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    ORURO, 21 DE OCTUBRE DE 2020

Expedición a Puerto Acre


Maurice Cazorla Murillo
EL FULGOR.com

30 de agosto de 2020

timer 6 min. 39 seg.




Delegado Andrés Muñoz que inició la expedición para ocupar y recuperar la posesion a favor de Bolivia de Puerto Alonso en la región del Acre

En la primera campaña del Acre, la delegación encomendada al Dr. Andrés Muñoz en septiembre de 1899, apenas terminada la guerra Federal, supondría la salida de la comitiva y de piquetes militares en octubre de ese mismo año, llegando a Riberalta en diciembre, luego de casi dos meses de un viaje complicado desde la ciudad de La Paz.

El delegado Muñoz, tuvo que tomar todas las previsiones cobrando empréstitos y además recogiendo aportes patrióticos de los empresarios gomeros de la región para alimentar y movilizar a la tropa y todo el personal civil de la delegación que tenían por objetivo llegar a Puerto Alonso.

Luego de organizar y esperar al Piquete Santa Cruz que venía con reclutas de aquel departamento, salieron hacia Gironda y de ahí a Mercedes.

Para evaluar la situación de la región en relación a los “revolucionarios separatistas” que habían enarbolado el 14 de julio de 1899 la bandera del Estado Independiente del Acre, encomendó al Sargento Justo Tapia a internarse en las barracas que eran operadas por brasileros en la región boliviana del Acre. 

Tapia, con el riesgo de su propia vida trajo interesantes noticias que lo motivaron a internarse en el Acre. Sin embargo, necesitaba llegar la delegación a Puerto Alonso, que había sido fundado por Paravicini el 3 de enero de 1899 y que, habiendo establecido la Aduana, debía retomar aquel punto estratégico para cobrar la exportación de la goma que salía sin pago alguno, perjudicando económicamente al país.

Para ello, encomendó a dos hombres de Confianza: José Zarco y Enrique Cornejo, quienes salieron del Campamento de Mercedes el 1 de junio; debían haber vuelto en un mes, pero pasaron más de cuarenta días, incluso se creía que habían perecido en su misión. El Delegado estaba a punto de tomar la decisión de descartar su travesía hacia Puerto Alonso. Sin embargo, aparecieron los dos hombres el 25 de julio, luego de haber pasado por muchas situaciones de riesgo, pero comunicando que era posible llegar a Puerto Alonso, porque se encontraba abandonado por los que habían asumido temporalmente el gobierno del Estado Independiente del Acre. Lamentablemente, ambos expedicionarios volvieron enfermos, y uno de ellos rendiría su vida poco tiempo despues, por la enfermedad contraía.

Esto obligó que, en los primeros días de agosto de 1900 después de celebrar de manera muy humilde la fecha cívica, el Delegado Muñoz ordenó el traslado de los piquetes “Abaroa”, “Cochabamba”, “16 de julio”, “10 de abril”, el estado Mayor y el personal civil de la Delegación. Se internaron en la selva y a veces por el río. El diario de Andrés Muñoz el 17 de agosto nos relata que son 277 efectivos de todas las fuerzas anteriormente mencionadas y además acompañan a esta delegación 10 mujeres, que posiblemente hayan sido rabonas o esposas del personal civil, lamentablemente no se registraron injustamente sus nombres ni mayor detalle de esta presencia femenina.

El traslado era muy complicado, llevando una de las mulas la batería de cocina, cada soldado llevaba su arma, su mochila, mosquitero y otros elementos que podía cargar aguantando el calor, muchos de ellos vistiendo harapos porque el uniforme que se les había entregado ya estaba muy gastado, además la mayoría no tenía zapatos, contando además muchos enfermos por el ¨beri beri¨ y otras enfermedades típicas de la zona que amenazaba a toda la delegación. Un relato muy angustiante de esta travesía, nos ofrece Emilio Fernández Molina en su libro “La campaña del Acre”, que a propósito, en esta salida se encontraba también enfermo.

Monumento Emilio Fernández Molina, autor del libro "campaña del Acre" que formó parte de la primera expedición para ocupar Puerto Alonso.

Pasaron por barracas donde los trabajadores y los dueños los recibían sin ocultar su admiración por la travesía a aquellos hombres que pese a la sacrificada travesía se mantenían firmes. Se había difundido la noticia de que los bolivianos cometían abuso a la población civil, era parte de la estrategia de desprestigio de los insurrectos, sin embargo, pese a todas las limitaciones, todos los componentes de la Delegación tuvieron conducta ejemplar, salvo alguna deserción, pero ningún atropello a la población civil. 

Cuando llegaban a alguna barraca, eran atendidos en sus enfermedades y alguna vez con un plato de comida. En aquella población causaba admiración la presencia de la tropa y los civiles de la Delegación, por haber venido desde las alturas hasta aquella región tan alejada. Al internarse en el monte, se cruzaban con los siringueros que en su mayoría refieren indicaciones de las “estradas” o caminos en un portugués a veces inentendible.

El charque y el arroz se les había terminado, tuvieron que sustituir la dieta con harina de yuca (farofa) y el “pacote” (carne velha brasileña), que causaban problemas estomacales. Luego de casi treinta días de caminata, la tropa ya mostraba signos de cansancio. El delegado Muñoz, siempre mostró fortaleza y en algún momento coadyuvo con el médico Doctor Viaña en la atención de los enfermos. 

Algo digno de resaltar, es que el 26 de agosto, pese a que se brindaba la atención a toda la expedición consiguiendo víveres para todos en general, sentía decepción del personal civil que, en lugar de apoyar la autoridad de Muñoz, se mostraban ariscos. En su diario comentaba ¿será cansancio?, ¿será nostalgia? El mismo hablaba de ocupar Puerto Acre y volver a su hogar. Como nota interesante, a su paso por Capatará, la población le ofreció una simpática serenata a toda la expedición, lo que levantó el ánimo de todos los expedicionarios.

En la barraca Cambore el 29 de agosto, Andrés Muñoz recibió la notificación que los jefes revolucionarios querían firmar un protocolo de paz y ofrecer garantías reconociendo la soberanía del estado boliviano. Sin embargo, asumiendo toda la autoridad, informó que sólo se firmaría un protocolo de potencia a potencia, es decir, entre Bolivia y Brasil, pero a los revolucionarios les confería toda la garantía que solicitaban, pero evitando enarbolar nuevamente la bandera revolucionaria del Acre. Asi el Delegado confiaba en la buena fe de quienes eran insurrectos levantando la bandera de un estado independiente en nuestro territorio cuya soberanía la reconocía el propio Brasil.

La travesía continua rumbo a Puerto Alonso, pero será parte de otra entrega.

(Primera parte)

 





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