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    ORURO, 21 DE OCTUBRE DE 2020

CAPUZ CULTURAL

Oruro y la Batalla de Ayacucho

El 9 de diciembre de 1824, hace ciento noventa y cinco años atrás, celebramos la Batalla de Ayacucho, la misma que generó el fin del Virreinato del Perú y de alguna manera generó el proceso independentista de lo que se llamó en aquel tiempo el “Alto Perú” o de manera más precisa las Provincias de la Audiencia de Charcas.


Maurice Cazorla Murillo
EL FULGOR.com
ORURO
08 de diciembre de 2019

timer 6 min. 3 seg.




Retrato de la Batalla de Ayacucho

Si bien la guerra de Independencia, se piensa que se inició en 1809, con los levantamientos de Chuquisaca y La Paz el 25 de mayo y el 16 de julio respectivamente, estos hechos que por demás documentados no fueron “gritos libertarios”. En otras ediciones aclaramos que el proceso independentista se inicia en 1812, como consecuencia que el Rey Fernando VII anula la constitución de Cádiz que reconocía a todos los europeos nacidos en España y a los nativos de América como súbditos del reino español.

Esto generó reacciones que debemos reconocer, se fueron gestando mucho más antes, aunque documentalmente no lo podemos probar y, de repente nunca lo podríamos hacer, aunque la especulación nos permite pensar afirmativamente.

En ese periodo, la Audiencia de Charcas o llamada por los peruanos “Alto Perú”, se convierte en el motivo de disputa entre el Virreinato del Perú que se mantuvo absolutista hasta la batalla de Ayacucho y el Virreinato del Río de La Plata inicialmente y luego como la República Argentina.

Este último enviando ejércitos auxiliares para recuperar el territorio que consideraban parte del antiguo Virreinato por la disposición arbitraria de “anexar” al antiguo Virreinato del Perú, porque lo consideró parte de su territorio hasta la creación del Virreinato del Río de La Plata en 1775, lo que provocó un decaimiento económico del Perú y el surgimiento del comercio de la capital del nuevo Virreinato del Rio de La Plata; por ello ambos pugnaban por quedarse con las provincias más ricas de ese tiempo.

Sin embargo, la realidad estaba alejada de la opulencia y la riqueza. Estos enfrentamientos generaron saqueos, matanzas, quemas de estancias y pueblos, exacciones tributarias, merma en la población, sólo por encontrarse al medio de todo un conflicto que podríamos afirmar de carácter continental.

Luego del desastroso enfrentamiento en la batalla de Huaqui, pareciera que todo lo que se inició de los llamados en ese tiempo como “Patriotas”, no salió nada bien. Las sucesivas batallas de Vilcapugio, Ayohuma, Venta y Media, Sipe Sipe con derrotas para los ejércitos auxiliares argentinos, aunque también algunas victorias, pero libradas por las guerrillas que emergieron de las propias poblaciones del “Alto Perú”, particularmente en la región de Chuquisaca, los valles de Ayopaya e incluso el Altiplano.

Aunque debemos reconocer las grandes batallas realizada en este territorio como la Batalla de Suipacha o la Batalla de Cotagaita en los primeros años de este periodo de la Guerra de Independencia.

Fueron como dijimos, las guerrillas que mantuvieron en permanente asedio a las tropas leales al Rey, aunque debemos reconocer la lealtad al Virreinato del Perú.

Oruro acogió el Ejército del Libertador

El enfrentamiento en las calles de la Villa de Oruro el 16 de noviembre de 1811, dio inicio a la hegemonía del ejército del Rey de España; las poblaciones de la región del Altiplano se mantuvieron en sobrevivencia, pues al paso de uno y otro ejército debían entregar sus cosechas, su ganado, tributos extraordinarios y en muchos casos a los hombres para engrosar los ejércitos de uno y otro bando.

Oruro se constituye en el punto estratégico de la región, se manda a construir la famosa “Fortaleza” en los extramuros de la ciudad. El mantener un ejército de gran numero, permitía que los comandantes provean de los recursos esenciales de los valles y de la región, por ello, tenían el constante asedio de la cercada Ayopaya, aquel espacio geográfico donde vivió y escribió el mejor testimonio el famoso José Santos Vargas o “Tambor Vargas”.

Fue hasta la proximidad del ejército del libertador Bolívar que se encontraba en territorio del Virreinato del Perú, luego de librar batallas en el Norte desde Venezuela, que generó inestabilidad en la región. El miedo se apoderó de sus habitantes por los males que trae consigo el paso de un ejército, más aun si varios años, había sido el centro del ejército leal al Rey.

Sin embargo, el General realista Pedro Olañeta, tenía serias diferencias con el Virrey del Perú José de la Serna. Olañeta había sido opositor a las disposiciones emanadas del Virreinato, lo que ocasionó que el ejército español se fraccione, enviando el Virrey La Serna hacia Potosí a un contingente de 5.000 soldados para someter a Olañeta lo que provocó que ambas fuerzas se hayan diezmado luego de enfrentamientos en el territorio altoperuano.

El General Jerónimo Valdez que había ingresado a someter al ejército de Olañeta, recibió la orden de recorrer a marchas forzadas hacia el Perú para enfrentar al ejército colombiano dirigido por el General Antonio José de Sucre.

La batalla se realizó sin el apoyo y refuerzo del ejército de Olañeta, provocando la derrota del ejército realista y por ende el fin del Virreinato del Perú. Sin embargo, en el Alto Perú se mantenía Olañeta como amo y señor, a quien Bolívar le dirigió correspondencia colocándole el título de “Libertador”.

El único bastión leal al Rey se presentaba en esta región, y el último militar de alto grado Pedro Olañeta, sin embargo, poco después de que Sucre haya ingresado en febrero por el Desaguadero a la región, se produce la llamada batalla de Tumusla, donde su propio edecán Medinaceli lo traiciona y es asesinado en aquella acción el 1 de abril de 1825. Tarde llegaría su nombramiento de Virrey que no llegó a conocer.

Oruro acogió al ejército colombiano del Libertador como lo hizo por tantos años con el ejército español.

Pocos testimonios nos ofrecen de aquel periodo, pero nos permiten reconstruir poco a poco esta parte que en nuestra historia sigue siendo inesperada y además trágica para nuestra región.

 





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