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    ORURO, 23 DE OCTUBRE DE 2020

CAPUZ CULTURAL

Cuando la familia grande se encuentra


Maurice Cazorla Murillo
EL FULGOR.com
ORURO
26 de enero de 2020

timer 6 min. 32 seg.




Francisca Córdova y Simón Rojas dirigentes de la Familia Grande

Pedrito, nombre convencional que usaremos, tenía tres añitos; su recuerdo lo lleva a una vieja casa de adobe en El Alto, donde su mamá le dijo que se lavara la cara, sus tiernas manitos en una batea metálica llevaba el agua helada a su rostro. Su madre, levantaba en ambas manos los bultos que al parecer eran ollas de comida. Lo llamó y le dijo como siempre que agarrara fuerte su manta para caminar. Siendo tan pequeño, no podía seguir el caminar violento de su madre.

Se agarraba muy fuerte de su manta, sin embargo, cuando llegaron a un sector muy concurrido por unos segundos la gente obligó a soltarse de la manta de su mamá. Sin embargo, asió con la mano y siguió caminando. Llegaron donde los buses, con la mano prendida a la manta subió al bus y se sentó en el pasillo. Se durmió porque despertó muy temprano para acompañar a la mamá. Cuando el bus paró, no había nadie, el ayudante del chofer lo tuvo que despertar moviendo su pequeño cuerpecito, la señora que tenía el color de la manta igual a la que agarraba no era su madre. Se asustó, bajo del bus y comenzó a llorar.

Lo llevaron unos señores a un lugar donde lo recibió una señora que le dio pancito para que se calme. Tomó con ambas manos y comenzó a devorarlo porque tenía hambre. Había aparecido en la ciudad de Oruro y no sabe en qué momento se desvió del camino que seguía con su mama.

Creció en el Centro Infantil Gota de Leche, luego lo llevaron al Hogar de Capachos y compartió sus años de niñez y adolescencia con sus compañeros a quienes les decía sus hermanos. Salió del Hogar cuando cumplió la mayoría de edad y volvió a la ciudad de El Alto a buscar a su mamá y el lugar donde vivía, pero no reconoció nada ni siquiera por donde era su casa, menos se acuerda del nombre de su mamá y casi su rostro lo había olvidado.

Pensó si alguna vez lo buscó, o si se le ocurrió venir a Oruro a buscarlo, pero nunca pudo tener una respuesta. Ahora es un hombre adulto, formó su familia y le dio el apellido a su hijo, pero teniendo presente que el apellido era “convencional”, porque fue el que le asignaron cuando llegó a la Gota de Leche.  Pese a ello, nunca se desprende de su hijo y siempre esta con él porque quiere ser el mejor padre del mundo.

Ex internos orgullosos de haber sido parte de la Familia Grande

MARIA

María, es una niña que llegó al Centro de Formación Infantil a sus cuatro años. Llegó porque los vecinos denunciaron maltrato; su madre la castigaba llevándola a un pozo por dos días lo que provocaba que lanzara llantos inconsolables. La madre, lamentablemente era consumidora de alcohol y a veces se olvidaba de la hija. En el Hogar creció y se hizo mujer, no olvidó el maltrato que recibía de niña y prefirió no tener hijos porque decía ella “no quiero hacerlos sufrir”.

Un día se enteró que su madre la buscó en el hogar, completamente borracha, pero la educadora prefirió decirle que la niña ya no estaba y la habían adoptado. Nunca más apareció. María prefirió no buscar a su madre, porque pensó en todo lo que sufrió de niña no podría olvidar.

El anterior fin de semana, niños como María y Pedrito se reunieron en un quinto encuentro de ex internos de Hogares dependientes del Servicio Departamental de Gestión Social, antes ONAMFA o DAS o como quiera rememorar las denominaciones a las instancias que acogieron a estas instituciones.

Hogares como la “Gota de Leche”, el Hogar Manuel Alberto Zelada, María Antonieta Suarez de no videntes, el Hogar Granja Paria, Hogar Capachos, Centro Técnico Femenino y el Hogar Penny reunieron a sus antiguos moradores bajo la consigna que son parte de una “Familia Grande”.

Niños y niñas que crecieron sin la idea de un hogar, pero entendieron que su familia fueron todos los internos e internas de estos centros de Acogida. Cada año se reúnen para encontrarse, apoyar a los “hermanos” o “hermanas” que se encuentran en mala situación. Realizan un acto formal, posesionan a su directorio, realizan campeonatos deportivos y terminan en una fiesta social donde todos comparten sus anécdotas, historias y recuerdan a sus viejos educadores, regentes o directores de Hogares.

Allí se reúnen muchachos, muchachas o personas ya maduras como Pedrito y María.

Isabel y Karla dos generaciones y un mismo hogar

Pedrito llega desde Tarija porque al salir del hogar se formó como técnico industrial con el apoyo de un padrino, tuvo suerte. Le dieron trabajo en una fábrica y se encuentra con un trabajo estable y es muy apreciado por los dueños de la empresa no quieren que se vaya. María, decidió dedicarse al comercio, no le va mal, le permite apoyar inclusive a alguno de sus “hermanos” que pasan por su puesto para pedir una monedita. Nunca se los niega, porque sabe que ella pudo caer en esa situación si no hubiese sido más fuerte.

El encuentro termina, siempre con la ilusión de volverse a encontrar el próximo año. A algunos de los hermanos y hermanas ya no los verán. Otros volverán a sus ciudades donde trabajan, y a veces es más difícil. Sin embargo, se propician encuentros en Cochabamba y Santa Cruz. Ojala sean más quienes lleguen del exterior, este año, llegaron inclusive desde Argentina. Siempre mandan mensajes y sus aportes para los hermanos y hermanas menores, como ellos les dicen, a quienes están actualmente en los hogares.

Es impresionante conocer estas historias, el abandono siempre estuvo latente, esos niños y niñas tuvieron que vivir en los mal llamados “Hogares”, sin embargo, todos ellos levantan con orgullo su vivencia consideran su hogar porque allí pudieron conocer en esa visión institucional del estado lo que es una familia.

Este encuentro, si bien pasa desapercibido, es necesario que la sociedad los reconozca, muchos de ellos crecieron bajo el amparo de una Institución como el “Cachuchas”, y terminarán en la misma condición. Esperemos que menos niños y niñas queden en abandono y sean más quienes apuesten por fortalecer la familia que tentaron dejar. Ellos y ellas son ejemplo de haber superado sus traumas de niñez y crecen con orgullo, porque ahora son parte de una Familia Grande.

 





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