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    ORURO, 02 DE JUNIO DE 2020

Recuerdos de un pesebre navideño en las minas

Nélida Ferrufino Luzcubir
Antropóloga
Especial para EL FULGOR.com
ORURO
22 de diciembre de 2019

timer 7 min. 29 seg.


Procesión de Navidad en las minas de Bolivia

La navidad en los campamentos de Siglo XX en Llallagua entre los años 1956- 1966, dista mucho de lo que actualmente se festeja, ya que en el campamento minero era una fecha muy festiva, llena de tradiciones y costumbres ancestrales, al recuerdo que tengo ya que para esa época tenía seis años y un poco más, para poder explicar de mejor manera esta costumbre, hablaremos acerca de: a) la forma de organización del pesebre, b) los preparativos para adorar al niño Jesús y c) la procesión que se desarrollaba en estas fechas.

Respecto a la forma de adoración del pesebre, hay que recordar que las abuelas nos enseñaban a sembrar pasto o cebada en grano en pequeñas latitas de sardinas o latitas de leche condensada para alegrar el pesebre del niño Jesús.

La ropa y el altar del niño, tenía que hacerlo una muchacha que le gustaba bordar o tejer incluyendo el tejido grossie, por ello la ropa del niño Jesús era de vistosos colores y muy delicada, la túnica bordada con encajes muy finos. Los detalles del altar del niño también tenían que ser de pura seda o en su caso desarrollado con flores de papel crepé. Aunque no se debe obviar que algunas familias más pudientes adornaban su nacimiento propio con hermosas rosas frescas. Los altares mineros son similares a los de la ciudad con toda la familia sagrada, los animalitos y juguetes del niño Jesús.  

Preparativos para adorar al niño Jesús

Por otro lado, respecto a la adoración al niño Jesús, nosotros en el campamento minero, todas las tardes y faltando una semana para la fiesta nos reuníamos para aprender a adorar al niño, éramos una treintena de niños varones y mujeres donde cada pareja agarrando un pañuelo blanco y bailando íbamos y veníamos frente al altar construido para esta ocasión. 

Para participar en este evento, había una familia que pasaba la fiesta (como cada año) esta familia hacia circular la invitación para la procesión. Mi abuelita Anselma era la más entusiasta en prepararnos teníamos que estar muy bien ataviadas como pastorcillas dada nuestra edad de entre 4 a 12 años.

Los varones llevaban camisa blanca, pantalón negro y las abarcas, las espaldas se cubrían con un vistoso aguayo pequeño con algún adorno de utensilio de plata o flores. En cambio, las niñas llevaban una blusa blanca, una pollerita elaborada de un aguayo, también cargábamos en un aguayo flores o una muñeca, sin olvidar nuestro sombrerito de lana de oveja, nuestra indumentaria se distinguía por cada grupo que participaba para este evento, pues la población de Llallagua y los diferentes campamentos mineros (como unos cuatro) competían en sobresalir en esta celebración al niño Jesús. Otros niños que no gustaban del baile de igual manera tenían que estar presentes en la fiesta del nacimiento del niño Jesús, sea cantando o de mirones, pero tenían que estar en el evento.

Pero la procesión no estaba completa si no se conseguía la cría de un burro, de una oveja, llama, ternera o chivo, la cual era adornada con un  aguayo pequeño con plata labrada  que cubría el lomo de alguna de estas mascotas a las cuales un niño llevaba sujeto de una soga.

Las familias que podían otorgarse una excentricidad hacían construir con un carpintero unos carritos de uno o más metros (carros similares a los de la marca INTER, LEYLAN, comunes en la mina), el trabajo del carpintero se mostraba en que la pequeña miniatura parecía de verdad. Estos camioncitos también eran forrados con vistosos aguayos con la misma platería con adornos de juguetes o adornado con flores o fruta, y llevados por los hijos de las familias que demostraban de esa manera su estatus, pero también su fe al redentor.

Campamento minero de  Siglo XX y la población de Llallagua, al fondo, se puede apreciar el cerro Llallagua

La procesión

Para este gran día (24 de diciembre) y por la mañana muy temprano, nos llevaban a la misa, para luego darnos unos exquisitos buñuelos con chocolate, los pasantes también niños lucían sus hermosos trajes engalanados como unos padrinos de fiesta, los nacimientos de la imagen del niño y sus papás lucían con alegría y devoción de los presentes.

Para la procesión y adoración del niño Jesús, en la tarde todos los niños nos reuníamos en el sector de las “cinco casas” denominada vulgarmente de esa manera puesto que esta intersección era el centro de dos caminos, uno que conducía a la población de Llallagua y el otro camino hacia los campamentos mineros.

En este sitio estaba construido un altar de cemento donde era depositado el nacimiento que recibiría el agasajo. Los pobladores se ubicaban a las faldas de la pequeña colina de la Salvadora hasta llegar a la Alcaldía de Llallagua lugar donde se levantaba también un hermoso altar. Todos esperaban expectantes a la procesión que se desarrollaría.

Los niños comenzábamos la procesión en el recorrido había bandas, pinkillos o canticos de los niños adoradores del niño que por costumbre avanzaban bailando, la coordinación previa daba sus frutos en algunos casos, con grupos bien organizados y en otros casos no, acompañaban a cada grupo de danzarines, las crías de ovejitas, llamitas o burritos, ataviadas con su precioso cargamento, la presencia de aquellas crías de animales nos alegraba para continuar bailando con más fuerza. Recuerdo que en una ocasión incluso llevaron un becerrito muy ataviado, y que todos los niños, queríamos tocar. Pero tampoco se quedaban atrás los carros LEYLAN en miniatura con sus cargamentos que eran parte de la atracción de esta procesión en honor al niño Jesús.

Ya en el altar redoblábamos los esfuerzos para bailar y adorar al niño Jesús, cuando cumplimos nuestra participación, cansados pero satisfechos, nos retirábamos y ahí recibíamos los turrones de maní (elaborados artesanalmente para esta época) que nos distribuían los pasantes de esta festividad, por otro lado nuestras abuelas o mamas nos deleitaban con los famosos buñuelos o api, el chocolate con bizcocho bañado con azúcar y coco rallado, como forma de pago por haber participado en la procesión, era realmente una fiesta  de cumpleaños, el cumpleaños de Jesús el hijo de Dios, donde todos los niños lo pasábamos bien.  

A no olvidar que, para estas fechas, La COMIBOL mediante la pulpería repartía juguetes a los hijos de los trabajadores, para luego descontar poco a poco del salario de nuestros papás, que en su gran mayoría trabajaban en la mina.

A manera de conclusión.

La reciprocidad y la fuerza y energías revitalizantes que se dinamizan en la antigua festividad del niño Jesús en la antigua Llallagua guarda peculiares similitudes con la adoración a la virgen en el carnaval de Oruro (los danzarines como representación de cohesión social, los cargamentos como representaciones simbólicas de riqueza y status) y demuestra que el niño Jesús es aceptado y es venerado bajo las mismas características simbólicas atribuida a su madre (protector, dador de beneficios), como en el caso del Carnaval de Oruro.

 









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