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    ORURO, 26 DE OCTUBRE DE 2020

85 años del Cese de Hostilidades de la Guerra del Chaco


Maurice Cazorla Murillo
EL FULGOR.com

14 de junio de 2020

timer 21 min. 53 seg.




Corría el año de 1935, desde enero se habían desarrollado algunas acciones, la batalla de Villa Montes permitió evitar el avance de las tropas paraguayas en su pretensión de llegar a las estribaciones del Parapetí, como era su objetivo. Justo el 2 de enero, al inicio de ese año, en el sector de Ibibobo, los paraguayos identificaron el cadáver del Tte. Ernesto Quezada Lanza que murió en acción, con notable admiración de parte del enemigo. 

Oficiales bolivianos

Al día siguiente, los delegados de la Liga de Naciones llegan a la capital del Paraguay para negociar la paz del Chaco. El 4 de enero se libran acciones entre Capirenda e Ibibobo enfrentándose con destacable valentía soldados del Regimiento “Beni”.

En el mes de febrero, el presidente del Paraguay Eusebio Ayala declara que ha llegado el límite el esfuerzo de su país en la guerra, haciendo notar la peligrosa situación del ejército anhelando una suspensión de hostilidades. Ese mismo mes, pasa a la inmortalidad el Sbtte Felix Méndez Arcos con todos sus 24 hombres de la Sección de Hierro en el sector “Agua Blanca”.

Se combate en los siguientes meses en el sector de Laguna Camatindi y Parapetí, cercando después en el Pozo del Tigre a las tropas  bolivianas en el sector de Ingavi que concluye el 7 de junio donde caen más de un centenar de prisioneros.

Casi de manera paralela, el 9 de junio se llega a un acuerdo y en Buenos Aires-Argentina, se reúne un grupo mediador para la Paz con representantes de los países de Argentina, como anfitrión el Canciller Carlos Saavedra Lamas, de Estados Unidos, Brasil,Chile, Perú y el Uruguay. Se incorporan los cancilleres de Bolivia Tomas Manuel Elío y del Paraguay Luis Riart además del presidente del Brasil Getulio Vargas. 

Todo un movimiento del continente para convocar a la paz de dos paises que se desangraban en la Guerra del Chaco.

El 12 de juni,o se fija el armisticio estableciendo que en 48 horas, a las doce del día (14 de junio), debían callar las armas en todos los sectores desde Villa Montes hasta Puerto Suarez. En ese lapso de tiempo se producen bajas y enfrentamientos especialmente en Cuevo y Yohay. Se había prohibido contactarse con el enemigo hasta ese momento y no moverse de sus posiciones, menos aun estar confraternizando.

Los últimos actos de homenaje con pocos beneméritos sobrevivientes

Este protocolo de paz que debía ser efectivo el 14 de junio, gracias a la recopilación de testimonios por Fabrizio Cazorla y Marco Antonio Flores, hemos podido conocer algunos de ellos para saber lo que realmente sucedió esos días. Algunos con alegría, otros con dolor, y otros como en las ciudades con mucha esperanza de la llegada del ser querido.

Abel Veneros de la batería Seleme, nos comenta que luego de la retoma de Charagua se enteraron de la firma del protocolo de paz donde el 14 de junio debían callarse las armas definitivamente en ambos sectores. Llegó las doce, y las balas callaron para siempre. Los de su batería se colocaron a un lado del camino, esperando lo que iba a ocurrir, luego de una hora aparecieron los ¨pilas¨ (soldado paraguayo) que se acercaron a abrazar a soldados de los otros regimientos, pero los de su batería y particularmente él no lo hizo, más bien Abel Veneros lloró de rabia, su hermano Teodoro había muerto en Campo Vía.

Valiente soldado boliviano, Melquiades Jaimes, luchó en Cañada Strongest

Agustin Calizaya de la comunidad de El Choro, muy cerca a la ciudad y que pertenecía al Destacamento 240, estuvo en Sucre donde se dedicó a custodiar a 300 paraguayos destinados al trabajo de apertura de caminos. El trato no era inferior, porque Calizaya los trataba con mucha consideración, hasta se hizo amigo de alguno jugando “casinos”. Cuando terminó la guerra, en su pasaporte le pusieron como destino la ciudad de La Paz, y sólo alcanzó a comunicarle a su mamá que vendía quesos en el mercado Campero, que volvería una vez que regularizaría su pasaporte, lamentablemente, en ese tiempo su papá que se encontraba delicado de salud e internado en el Politécnico, volvió a El Choro donde falleció por la falta de cuidado, algo que lamentó hasta el fin de sus días.

