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    ORURO, 26 DE OCTUBRE DE 2020

CAPUZ CULTURAL

Añejo tiempo de Navidad


Maurice Cazorla Murillo
EL FULGOR.com
ORURO
22 de diciembre de 2019

timer 4 min. 38 seg.




La Navidad debe ser tiempo de unión, paz y amor en los hogares bolivianos

Comienza el mes de diciembre, la abuela saca meticulosamente los objetos que son guardados en una vieja caja de madera, donde venían manzanas. Los papeles periódicos inundan el espacio y hay que palpar con las manos los objetos con mucho cuidado para no dañarlos. Nos encontramos con tesoros que deslumbran nuestra vista; hermosos objetos de porcelana con añejas vestiduras, unas brillantes otras perdieron su policromía.

Mientras sacamos los objetos, llama la atención el aroma a ciprés, antes sin conciencia ambiental, se vendía árboles para adornarlos en la casa. La abuela nos comenta, que esta costumbre de tener árboles de Navidad no existía, es una tradición traída por los alemanes que pegó muy rápidamente en la idiosincrasia de la gente.

Mientras acomodamos las cajas de madera que nos sirve de base para armar el Nacimiento, la abuela prepara el chocolate y recién se puso a cocinar buñuelos. El entusiasmo de terminar rápido para probarlos nos provoca torpeza al acomodar las piezas. La abuela nos llama la atención, pidiendo que tratemos estos objetos con mucha delicadeza que son juguetes del Niño.

Queremos jugar, pero la abuela nos pide que los coloquemos en su lugar, al final nos quedamos asombrados por la belleza de estas piezas que son extraordinarias obras de arte en porcelana, latón y otras en simple cerámica; algunas las hay en lana o felpa.

El Nacimiento quedó muy lindo que lo contemplamos tomando el chocolate. Casi como si adivinaran, tocan la puerta los niños vestidos de viejitos con abrigos largos y joroba, barba hecha de algodón, bastón, sombrero y los infaltables “chulu  chulus”, o el “pajarito” que acompañan las coplas de los adoradores del Nacimiento.

Pareciera que hubiesen recorrido muchas casas, pues se notan cansados. Terminan su adoración, y la abuela les invita el chocolate con buñuelos con un poco de miel. Los niños terminan su manjar y agradecen a la “Señora” y buscan otro hogar para adorar.

El Nacimiento es hermoso, no tiene luces, sólo los juguetes que se acomodaron como si fueran a una reunión en el centro, sobresalen las figuras de José y María, hechas de porcelana y con base de madera, sus atavíos de terciopelo y seda. Vestimenta realmente muy hermosa y los cabellos naturales. Las figuras son muy añejas.

Mi hermanito pregunta: “y el Niñito cuándo lo ponemos”, la abuela nos responde que el 25 a las doce, porque es el Nacimiento. Tendremos que esperar pacientemente que llegue el ansiado día. Sin embargo, seguimos contemplando.

La abuela nos dice, debemos ir a comprar juguetito para el Niño, la vieja tradición de regalar un juguete no se deja pasar ningún año y este año hay que ir al comercio local a buscar alguno que sea extraordinario y peculiar. Ya me olvidaba, las veces que la abuela nos hacía caminar a uno y otro lado buscando el “regalo perfecto” hasta encontrarlo y colocarlo en el Nacimiento y que será parte del Patrimonio del Niñito.

Intempestivamente, despertamos y nos damos cuenta que apenas pasaron unos años y lo anterior era parte de un sueño. El Nacimiento en algunos casos se redujo a un rincón pequeño a lado del árbol, sólo por cumplir con la tradición. Ya no hay chocolate y buñuelos, ahora sólo panetón de diferente estilo: con pasas, sin pasas, con chocolate o con juguete. Los adoradores ya no están en las calles, pareciera que menos nacimientos se arman en las casas y sólo hay árboles de plástico con luces, adornos y exagerados ornamentos.

Nos olvidamos del Niñito y ahora debemos salir al comercio a buscar el regalo perfecto, pero ya no para el Niñito, sino para los niños de la casa. La imagen de San Nicolás, inunda el ambiente, aunque el icono es completamente diferente a los orígenes del Patrono del Santoral Cristiano, deformado por el caricaturista norteamericano Thomas Nast casi a finales del siglo XIX, que se convierte en el nuevo ícono de la fiesta Navideña.

Muchas cosas cambiaron, y el recuerdo de la abuela sólo perdura en los hogares mientras se pueda mantener la tradición heredada, lo demás será simplemente ser parte de una fiesta que no es la nuestra, y ni siquiera sabemos cómo identificarnos con ella.

En casa, aguardaremos la Navidad, con el regalo para el Niñito, el Nacimiento, el Chocolate, esperando que algún día los Adoradores toquen la puerta y los recibamos como buen augurio al peregrino que solo quiere ver al Niño Dios en el añejo tiempo de Natividad de Nuestro Señor.

Pesebre navideño

 





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