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    ORURO, 16 DE SEPTIEMBRE DE 2019

CAPUZ CULTURAL

“¡Se nos quema la Chiquitanía!”

Maurice Cazorla Murillo
EL FULGOR.com
ORURO
25 de agosto de 2019

timer 4 min. 7 seg.


El fuego ha devastado la fauna y flora

Casi veinte días de fuego que corroe la vida silvestre y el espacio verde que tenemos en la Chiquitanía. Sólo imaginemos el pulmón de un adicto al cigarrillo, el órgano que recibe el oxígeno y que alimenta al organismo estará completamente invadido por ceniza; esta impresión de un pulmón enfermo nos hace pensar que la persona con este problema no tendrá una vida prolongada.

Eso mismo sucede en este momento con el Oriente de nuestro país. El chaqueo desmedido ocasionó tal vez uno de los mayores desastres naturales de la historia de Bolivia al convertir a la región del Roboré y la Chiquitanía en ceniza por la irresponsable mano del hombre.

Queremos entender porque se realiza el cuestionado “chaqueo”, normalmente se utiliza en los sectores de los Valles y el Oriente para limpiar sectores que se encuentran plantaciones y promover lugares de pastoreo para el ganado o nuevos cultivos de productos. La ceniza lograda por este efecto, aporta micronutrientes lo cual permite buenos resultados en la cosecha.

Sin embargo, no se entiende que a medida que esta práctica se masifica y se vuelve una repetida acción, la tierra se vuelve improductiva llevando a la erosión y la desertificación en pocos años. Esta práctica, se la realiza de manera ancestral, pero por supuesto no en grandes dimensiones, sino en sectores, aunque los avances de la tecnología agropecuaria permiten la introducción de la tecnología con mejores resultados y que podría sustituir a esta práctica irresponsable.

Uno de los riesgos más complicados es que el chaqueo salga de control, y en lugar de “limpiar” la tierra, provoque un incendio forestal. Eso es lo que ha sucedido con la Chiquitanía, el descontrol a partir de la irresponsabilidad y la manera desmedida de tener sectores de cultivo. No se mide las otras consecuencias, la cantidad de vida silvestre que debe moverse para huir del fuego y del humo llega a sectores urbanizados o buscan adaptación en otros espacios porque el hábitat fue completamente devastado.

No reflexionamos sobre esta realidad en el daño ecológico a nuestro sistema, tal vez los que vivimos en el altiplano no sentimos ese daño. Sin embargo, se queman totorales en el Lago Uru Uru y se genera preocupación por la elevada humareda que opaca el cielo. Sólo imaginemos lo que sucede en Roboré y en toda la Chiquitanía que, si bien no estamos familiarizados con aquella zona, es nuestro país, es parte de nuestro pulmón natural, es nuestra reserva de vida silvestre, y es nuestro órgano que oxigena nuestro ecosistema y que recién en doscientos años recuperaremos lo que perdimos en casi veinte días.

Fue impresionante apreciar el emblemático Turubó en San José de Chiquitos opacado por el humo producido por el incendio, que nos transportó a la época donde aún era vigente las fogatas de San Juan, en el cual la ciudad amanecía con humo como si fuera una densa neblina. Toda la región sumida en el incendio nos obliga a pensar que nunca más volverá a ser la misma.

Se prohibieron las mencionadas fogatas, pero no se hizo nada por los “chaqueos”, cuyos efectos en el Altiplano los sentimos cuando el humo sube a las alturas y tenemos que respirar un aire contaminado. Ese es el efecto de la limpieza para nuevos cultivos, aunque el cuestionamiento nos invita a saber si es por alimentos u otros productos que mezclados con elementos químicos se convierten en alucinógenos, por éste último solo estaríamos perdiendo como humanidad.

Desde Oruro nos solidarizamos con el Oriente, con la franja verde de nuestra bandera que arde ante la impotencia de los voluntarios que poco pueden lograr; admiramos a los propietarios de avionetas que adaptan sus máquinas para poder aplacar el fuego y utilizando la carretera para reabastecimiento. Todo ese esfuerzo es admirable.

No sólo es la Chiquitanía sino el Amazonas que también arte, aniquilando vida silvestre y los grandes espacios naturales que son su hábitat.

Cuando el hombre comprenda el daño que hace, será cuando falte agua para tomar. No habrá ley, ni estado que pueda revertir el daño que ahora hacemos.

Los chaqueos generan incendios incontrolables de gran magnitud

 





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