Alejandro Cayoja que pertenecía al Regimiento Castrillo 6º de Cabellería, a momento del cese de hostilidades se desempeñaba como telefonista, reemplazando a un antiguo que fue removido. Escucho que la orden llegó desde la ciudad de La Paz para el comandante del Regimiento. El dialogo como lo recuerda fue: “hola, con quien hablo”, “habla con el telefonista Cayoja”, “Bueno, escuche, transmita a su comandante que Bolivia y Paraguay firmaron la paz”. Inmediatamente le avisó a su comandante la noticia, este tomó su caballo para recorrer los sectores, hizo tocar la trompeta para que todos en formación lo escuchen: “Regimiento… la guerra ha terminado, ahora podrán ver a sus padres, hijos y todos los que tengan familia”. 

En la desconcentración, la compañía comenzó a tocar charangos y zampoñas de alegría, los reservistas fueron licenciados inmediatamente, mientras tanto que Alejandro Cayoja que se incorporó en el último periodo en la guerra, se quedó prestando servicio activo, como telefonista y cartero.

Don Ambrosio Jacobo Maldonado, natural de Sipe Sipe Cochabamba, perteneciente al Regimiento 41, comentaba que en toda la guerra nunca había podido hablar con un soldado paraguayo. En Villa Montes en el final de la guerra, comenta que vinieron bandas de música de Bolivia y Paraguay donde con algunos “pilas” pudieron intercambiar chamarras, cuchillos, fotos, caramañolas y todo lo que podían.

ArturoTardío, de Oruro y perteneciente al Regimiento 50, se encontraba prisionero, ya hacía tiempo que había llegado la paz en todos los sectores, pero se encontraba en una prisión en el Paraguay. Los militares paraguayos los hicieron formar y preguntaron: “quienes quieren quedarse y gozar de todos los derechos y garantías de un ciudadano paraguayo, dar un paso al frente”. Muchos de los bolivianos decidieron no volver al país, debido a que les ofrecieron trabajo o tenían alguna novia, los compatriotas eran cotizados porque tenían una profesión, incluso Tardío trabajo en el Estado Mayor del Paraguay.

Doña Celedonia viuda de Pelaez, ese tiempo tenia 13 años y vivía en el barrio de San José de la ciudad de Oruro. Nos comenta que era de noche cuando recibieron la noticia del protocolo de paz, todos estaban durmiendo y se despertaron de repente a las once de la noche por el incesante repique de campanas que se escuchaba en toda la ciudad. Se escuchaban a la gente que bajaba por las calles gritando: “¡Ha terminado la guerra!. ¡Ha terminado la guerra!”, todos gritaban “¡Viva Bolivia!”, era una alegría inmensa. 

Toda la población se cocentró en la plaza principal; sin embargo, Celedonia no podía porque era muy tarde y además aun niña, sin embargo, pudo hacerlo al día siguiente donde pudo ser testigo de los festejos que continuaban. 

Esta celebración no duro mucho, porque cuenta que después de terminada la guerra no se efectuó de inmediato el canje de prisioneros, se comentaba inclusive que ya no regresarían. Oraban en la casa y en las iglesias. En ese tiempo, tuvo oportunidad de conocer algunos prisioneros paraguayos que estaban en la ciudad, pero concentrados en el cuartel. Le daba pena, porque no tenían nada, algunos los insultaban. Con su mamá, alguna vez pasaban para ofrecerles alguna frutita o algo para que coman, estuvieron poco tiempo porque no resistían el frio de Oruro, se los llevaron a Cochabamba y Santa Cruz.

Cadetes militares del valeroso Regimiento Tres Pasos al Frente

Don Crisologo Valenzuela Arancibia, perteneció inicialmente al famoso Destacamento 111 y luego al Regimiento Florida donde comenta algunos pasajes luego del cese de hostilidades, el teniente Lovera se encontró con otro oficial paraguayo de apellido Maldonado quien le dijo “si tú hibierses caído prisionero, te iba a presentar a mi novia paraguaya”, el boliviano le regalo un billete de 20 bolivianos en giro de Oro. 

Otro oficial boliviano que se emborrachó, les grito a los paraguayos: “¡Abajo Arabique!, ¡oye karacachis, hemos combatido como hermanos!”. Cuando conversó con algunos paraguayos manifestaron su admiración por German Busch y el piloto Rafael Pabón y que los bolivianos eran “machos” para la guerra. Al regresar al país, sintió una gran sensación, más aun cuando llegó a su natal Llallagua en el norte de Potosí, se encontró con su madre y le entregó un dinero que le habían dado en Villa Montes y que lo había guardado para entregarle, precisamente no quiso gastar, ni siquiera en una foto para darle todo a su madre, quien al verlo le dijo “Al fin te puedo ver sano” y se puso a llorar.

