marzana pidió garantías para sus soldados, porque no podían seguir combatiendo ya que habían quemado hasta su último cartucho y no tenían agua para beber. Con gesto heroico se aproximó hasta un oficial paraguayo y le entregó su revolver.

Cuando Marzana y los soldados fueron trasladados hasta Asunción, ingresaron caminando a la capital con la frente en alto, fueron recibidos con admiración por el pueblo paraguayo.  

En 1936, un año después de concluida la guerra, el ascendido a coronel Manuel Marzana dijo: “No hicimos sino cumplir con nuestro deber”.

De ese modo Marzana y sus soldados cayeron prisioneros y permanecieron por muchos meses en Paraguay, concluida la guerra retornaron a Bolivia.

Durante todo ese tiempo, el subteniente Clemente Inofuentes, guardó celosamente la tricolor nacional, no permitió que el enemigo la descubra. Nunca sabremos que hizo para ocultarla durante todo ese tiempo y fue su compañera de penas de tristezas.

Inofuentes, sintió una inmensa emoción cuando retornó al país con la bandera en sus manos, había cumplido la misión de un buen militar. 

Años después esa enseña boliviana fue entregada al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas en un acto organizado realizado en Plaza Murillo.

Por la bandera nacional se pude hacer cualquier sacrificio y defenderla a costa de la vida, así lo demostró un joven oficial boliviano, quién escribió una historia heroica en rojo, amarillo y verde. 

 





ElFulgor.com © 2016-2019 Oruro, Bolivia