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    ORURO, 12 DE JULIO DE 2020

140 años, Batalla Campo de la Alianza Perú Boliviana

Maurice Cazorla Murillo
EL FULGOR.com

26 de mayo de 2020

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Monumento a la Batalla del Alto de la Alianza

A primeras horas de la mañana del 26 de mayo de 1880, comenzaron a escuchar el bombardeo de los cañones que dirigían al campamento, la artillería aliada respondió y los proyectiles no generaban impacto porque caían en la arena levantando en algunos casos sólo arena y humo.

Un día antes, el comandante de las fuerzas aliadas el General Narciso Campero, como comandante del ejército aliado Perú-Boliviano y sabiendo que el ejército chileno se aproximaba por el Norte, quiso sorprenderlo en su campamento. Sin embargo, las fuerzas que salieron a su encuentro noche antes, se desorientaron y tuvieron que volver al campamento de los aliados después de haber caminado toda la noche. La batalla los sorprendió sin haber comido ni haber descansado.

El ejército chileno se iba formando, la artillería disparaba sus cañones hasta las diez de la mañana. El ejército peruano logró desayunar en las cocinas de sus unidades; el ejército boliviano, solo contaba con sus rabonas, aquellas mujeres que acompañaban al ejército en campaña, con el niño a cuestas y la olla en la mano para ofrecer posiblemente la última comida de su compañero.

Daniel Ballivián nos relata que la rabona del Sargento Olaguivel llegó temprano al campamento del Batallón Alianza, se sirvió el alimento, agarró a su criatura y le dio un beso, luego se confundieron con la rabona en un abrazo y ella volvía al campamento. Todos miraban como se iba alejando con nostalgia y añoranza. De pronto, cayó un proyectil de cañón que cubrió su silueta con la arena del desierto, todos impresionados esperaron lo peor, pero en medio de la polvareda, apareció la figura de la rabona que limpiándose el vestido hizo el ademan con la mano de que no hacía daño mirando al proyectil sin explotar. Eso envalentonó a los circundantes que esperaban la hora del enfrentamiento.

El ejército estaba organizado en tres partes, el ala izquierda al mando del coronel Eliodoro Camacho, el centro, por el coronel Miguel Castro Pinto y el ala derecha por el Contraalmirante Lizardo Montero. Las unidades de artillería se colocaron después, y la caballería apoyaba en ambos lados del despliegue del ejército aliado. El Comandante General Narciso Campero, estableció su campamento en un espacio espectable a un costado de las ambulancias al mando del Doctor Zenón Dalence. Todo el ejército aliado sumaba un total de doce mil efectivos.

Las heroicas rabonas

Luego del infructuoso bombardeo de artillería, comenzaron los enfrentamientos de las diferentes unidades, especialmente en el ala izquierda, donde el Batallón 2º de línea o Sucre, más conocido como los “Amarillos” se enfrentaron a las unidades del ejército chileno de la División Amengual. Viendo que esta ala se encontraba debilitándose, el coronel Camacho, pidió el refuerzo de los batallones Alianza 1º de línea o “Colorados” y el “Aroma”, que también tenía el color de la casa roja: el comandante de los “Colorados” elevó su arenga: “agarrarse rotos de espantajo sus calzones, que ahora entran los colorados de Bolivia”. Juntos se movieron desde el ala derecha donde se encontraban como reserva para reforzar logrando avanzar y hacer retroceder a los chilenos.  Cuando el avance era impetuoso ante la valentía de los bolivianos, los chilenos se reforzaban con unidades frescas.

 Los aliados ya no tenían refuerzos.

A primeras horas de la tarde, las unidades peruanas y bolivianas se veían sobrepasadas por el ejército chileno. Para la noche, los bolivianos iniciaron con resignación su camino hacia la patria luego de varios meses fuera del hogar. El proceso de regreso fue complicado, entre soldados y sus rabonas que tomaron diferentes vías, algunos llegaron a La Paz, pero el grueso ingresó al país por Curahuara de Carangas y Oruro. El Comandante Campero fue recibido en Coro Coro y todos los dispersos trataron de reagruparlos, sin embargo, aquella misión fue complicada.

Siendo ratificado como presidente por el Congreso Nacional tuvo que dar el mensaje anunciando que el ejército de Bolivia fue vencido.

La batalla del Campo de la Alianza fue la más grande donde el ejército aliado se enfrentó al ejército de Chile, Bolivia sale de la Guerra y le tomará algunos años reorganizar su ejército que sirvió para las luchas internas como había sucedido a lo largo de la vida Republicana.

Un año después, el batallón de los colorados fue dispersado, pero en Sucre un gran número se reunió para conmemorar a quienes cayeron en la meseta del Intiorco. Exigían sus diarios que les tenía adeudados, sin embargo, los tomaron prisioneros, y por sorteo se determinó el fusilamiento a ocho de ellos.

Se cumplió la pena máxima en el cementerio de la Iglesia de San Benito de la ciudad de Potosí, fueron enterrados en una fosa común, siendo desenterrados años después para levantar un monumento en el cementerio de aquella ciudad. Así el país pagó a quienes sobrevivieron a aquella batalla. Casi cien años después, se encontraron algunos restos en el campo de batalla que fueron repatriados al país con todos los homenajes que merecían.

Sin embargo, muchos de ellos aún están inertes en el campo de batalla del Campo de la Alianza, aquellos que no retornarán a su hogar, y ofrendaron con su vida en tierra ajena, pero en profundo amor a su Patria, hace ciento cuarenta años.

Paz en su tumba.

 





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