Facundo Guzman Díaz, natural de Sacaca, y que perteneció al Regimiento “Chichas” 7º de Caballería nos comenta que el 14 de junio cuando “arreglaron” el fin de la guerra, recién en septiembre pudieron salir del Chaco.

José Choque del Regimiento Oruro, nos comenta que el 14 de junio combatieron desde las 7 hasta las 12 del mediodía, aquella jornada cayeron muchos heridos y muertos. Sin embargo, los oficiales no les dijeron nada. Tanto disparar el fusil, se tornó al rojo vivo en más de 80 tiros que hicieron. Si bien pasó el combate, permanecieron tres días más en su posición. No había ataque de los paraguayos, ni siquiera tiroteos, todos los de la tropa sospechaban que había acabado la guerra. 

Choque se dirigió al puesto sanitario para hacerse curar la espalda, hasta que escuchó de un capitán que le dijo a un teniente que la firma de paz era un hecho y que pronto se irían todos a sus hogares. Ni bien Choque llegó a su posición, comentó la noticia a sus camaradas, pero ellos le contestaron con incredulidad: “cada vez es eso, de que se arregla la paz”. 

Militares posan con un cóndor como mascota en el Regimiento Camacho de Oruro

Sin embargo, pese a no creerle, a los tres días los sacaron de sus posiciones y allí el Mayor Tellez les dijo: “bueno soldados, valerosos defensores de la Patria nos vamos a nuestros hogares, se ha firmado la paz, se arregló la paz”. Esa noche bailaron. 

Al día siguiente vinieron los comandantes y ordenaron a que los antiguos se pusieran a un lado y los jóvenes al otro. Los viejos se fueron a sus casas y los jóvenes se debían quedar un año más. Recomendaron a quienes se quedaban: “ya somos hermanos, si se encuentran con un paraguayo denle un abrazo, porque ellos no tienen la culpa, fue de los grandes jefes que nos llevaron a la guerra. Recuerdo que ese día, aparecieron los ¨pilas¨, algunas camaradas que tenían “cositas”, intercambiaron recuerdos, pero Choque no tenia nada que cambiar. 

Los reservistas se fueron alegres en camiones y los jóvenes se quedaron llorando por un año más de servicio. Ocho meses se quedó Choque en el Regimiento Warnes de Caballería hasta que fue evacuado por una infección conocida como Adnitis adquirida por las malas y sucias aguas que tomaban en la campaña.

Juan José Chungara, del Regimiento Santa Cruz, nos comparte que uno de esos días antes del cese de hostilidades, se encontró con su hermano León Chungara, le dijo por teléfono que vendría una orden de cesar la guerra y que seria el 14 a las doce del mediodía. Evidentemente, en horas de la madrugada, llegó la orden escrita del comandante del Regimiento que decía que a las doce ordenaba el cese al fuego. Hasta ese momento se cruzaron los cañonazos. El 14 de junio se apagó, todo era silencio y en la línea todos se abrazaron, algunos lloraron de alegría y no faltó un incrédulo que decía: ¿hermanito, esto es cierto?”

Juan Montaño Opimi de Santa Cruz y del Regimiento VII de Infantería. Comparte que cuando termino la guerra el 14 de junio, se encontraron con los soldados paraguayos, en un gesto de hermandad se abrazaron y se dieron la mano. Se decía que el soldado no tiene la culpa y que eran los jefes quienes ordenaban y los de la tropa sólo cumplían con lo que decían. Había jefes que eran muy estrictos, hechos a los “machangos”, pero también había otros que no salían de sus pozos.

Juan Revollo Alarcón de Oruro, y perteneciente al Regimiento Rocha 31 de Infantería, recordaba que el día del cese de hostilidades los pilas dispararon como veinte cañonazos, los bolivianos no respondieron al fuego. A las doce del mediodía, recién respondieron con toda la fuerza que tenian en armamento incluyendo los cañones. Los paraguayos pensaron que se iba a producir una contraofensiva, respondieron con su armamento. Revollo comenta que por primera vez sintió en la guerra una “baleadura” como aquel día. 

