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    ORURO, 23 DE OCTUBRE DE 2020

La triste salida del Mariscal Antonio José de Sucre


Maurice Cazorla Murillo
EL FULGOR.com

03 de agosto de 2020

timer 8 min. 9 seg.




Mariscal Antonio José de Sucre

Es un año diferente, no escuchamos en las calles los ensayos nocturnos de bandas estudiantiles que interrumpen el tráfico y ponen en estado de nervios a los vecinos en los alrededores de estos establecimientos. En todas partes se levantaban retratos de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre y las casas se adornaban con banderas tricolores al igual que los establecimientos públicos y privados.

Sin embargo, este tiempo nos obliga a buscar entre nuestros estantes y viejos documentos con episodios que de repente quedaron en el olvido, pero vale la pena traerlos a propósito de este mes y relievar el homenaje de quienes nos dieron un nuevo Estado.

El segundo presidente del país, fue el vencedor de la batalla de Ayacucho, el Mariscal Antonio José de Sucre, que asumió la presidencia en diciembre de 1825 transferido por el Libertador Simón Bolívar. En el corto tiempo que le llegó a organizar el país, entre lo más destacable fue la creación del Departamento de Oruro mediante decreto de 5 de septiembre de 1826 y revirtió propiedades de la Iglesia cerrando conventos, muchos de los cuales terminaron bajo tuición de las ciudades y, por ende, las Iglesias quedaron en abandono. Sin embargo, el país también se sumía en un periodo de conjuras y traiciones, del cual hasta el presidente sería víctima.

El 18 de abril de 1828, el ciudadano argentino Guillermo Cainzo con una descarga de fusilería luego de haber tomado una pequeña fuerza de algunos soldados y oficiales, hiere en la cabeza y termina con el brazo fracturado el Mariscal Antonio José de Sucre. El caballo lleva su cuerpo herido hasta la caballeriza; el doctor Luna atiende al Presidente que ya estaba desfalleciendo por la hemorragia provocada por las heridas. El pueblo de Chuquisaca, que así se llamaba antes de ser denominada ciudad Sucre en 1840, reprocha este hecho. Sin embargo, el Mariscal mediante un decreto entregado al Ministro Infante comunica la imposibilidad de seguir en el ejercicio de la presidencia del país, dejando el cargo al Ministro de Guerra General José Pérez de Urdinidea.

El Mariscal Sucre, que se encontraba postrado, recibe innumerables gestos de solidaridad, entre ellas de la señora María Santiesteban, esposa de Casimiro Olañeta que solicita una entrevista con su esposo, con quien Sucre se había distanciado, accede y es recibido en su alcoba con quien tiene una breve entrevista. Casualmente, al día siguiente se realiza en la ciudad de Quito, Ecuador, el matrimonio mediante poder, por su ausencia, entre el Mariscal Antonio José de Sucre y la distinguida Señorita Mariana Carcelén y Larrea, marquesa de Solano.

Ese mismo día, el argentino Guillermo Cainzo que había atentado contra el Mariscal Sucre, moviliza una turba de beodos, saca de la cama a Sucre y lo lleva preso junto a uno de sus ministros y sus edecanes. Se encuentra detenido en la casa de Gaspar Frontaura, cuya esposa Manuela Arana, le brinda todas las atenciones necesarias, organiza una guardia frente a cualquier atentado, del cual se pudo evidenciar que detrás de estas maquinaciones se encontraba el propio Casimiro Olañeta que día antes había estado de visita en su lecho ofreciendo lealtad.

El 21 de abril, el prefecto de Potosí General Francisco López de Quiroga con 74 hombres del regimiento Cazadores y algunos soldados de la gendarmería se hace presente en Chuquisaca, pidiendo que quienes atentaron contra la vida de Sucre, depongan las armas. El mariscal, habiendo recibido la noticia, solicita que las tropas de López de Quiroga se retiren de la ciudad dejando a cargo la defensa a cargo de los propios vecinos. Lamentablemente, los revoltosos, atentan el cuartel donde se encontraba la tropa de López entablándose un combate del cual caen heridos de ambos bandos.

Luego de la derrota de los rebeldes, Olañeta fuga hacia Potosí, del cual, en un gesto grandioso de humanidad, el Mariscal Sucre, ordena que se lo busque y se lo proteja, además de entregarle una suma de dinero. Los soldados argentinos que fueron centinelas de Sucre fueron asesinados en el pueblo de Tomina mientras escapaban de Chuquisaca.