En pocas horas, un avión paso señalando el cese de hostilidades, todos lloraron, porque decían que estaban en condiciones de avanzar y romper la línea paraguaya para tomarlos a todos prisioneros. Pensaban que en mal momento había acabado la guerra por lo que tuvieron que resignarse. Terminada la guerra, fueron destinados con otros camaradas a otros regimientos que requerían de gente. Revollo Alarcón se fue al Regimiento Colorados permaneciendo activo por unos meses preparando a los muchos que recién llegaban para su formación militar.

Juan Saavedra Achá, que perteneció al Regimiento Sucre y fue uno de los conductores de los tanques que atacó Nanawa en 1933, recordaba que cuando hubo el cese de hostilidades, los ¨pilas¨ vinieron a abrazarlos, los bolivianos hicieron lo propio. El ejército paraguayo estaba sin comer, se notaba que eran puros jovencitos, pues no tenían ya gente, estaban perdidos. La guerra estaba ganada en las mismas posiciones, pero fue mejor la inteligencia militar paraguaya para convocar al cese de hostilidades.

La señora Juana Mendoza, de Roboré que actuó como enfermera de campaña, decía que en su fortín y pabellón no había muchos soldados que las cuidaran, ya no había casi nadie. Los combates eran de día y noche, se admiraba como los camiones venían con muertos y heridos, notaba que ya no había comida y se encontraban incomunicadas porque los indígenas habían cortado los cables de teléfono. Escucharon que los paraguayos habían condicionado la paz si el ejército boliviano entregaba a sus mujeres o sea las enfermeras que se encontraban en el fortín. 

Honor y gloria a los defensores de Bolivia en la Guerra del Chaco

Los médicos quisieron entregar una copa de veneno, diciendo que era preferible morir allí que caer en manos de los ¨pilas¨. El doctor Saravia dijo: “no les vamos a dar gusto a estos c…., las van a encontrar muertas a todas las enfermeras y tal vez también a nosotros, no dejaremos que caigan en sus manos”. Pasó una hora y los pilas gritaron: “Bolis, si quieren la paz, entreguen a las mujeres que tienen”, las mujeres escucharon eso y temieron que estuviesen en los alrededores de donde ellas se encontraban.

Sería eso de las once de la mañana cuando un escuadrón que en sus sectores estaban perdiendo la guerra, que habían exterminado a varios regimientos que no había posibilidad de un armisticio; sin embargo, a mediodía escucharon propagarse la información de que la guerra había terminado. Entre ellos dijeron: “Se acabo, la guerra… se acabó…”, la enfermera Mendoza miró a los médicos y los abrazó como también a los heridos y toda la gente que estaba en el campamento. El fortín estaba aislado hasta el último sin que nadie pudiera auxiliarlos. Ya en el comando se abrazaron todos entre llanto, era una alegría por la angustia que vivieron una hora antes.

Julio Vega Salinas de Oruro y componente de la Batería Seleme, recordaba que el 13 de junio comenzaron a sentir el hostigamiento de la artillería paraguaya, cuando dijeron que la guerra terminaría. Al día siguiente, a las once de la mañana llegó la orden de terminar con toda la munición que tenían, porque se firmaba la paz, media hora después las balas se escuchaban por todo lado como también el rugir de los cañones. Eran las doce y todo terminó, un avión sobrevoló la zona anunciando que la paz había llegado y que pronto todos retornarían a sus hogares. Todos los de la batería saltaron de alegría, mientras los ¨pilas¨ lloraban de emoción, alguno de ellos decían: “¡como hemos luchado entre hermanos!, pero nos sacamos el sombrero por los soldados de tropa”.

Marcial Caballero Velasco de la ciudad de Santa Cruz y perteneciente al Regimiento Avaroa 1º de Caballería, comentaba que el 14 de junio a las tres de la mañana comenzaron a pasar los estafetas de los comandos informando que se terminó la guerra. Todos en su regimiento estaban alegres porque estaban ya muy cansados por el enfrentamiento, querían descansar por aquel sufrimiento, había veces que estaban dos o tres días sin comer, pese a que no tenían agua, tenían muchos que habían muerto de insolación y por falta de agua. Debían quemar el último cartucho, después de eso, se abrazaron con los paraguayos.

Entre los testimonios paraguayos, tenemos de Enrique Gallagher Maidana, que nació en Fuerte Olimpo y perteneció al Regimiento 8º de Caballería General Duarte. Comenta que al final de la guerra sintió una alegría grande, a la hora fijada de las doce, para la tarde, desobedeciendo a sus superiores, se fueron a visitar a los bolivianos quienes también fueron en grandes cantidades. Pasaban de un lado a otro lado para traer trofeos de guerra como jarros, caramañolas, pailas y una diversidad de objetos. Admiraba la cálida de las caramañolas de aluminio que les gustaba mucho a los soldados paraguayos. 

Todos estaban muy contentos al final de la guerra y decían que ya eran amigos y son hermanos. Comentó que en Capirenda vio una foto del General Peñaranda en un abrazo con el General Estigarribia después de la guerra, y se cuestionaba: “¿por qué no fue antes de la guerra ese abrazo?, muchas vidas se hubiesen salvado”.

El General del ejército paraguayo Felipe Nery Velilla, del regimiento Zapadores 1 General Aquino comenta que al final de la guerra el estaba a cargo de prisioneros y siempre los trató bien, la tropa vivía en casas particulares como si fueran sus casas, los señores que querían hacerlos trabajar los llevaban a sus casas y todo el mundo quería tener un prisionero boliviano porque se hacían querer. A aquellos que se pudieron quedar, los hizo casar de manera gratuita. Nery Velilla dijo que los prisioneros bolivianos se dedicaron a hacer caminos, porque Paraguay no los tenía, además trabajaron haciendo escuelas e iglesias, incluso comenta que llegó a tener una orquesta de prisioneros bolivianos donde los sábados se iban a los pueblos. 

Las mujeres los apreciaban mucho porque eran buenitos y sumisos.

Un episodio que no se encuentra documentado pero que tiene alta relevancia nos comparte Felix Zárate Monges, capitán del ejército paraguayo. Nos dice que el 15 de junio de 1935, al dia siguiente del cese de hostilidades, sin autorización aterrizó en la base aérea de Ybamirante un trimotor Junkers con muchos bolivianos cuya tripulación estaba comandada por el capitán Max Iñiguez que en ese tiempo era ayudante del Jefe Boliviano Enrique Peñaranda. 

No había orden expresa de ninguno de los dos países para que se tome contacto, sin embargo, el trimotor rompe esta prohibición aterrizando en una pista del ejercito antes enemigo, al bajar les dicen los bolivianos: “sabemos que ustedes son machos y son hermanos, por eso estamos acá y venimos a pasar la noche con ustedes”, se dieron un abrazo con los paraguayos. El mayor Migone se encuentra como comandante de la base aérea y dijo: “yo no se capitán de donde salió, pero apareció el ari (bebida de caña) y todos tomaban; rubia Ambarina (agua ardiente) en un jarro de lata desamoldado y hasta de dudosa procedencia y al rato pasaba de boca en boca comenzaron a hablar, discurso acá, discurso allá”, al final decidieron pasar la noche allí. 

El capitán Zárate comenta que conservaba en su poder una copia firmada por todos los oficiales del cual agregó el texto: “como broche de oro de aquel encuentro inolvidable de los caballeros del aire, los halcones de nuestros llanos y los cóndores del macizo andino en histórico acto, resolvieron suscribir como un acuerdo el siguiente documento histórico: las alas bolivianas y paraguayas al confundirse en un abrazo fraternal de paz, sellan con este acto de confraternidad después de tres años de cruenta lucha de amistad que de hoy en adelante unirá a ambos pueblos hermanos, los abajo firmantes, soldados del aire primeros en la guerra con dar este primer paso y amplio y noble significado al mundo que en esta parte de América no deben realizar más guerras entre pueblos hermanos destinados a realizar un mismo ideal: el progreso de América Latina. Siendo firmado el documento a las 18:00 horas del 15 de junio de 1935”.

Así se puede recuperar muchos otros testimonios para compartir aquello que sucedió el 14 de junio. El Paraguay celebra el doce del mismo mes, y hasta es feriado nacional, por el protocolo de paz, sin embargo, para Bolivia la celebración se la hace cada 14 de junio por que callaron para siempre las armas y la guerra terminó para siempre.

A partir de ello, en cada ciudad los beneméritos se reunían para celebrar el cese de hostilidades en cada una de las ciudades del país hasta hace pocos años, sin embargo, en algunas otras como Cochabamba y Oruro aun se sigue manteniendo las celebraciones, en el caso de nuestra ciudad por la Sociedad de Historia de la Guerra del Chaco y la Orquesta Sinfónica de Oruro, pretendiendo relievar este significativo hecho. Si bien se cumple 85 años del cese de hostilidades, la celebración no puede hacerse de otra manera que rememorar nuestro pasado con estos testimonios.

Terminamos esta reseña y homenaje con una cita del Coronel Heriberto Florentín: “… yo, que hice academia para guerrero, he de confesar ante esta audiencia, que mi mejor recuerdo de esta guerra ha sido el abrazo boliviano al final”.





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