El Mariscal Sucre, que se había retirado a la hacienda de Ñuccho escribió al Libertador Bolívar expresando su voluntad de dejar la presidencia, aclarando que no se comprometió la población de la ciudad de Chuquisaca y que recibió las atenciones necesarias.

Mientras el General José María Pérez de Urdinidea llega a Chuquisaca para asumir el mando del país, el General peruano Agustín Gamarra, invade el país con el pretexto de defender la vida del General Sucre ocupando la ciudad de La Paz cometiendo abusos y atropellos. El Mariscal Sucre, aun atendiendo las funciones de Presidente anoticiado de esta invasión, dirige una carta a Gamarra explicando que el atentado se debía a algunos individuos que no habían sido compensados por el gobierno del Perú, lamentando que su acción de ocupar La Paz, afecta a la independencia de Bolivia.

Paralelamente, el coronel Pedro Blanco defecciona con el regimiento de Cazadores, y en Paria el General colombiano León Galindo contiene un levantamiento del batallón 1º, situación de más riesgosa ante la invasión de Gamarra a Bolivia.

El general alemán, Otto Felipe Brown ingresa a La Paz burlando la vigilancia de los peruanos, se forma con voluntarios de aquella ciudad dos batallones para pelear contra los invasores.

El coronel Pedro Blanco, se traslada a la finca donde reposa Sucre para curar sus heridas, obliga a ponerse de pie al Mariscal y marchar hacia Chuquisaca para reasumir la Presidencia. Mientras, en el pueblo de Piquiza se celebró el 6 de julio un tratado en el cual se comprometían a retirar las tropas colombianas y peruanas del territorio boliviano además de ratificar la renuncia de Sucre ante el Congreso nacional y nombrar un nuevo gobierno provisorio.

El 2 de agosto, el Mariscal Sucre, se prepara para salir de la ciudad de Chuquisaca, sin embargo, dicta el Decreto en el cual deja la Presidencia a cargo del General José Miguel de Velasco dejando a un lado a Urdinidea que no hizo nada para frenar el avance del ejército peruano de Gamarra, promoviendo el inicio de un juicio por esta actitud.

Ese mismo día, sale de la ciudad que después llevará su nombre acompañado de un edecán y un criado, exento de recursos. Al salir de la casa donde estaba alojado es insultado por Antonio Moscoso con improperios como: “¡Afuera! ¡Mulatos!”. Como dice José Agustín Morales: “El que tres años atrás fue recibido con palmas y guirnaldas, y rogado después por sus actuales émulos; regresa a su Patria solo u abandonado, sin una mano amiga que siquiera le comunique el calor de sus emociones.  ¡Oh la ingratitud humana!”.

Al día siguiente de su salida, se reúne el Congreso, el cual da lectura de la carta enviada al Congreso renunciando a la Presidencia del país, misiva que termina con la hermosa frase:

“Aun pediré otro premio a la Nación: el de no destruir la obra de mi creación; de conservar por entre todos los peligros la independencia de Bolivia”.

Paralelamente, el general invasor Gamarra ingresaba a Chuquisaca junto al nuevo General Pedro Blanco. El congreso elige presidente a Andrés de Santa Cruz, pero este al no encontrarse en el país, asume el vicepresidente José Miguel de Velasco, a fin de ese año, Pedro Blanco organizará una revuelta que lo lleva a ocupar la presidencia por escasos cuatro días, con la intención de apoyar las intenciones anexionistas de Gamarra de Bolivia hacia el Perú. Es asesinado el 1 de enero de 1829 y nuevamente ocupa la presidencia José Manuel de Velasco para luego dejar la presidencia a cargo del Mariscal de Zepita Andrés de Santa Cruz.

Mientras el congreso se reunía en agosto, el Mariscal Antonio José de Sucre, luego de 23 días de penoso viaje que atraviesa el desierto de Atacama y con muchas privaciones por la falta de dinero llega al puerto boliviano de Cobija con la herida abierta del brazo por el movimiento de la mula que lo transportaba. Con dinero prestado, se embarca en la fragata “Porcoespín”.

Así, el Mariscal Antonio José de Sucre, que había comprendido el sentido nacionalista del país en plena guerra de Independencia, había convocado a un congreso en Oruro que fue desautorizado por Bolívar, ocupó la Presidencia del país, y ahora dejaba el territorio, pero completamente sumido en la miseria y la ingratitud del país que ayudó a nacer que se sumía en la lucha interna por el poder.

 





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